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Knock out

04/09/2017

 

 

Las cicatrices no duelen ya.

Pero, cómo dolieron las heridas.

 

Teresa F. Mardones, 1990

 

Imagen:  Ellen de Meijer, Que Sera Sera

Como a esa ciudad lejana

01/09/2017

 

… La vida no es reflejo
pero, ¿cual es su imagen?…”

CLAUDIO RODRÍGUEZ

 

Arrodillado sobre
tantos días perdidos
contemplo hoy mi trabajo como a esa
ciudad lejana, a campo
abierto.
Y tú me culpas de ello,
corazón, duro amo.
Que recuerde y olvide,
que aligere y que cante
para pasar el tiempo,
para perder el miedo

 

Aquellas
mañanas con su fuerte
luz de meseta, tan consoladora.
Aquellas niñas que iban al colegio
de ojos castaños casi todas ellas,
aún no lejos del sueño y ya muy cerca
de la alegría. Sí, y aquellos hombres
en los que confié, tan sólo ávidos
de municiones y de víveres…
A veces, sin embargo, en esas tierras
floreció la amistad. Y muchas veces
hasta el amor. Doy gracias.

 

Erguido sobre
tantos días alegres,
sigo la marcha. No podré habitarte,
ciudad cercana. Siempre seré huésped,
nunca vecino.

 

Sí, sí, la vieja historia.
Como en la vieja historia oí aquellas
palabras a alta noche

 

Oí que eran dolorosas las campanas
a las claras del alba.
Es hora muy tardía
mas quiero entrar en la ciudad. Y sigo.
Va a amanecer. ¿Dónde hallaré vivienda?

CLAUDIO RODRÍGUEZ, “Alianza y condena” – I 1965.

 

 

 

 

Analfabeto

31/08/2017

 

 

 

Analfabeto

Alcé la cara al cielo,
Inmensa piedra de gastadas letras:
Nada me revelaron las estrellas.

OCTAVIO PAZ

 

 

Vendajes

16/08/2017

 

 

Los vendajes en los libros nunca son resultado de la violencia, sino del cariño.

Más ajados, manoseados y reparados cuanto más queridos.

Medio ambiente, ciudades y futuro

07/06/2017

 

 

Sin un medio ambiente saludable, no podremos acabar con la pobreza ni fomentar la prosperidad. Todos tenemos una función en la protección de nuestro único hogar. Podemos utilizar menos plástico, manejar menos, desperdiciar menos alimentos y enseñarnos unos a otros a cuidarlo.

António Guterres, Secretario General de la ONU

 

El pasado día 5 de junio se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente.

Cada año, se organiza en torno a un tema y sirve para centrar la atención en una cuestión particular apremiante. El tema de este 2017 se centra en la conexión de las personas con la naturaleza, y nos anima a que salgamos al aire libre y nos adentremos en ella para apreciar su belleza y reflexionar acerca de que formamos parte de ella y de ella dependemos.

Lo que no se conoce no se aprecia, y los habitantes de las ciudades del siglo XXI hemos roto, desgraciadamente, nuestro vínculo con Gaia.

Según la teoría del científico Lovelock , Gaia -la diosa Tierra de los griegos- es un organismo vivo capaz de regular su temperatura y los procesos físico-químicos que en ella se producen. Si se siente agredida -caso de los gases de efecto invernadero- puede reaccionar de manera inconveniente para los humanos.

Hoy, sequías, huracanes, tsunamis, desastres ecológicos y desertización le han dado, por desgracia, la razón. La venganza de Gaia está en marcha y afecta siempre a los más débiles.

Fue un error que el ser humano dejara de adorar la Tierra para pensar en dioses remotos,

nos dice.

El desarrollo se ha convertido en una máquina de destrucción y la vida en el planeta está en peligro.

La economía capitalista beneficia a 1500 millones de personas y perjudica a 4500 millones de seres humanos. Una situación insostenible. Los países desarrollados producen millones de toneladas de residuos tóxicos que se vierten a ríos y mares. Escasea el agua potable y decenas de especies desaparecen cada día.

La Tierra es un organismo vivo que hemos heredado. Pero, como decía el historiador Toynbee:

Destruirla ya no es un privilegio de Dios.

Trump, personaje ególatra que se cree dios, y su decisión irresponsable de abandonar el Pacto de París, que daba algo de esperanza en la lucha por un Medio Ambiente más amable, parece decidido a hacerlo.

El presidente norteamericano hace que su país, el segundo más contaminador, abandone los compromisos para frenar el calentamiento global

Justifica su decisión “en el interés de la economía norteamericana” y dice que buscará reincorporarse a otro acuerdo que “tenga en cuenta a los norteamericanos”

El abandono de EEUU tendrá consecuencias en el intento por frenar las causas y efectos del cambio climático.

Miles de millones de habitantes de zonas rurales en todo el mundo pasan su jornada diaria en la naturaleza y dependen del suministro de agua natural y de que la naturaleza les suministre su modo de subsistencia gracias a la fertilidad del suelo. Estas personas son quienes sufren primero las amenazas que los ecosistemas afrontan, ya se trate de la contaminación, del cambio climático o de la sobreexplotación.

Amenazas que provocamos los urbanitas desconectados del medio y los dirigentes irresponsables que toman decisiones catastróficas para la mayoría.

La Agenda 2030 pretende paliar en lo posible los efectos del veloz cambio climático:

Objetivo 14. Conservar y utilizar sosteniblemente los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible

Objetivo 15. Proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.

Porque la verdad es que el desarrollo sostenible ha fracasado hasta ahora. En 2017 el naufragio del proyecto se ha hecho patente en el hecho de que ni un solo indicador socioecológico importante ha conocido mejora alguna tras 25 años de acción institucional impulsada bajo este marco. Al contrario: en términos globales, todos han empeorado.

Queda claro que el deterioro ecológico corre paralelo a  la indiferencia política.

En nuestro país, este 2017, el Gobierno Rajoy destinará a la lucha contra el cambio climático lo que cuesta un kilómetro de AVE.

El agua de nuestros ríos no alcanza en muchos puntos la calidad necesaria, debido a la falta de depuración. Contaminamos el agua por encima de nuestras posibilidades en un país árido con escasez hídrica. El 80% del agua va destinada a regadíos, y estos siguen aumentando, de forma legal o ilegal, a pesar de la creciente escasez de agua.

 Por no hablar del modelo energético. En el país del sol y el viento, las energías renovables sufren una marginación política sin parangón. En unos años se ha desmantelado por parte del Partido Popular un tejido industrial puntero que llevó a nuestro país a un liderazgo hoy desaparecido. Se prefiere apostar por mantener la dependencia de los hidrocarburos, con lo que conlleva en niveles de contaminación del aire y efectos perniciosos para nuestra salud.

Y se mantienen las centrales nucleares que van alcanzando la edad de los 40 años, y son por tanto, cada vez más peligrosas para la ciudadanía y para el medioambiente.

Las ciudades y sus habitantes también sufren el deterioro ecológico causado fundamentalmente por el absoluto dominio del vehículo privado en el  transporte. Según datos de Ecologistas en Acción, nueve de cada diez españoles viven en una zona donde los niveles de contaminación atmosférica son superiores a los que recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El cemento ha destruido los pulmones de las ciudades. Hemos aprendido urbanismo a golpe de corrupción y los inconscientes gobernantes anteriores a la crisis han permitido, al servicio de oscuros intereses, que todo valga en esta locura colectiva.

En nuestro país, parece que el vendaval de ladrillo y dinero fácil ha acabado con las ideologías y el sentido común. La política va detrás del dinero. Y en nuestras ciudades nadie se salvó en esa loca espiral que destruyó el territorio.

Se ha gobernado contra el medio ambiente y contra la ciudadanía. Se priorizan los espacios que generan negocio, se busca sólo la rentabilidad del suelo. El concepto de bienestar se ha mercantilizado. Se olvida que las personas dependemos de la naturaleza, que esta es finita y que está en verdadero riesgo para la humanidad.

La vida buena no es tener millones, sino agua potable, árboles y aire limpio. Crecer a costa de envenenar la vida es un suicidio muy poco inteligente.

No somos dueños de la naturaleza. Sólo gestores. Se la debemos al futuro. El enriquecimiento de unos pocos traerá la pobreza de muchos. El mal es ya irreversible en muchos casos. La herencia recibida es difícil de gestionar, como ocurre en la playa de Gandia.

Un mal urbanismo, afirma el paisajista Steinitz, además de problemas con el turismo puede generar problemas sociales que derivarán en más problemas económicos.

La ciudad es como un gran organismo viviente. Y su sostenibilidad involucra lo social, lo natural y lo económico. Las políticas municipales deben tener en cuenta los tres aspectos y su interrelacion.

Hay que volver a hacer de las ciudades un espacio civilizado y no simples lugares de paso de mercancías o personas.

Sólo existe ciudad cuando se dan juntas dos premisas: reunión de personas y espacio público. Sin el segundo, sólo hay urbanización, no ciudad. La reunión y contacto entre personas se realiza en el espacio público donde confluyen  democracia y política, afirma Elena Cabrera.

Colectivos de urbanistas reivindican la necesidad de planificar las ciudades priorizando las tareas de cuidado, asociadas a las mujeres, frente a la supremacía de la movilidad lineal, es decir, en camino del trabajo a casa.

También apuestan por fomentar las zonas de encuentro y de socialización y desterrar la concepción única de las ciudades como lugares de tránsito.

Para eso es necesario devolver el espacio de la ciudad a sus habitantes lo que no se logra fomentando el automóvil o invadiendo espacio público.

Es necesaria una gran coalición de fuerzas éticas y conciencia colectiva.

Los poderes públicos no van a tomar la iniciativa. Hay muchos intereses. Pero los ciudadanos son cada vez menos cómplices de estas agresiones.

Proponen un cambio de timón necesario que nos acostumbre a un nuevo modo de vida. Será difícil, pero no imposible. Nos ayudarán, además, las dificultades económicas que hemos provocado. Menos consumismo, menos productivismo, menos avaricia, más poder vivir, más humanidad, más trabajo manual, más creatividad, más reparto.

Más amigos en vez de más coches, decía un poeta.

Hemos dado la espalda a la naturaleza. Habría que reinventar la agricultura, que se ha hecho insostenible y ha eliminado a la vez calidad y mano de obra. Nos envenenan con pesticidas y nos roban oxígeno, espacio público y árboles.

El teólogo y ecologista brasileño Leonardo Boff fue sometido, en los 80 del siglo pasado, por el papa Juan Pablo II a un proceso inquisitorial y obligado al silencio. No ceedió y abandonó la orden franciscana para seguir diciendo la verdad sin imposiciones.

Y su verdad era la denuncia de que la misma lógica que explota a las personas abusa de la Tierra. Sólo una ecología social que supere la injusticia y evite la pobreza puede evitar la destrucción de la vida. La injusticia global provoca hambre y migraciones. El grito de la Tierra es el grito de los pobres. Nuestro desaforado consumismo mata su posibilidad de vida y desarrollo.

El reto es tan necesario como sugerente. Y el cambio deberá empezar desde abajo, porque gobernantes y empresarios no están por la labor. Prefieren remendar el viejo sistema roto. Lo cual puede resultar peligroso. Las costuras pueden saltar de nuevo y el frío lo sentirán siempre  los mismos.

La solución depende de todos nosotros.

Se trata de dejar a nuestros hijos un lugar habitable.

Se trata de respetar lo que recibimos porque se trata de la vida. Ni más ni menos, que de la supervivencia.

Se trata de poner a las personas por delante del crecimiento.

Se trata de proteger el futuro.

 

Imágenes: collages Danai Gkoni

 

Enmiendas

05/06/2017

 

 

No hay casualidades, hay encuentros.

No hay suerte, hay trabajo y constancia.

No hay perdedores, hay gente que abandona.

No hay vencedores, hay gente que lucha.

No hay muerte, hay vidas que terminan.

 

 

Imagen: Eka Sharashidze. Collage de fotografías de perfiles de transeúntes, a modo de pentagrama. Wall people, 2007/2008)

 

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