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Desgarro

06/04/2018

 

Cogió el alma y la deshizo en palabras torpes. Buscó en manos expertas apoyo y guía.

Pero el alma se impuso y dictó sus leyes.

Se expuso demasiado. Abrió ventanas que debieron permanecer cerradas.

El aire a veces hace daño.

 

Imagen: “Regard intérieur”, Anne-Marie Zilberman

De la venganza política al negocio. Bebés robados

15/02/2018

Antonio Vallejo-Nájera

 

Febrero
15

Otros niños robados

—El marxismo es la máxima forma de la patología mental —había sentenciado el coronel Antonio Vallejo Nájera, psiquiatra supremo en la España del generalísimo Francisco Franco.
Él había estudiado, en las cárceles, a las madres republicanas, y había comprobado que tenían “instintos criminales”.
Para defender la pureza de la raza ibérica, amenazada por la “degeneración marxista” y la “criminalidad materna”, miles de niños recién nacidos o de muy corta edad, hijos de padres republicanos, fueron secuestrados y arrojados a los brazos de las familias devotas de la cruz y de la espada.
¿Quiénes fueron esos niños? ¿Quiénes son, tantos años después?
No se sabe.
La dictadura franquista inventó documentos falsos, que les borraron las huellas, y dictó orden de olvidar: robó los niños y robó la memoria.

Eduardo Galeano, Los hijos de los días.

 

Después de la guerra, la represión fue brutal. Miles de personas fueron encarceladas e incluso se habilitaron conventos como prisiones. A ellas fueron a parar muchas mujeres.

La cárcel de Ventas, concebida como un edificio moderno por Victoria Kent, se convirtió en un lugar infame. Tomasa Cuevas lo describe como un gigantesco almacén de mujeres. Antonia García dice: “Sólo recuerdo la locura de mi primer día en la sala de prisión: un sitio para 500 personas albergaba a 11.000. Las mujeres se tiraban al suelo a la vez, no había más sitio”.

En los años 40 se abrió una prisión para madres lactantes en Madrid. Las presas pensaron que las condiciones mejorarían. Mercedes Núñez, presa política, dice en Mujeres caídas de Mirta Núñez: “Ninguna madre podía cuidar de su hijo. Los niños vivían separados en un patio aparte y ellas trabajaban en talleres más de diez horas diarias”. En Santurrán (País Vasco) las monjas mandaron salir a las presas al patio. Cuando volvieron, sus hijos habían desaparecido. Ya no existían, no habían sido inscritos en el registro de entrada.

El rapto se convirtió en ‘legal’ por la Orden de 30 de marzo de 1940 que da la patria potestad al Estado. En España durante el franquismo hubo una “expropiación” de niños. Ya que fue un robo avalado por leyes.

El coronel y médico Vallejo Nájera, formado en Alemania e ideólogo del régimen, afirmaba que era necesario “extirpar el gen marxista” y recomendaba el traslado de los niños a hospicios para “la eliminación de los factores ambientales que conducen a la degeneración”. Para ello, aplicó descargas eléctricas a los presos y otros experimentos. Se le conoce como el Mengele de Franco.

80 años después no se saben todos los datos. Los tiene la Iglesia en sus archivos y ninguna ley la obliga a abrirlos.

Cerca de 30.000 niños fueron robados y cambiados de identidad en las cárceles y hospitales españoles durante la guerra y la posguerra.

“La maternidad asignaba a mujeres y niños expósitos un número que iba cambiando para no seguirles la pista. Falsificaban las partidas, apellidos. Y todo tejido por monjas, curas, secretarios, alcaldes y hasta médicos que se forraban. Era un negocio”, afirma Mari Cruz Martínez.

Avanzada la dictadura el secuestro de bebés continúa. El boom del robo de niños y niñas se produjo entre los años 1976 y 1983. Ahí, la compra y venta de bebés se dispara. Todo valía. En esos años, el tráfico de bebés robados adquiere unas dimensiones enormes y aún no se sabe muy bien todavía por qué.  Se señala a la Iglesia como principal inductora.

El robo continuó hasta los años 90, en la democracia, pudiendo  haber llegado a una cifra de 300.000 niños.

Lo que comienza siendo una venganza política, acaba convirtiéndose en un lucrativo negocio, que se lleva a cabo hasta los años 90, bajo gobiernos “democráticos”.

Serían cuatro las generaciones afectadas: los que eran niños en el momento que acabó la Guerra Civil, los que nacieron en los años inmediatos a la posguerra, los que lo hicieron en los años cincuenta, y la herencia de la impunidad llegó a afectar a niños robados en plena democracia.

El Gobierno de Mariano Rajoy no sabe, no contesta, y los juzgados archivan las denuncias.

A raíz de la visita de información realizada en España del 22 al 23 de mayo de 2017, la Comisión de Peticiones del Parlamento Europeo ha elaborado una serie de 31 recomendaciones a las autoridades españolas en relación a la trama de bebés robados durante el franquismo.

La Comisión 

lamenta el abandono, la indefensión y la falta de investigación satisfactoria por parte de las autoridades públicas que los peticionarios, víctimas y asociaciones de víctimas afirman haber sufrido hasta ahora; pide a las autoridades españolas que se comprometan a entablar de manera oportuna un diálogo reforzado y continuado con los peticionarios y las asociaciones de afectados.

 

Vidas robadas

14/02/2018

 

 

 

Febrero
14
Niños robados

Los hijos de los enemigos fueron botín de guerra de la dictadura militar argentina, que robó más de quinientos niños en años recientes.
Pero muchos más niños robó, durante mucho más tiempo, la democracia australiana, con permiso de la ley y aplausos del público.
En el año 2008, el primer ministro de Australia, Kevin Rudd, pidió perdón a los indígenas, que habían sido despojados de sus hijos durante más de un siglo.
Las agencias estatales y las iglesias cristianas habían secuestrado a los niños y los habían distribuido entre las familias blancas, para salvarlos de la pobreza y de la delincuencia y para civilizarlos y alejarlos de las costumbres salvajes.
Para blanquear a los negros, decían.

Eduardo Galeano, Los hijos de los días

 

 

Cada año, Australia conmemora el Día Nacional del Perdón, en recuerdo de las decenas de miles de niños indígenas que, entre las décadas de 1890 y 1970, fueron retirados por la fuerza de sus hogares por el Estado y puestos al cuidado de familias o instituciones blancas para que se asimilaran a la sociedad de colonos.

El Día del Perdón, el 26 de mayo, se instituyó en 1998 tras la publicación en 1997 del informe Trayéndolos a casa, el resultado de la primera consulta nacional que recogió testimonios de niños y niñas indígenas “robados” y criticó las políticas racistas que permitieron la sistemática separación de sus familias.

A pesar de la disculpa, los activistas indígenas sostienen que el capítulo de las “generaciones robadas” no es un hecho aislado ni está cerrado.

 

La lúcida mirada de dos genios revolucionarios

12/02/2018

 

 

El pasado sábado se cumplieron 120 años del nacimiento de Bertolt Brecht (Augsburgo, 10 de febrero de 1898 – Berlín Este, 14 de agosto de 1956).

Comunista sin partido, fue perseguido por Hitler y se exilió a los países nórdicos donde alcanza su madurez y escribe sus mejores obras.

Una de sus obras menos conocidas es la que tiene como protagonista a un hombre peculiar, en parte  un alter ego del autor.

El señor Keuner, mezcla de rabino, pedagogo zen y diligente aforista bolchevique, creado por Bertolt Brecht, es una conciencia aguda, irónica y vigilante. Sus reflexiones son siempre estimulantes y no dejan nunca indiferente.  Brecht las fue escribiendo desde 1926 hasta su muerte. Y pretenden ser  un modelo de prosa cercano a las prosas didácticas. Su brevedad las acerca al aforismo y su profundidad a la filosofía.

Estas fábulas se publicaron en el libro  Historias del señor K. en 1930. Y en 1949 formaron parte de las Historias de Calendario. Recientemente, se encontró una carpeta olvidada por Brecht en Suiza y salieron a la luz quince nuevas andanzas de esta criatura astuta y cortés, que sólo palidecía cuando le decían que no había cambiado:

 

El reencuentro

Un conocido al que el señor K. no había visto desde hacía tiempo le saludó con estas palabras: – ¡Caramba, señor Keuner, no ha cambiado usted nada!  – ¡Oh! – exclamó éste palideciendo.

 

Partidario siempre del pensamiento libre y de la crítica constructiva:

 

Al señor Keuner se le va un alumno

Al señor Keuner se le fue un alumno. Le gustaba tratar con él: refutaba sus opiniones con mayor placer que las de cualquier otro. Sin embargo, el señor Keuner no estaba deprimido. “Era un buen alumno –decía–. ¡Uno de los mejores! Es una lástima que se haya ido, pero no es grave. Lo grave sería que ustedes dos se fueran –y señaló desinhibidamente a dos por los que no sentía demasiada estima–. ¡Ustedes no han aprendido nada!

Y también de la humildad y el reconocimiento de los errores. Siempre muy lejos del dogmatismo y la vanidad:

Elogio
Cuando el señor K. oyó decir que había recibido elogios de sus antiguos alumnos, dijo:
—Cuando los discípulos han echado al olvido hace ya tiempo los errores de su maestro, este aún los sigue recordando.

 

Enemigo del egocentrismo y de la falta de perspectiva en las relaciones humanas, contaminadas por el sentimentalismo:

 

El señor Keuner y la expresión

Al señor Keuner lo irritaba de tal forma cuando la gente se ocupaba de sí misma que llegó a proponer que se reprimiera en lo posible cualquier expresión de tristeza o de alegría, de modo que no se diera la impresión de que la persona en cuestión se ocupaba indecorosamente de sí misma. “¿Cómo podría contarle a cada uno la misma historia? ¿Cómo ser el mismo para todos?”, decía él. “No estoy triste o alegre para todo el mundo.”
Cuando estoy de acuerdo con las cosas –dijo el señor Keuner–, no es que entiendo a las cosas, es que las cosas me entienden a mí.

 

En el verano de 1941, Bertolt Brecht viajó en barco a California, asentándose en Santa Mónica, cerca de Hollywood. Allí intentó escribir para la industria de Hollywood, pero sus guiones no fueron aceptados por las grandes productoras cinematográficas.

En Estados Unidos organizó algunas representaciones teatrales, en la mayoría de los casos en escenarios de emigrantes, pero Brecht volvió a ser perseguido por sus ideas políticas.  El 30 de octubre de 1947 es interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas, y tuvo que escapar al día siguiente otra vez a Suiza, sin esperar el estreno de su drama La vida de Galileo en Nueva York. Como explicó con ironía el escritor al cineasta Erwin Leiser: “Cuando a uno lo acusan de querer robarse la Estatua de la Libertad, es hora de largarse”.

 

Patriotismo: odiar las patrias

El señor K. no consideraba necesario vivir en un país determinado. Decía:
-En cualquier parte puedo morirme de hambre.
Pero un día en que pasaba por una ciudad ocupada por el enemigo del país en que vivía, se topó con un oficial del enemigo, que le obligó a bajar de la acera. Tras hacer lo que se le ordenaba, el señor K. se dio cuenta de que estaba furioso con aquel hombre, y no sólo con aquel hombre, sino que lo estaba mucho más con el país al que pertenecía aquel hombre, hasta el punto que deseaba que un terremoto lo borrase de las superficie de la tierra. “¿Por qué razón -se preguntó el señor K.- me convertí por un instante en un nacionalista? Porque me topé con un nacionalista. Por eso es preciso extirpar la estupidez, pues vuelve estúpidos a quienes se cruzan con ella. “

Antidogmático furibundo, era consciente de que se aprende equivocándose:

Esfuerzo de los mejores

“¿En qué trabaja?”, le preguntaron al señor K. El señor K. respondió:  “Me está costando gran esfuerzo preparar mi próximo error.”

 

Brecht hizo siempre gala de antisentimentalismo, así como de su atención para con los pobres y su sufrimiento. A la vez que atacaba la falsa respetabilidad de los burgueses.

El famoso ‘efecto de distanciamiento’ creado por Brecht es un arma contra el romanticismo y el sentimentalismo. El arte como comprensión total y activa de la historia. Un estilo creativo que involucra la moral en la escritura, lejos de la subjetividad.

La crítica social, la compasión por los seres humanos y el consiguiente cambio de la sociedad debían desempeñar un papel esencial en la obra literaria.

 

 

Años antes del señor Keuner, Valle- Inclán ya había predicado el distanciamiento en el arte como único modo de juzgar sin condicionantes la realidad. Para demostrarlo, creó el Esperpento. Un teatro que supere el sentimiento para comprender sin interferencias que nublen el juicio: “Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos”, dice Valle por boca de don Estrafalario en Los cuernos de don Friolera.

 

Mirar al mundo desde un plano superior, y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete. Ésta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos. Quevedo tiene esta manera. Cervantes, también. A pesar de la grandeza de don Quijote, Cervantes se cree más cabal y más cuerdo que él, y jamás se emociona con él.
Esta manera es ya definitiva en Goya. Y esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos, el género literario que yo bautizo con el nombre de esperpentos.
El mundo de los esperpentos —explica uno de los personajes en Luces de bohemia— es como si los héroes antiguos se hubiesen deformado en los espejos cóncavos de la calle, con un transporte grotesco, pero rigurosamente geométrico.

“Hablando con Valle-Inclán de él y su obra”. Entrevista de Gregorio Martínez Sierra a Valle-Inclán publicada en el periódico ABC el 7 de diciembre de 1928.

 

Valle- Inclán anticipa lo que en la segunda mitad del siglo XX se ha llamado «teatro en libertad». Y sus esperpentos reflejan como ninguna otra obra teatral la tragedia de un país.

MAX: La tragedia nuestra no es tragedia.

DON LATINO: ¡Pues algo será!

MAX: El Esperpento.

[…]

MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

 

Valle-Inclán, Luces de bohemia, escena XII.

 

Revertir el hechizo

19/01/2018

Es necesario
revertir el hechizo.
Ese,
que borra a las mujeres
de los libros de historia,
de las esferas de poder,
de las antologías.
Ese,
que las encierra
entre cuatro paredes,
con solo
colocarles un anillo.
GUISELA LÓPEZ

Imagen: Chema Madoz
Guisela López. Escritora Guatemalteca. Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Especialista en Estudios de Género por la Universidad Nacional Autónoma de México y Fundación Guatemala. Participa actualmente en el proyecto de investigación regional “Identidad y utopía en la literatura de mujeres indígenas y afrocaribeñas de Centroamérica” de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, México, y en el proyecto “Historia de la poesía escrita por mujeres en México”, de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. Fundadora de la Colectiva de Mujeres en las Artes, Coordinadora del Seminario de Literatura Feminista y la Cátedra Alaíde Foppa en coordinación con el Centro de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias y Humanidades de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Despertar duele

06/01/2018

 

Aquí, aquí, estos zapatos diarios,
los de la ventana del seis de enero.

[…]

Y nos quitarán todo
menos estas botas de siete leguas.
Aquí, aquí bien calzadas
en nuestros sosos pies de paso corto.

CLAUDIO RODRÍGUEZ

(“Oda a la niñez” en Alianza y condena)

 

Cerró el cajón con rabia y miedo. Y sintió que toda su niñez quedaba atrás, encerrada en la ilusión de un sueño.

Habían sido días de ajetreo. Todos los años, por esas fechas, viajaban cargados de paquetes y maletas al pequeño pueblo donde nacieron sus padres y vivían sus abuelos.

Era Navidad y la familia se reunía como todos los años. Atrás quedaba la ciudad, el colegio, los libros y los horarios.

Volvían las luces del belén, la cuidadosa preparación del musgo fresco arrancado de la tierra helada, las pequeñas figuras que aumentaban cada año. El papel de plata que simulaba los ríos, los molinos, el castillo de Herodes, las lavanderas…

Y también las excursiones al monte con el padre para asar patatas, enfundados hasta las cejas en abrigos y bufandas. Las batallas de nieve, las manos y los pies helados y los largos paseos sin relojes ni obligaciones.

Pero, sobre todo, volvía la ilusión de los Reyes Magos.

No sabía explicarlo, pero toda la Navidad era un camino programado que encontraba su sentido la mañana del seis de enero.

Cada día, como un rito, en el desayuno, hacían avanzar las figuras de reyes y pajes en el camino al portal. Esperaban ansiosos su llegada y calculaban con mimo la distancia para no equivocarse y hacer coincidir la llegada con el seis de enero soñado.

El cinco de enero cenaban pronto y, a diferencia de los demás días, los niños se iban a dormir temprano, sin protestas. Dóciles e ilusionados.

Aun recuerda cómo cerraba fuerte los ojos para dormirse deprisa y cómo temía estar despierta y provocar con ello la huida de los pajes con sus regalos.

A veces, creyó ver sombras, oír ruidos… Pero apartó espantada la idea y se dijo que seguramente sólo era un sueño.

Ese año sentía en su interior una inquietud nueva. Había pedido un regalo largamente soñado y, por ello, casi inalcanzable en aquella familia numerosa. El padre siempre les recomendaba no ser demasiado ambiciosos en las peticiones para no enfadar a los Magos.

Sabía de rumores malintencionados de amigas que negaban la existencia de los Reyes Magos. Conversaciones en voz baja que los reducían a regalos de los padres. Pero se resistía a perder la magia igualitaria que ponía fronteras económicas a sus sueños. Tenía que haber una justicia poética que permitiera a todos cumplir sus deseos.

Aquel 2 de enero, entró en la habitación que servía de comedor en días importantes para leer a solas. Sin saber muy bien por qué empezó a rebuscar en los cajones. Siempre le había gustado encontrar sorpresas en su fondo. Abrió el cajón inferior del aparador y allí estaba. Leyó incrédula, una y mil veces las palabras que ponían nombre a su sueño y sus piernas temblaron. Apenas tuvo fuerzas para cerrarlo apresurada y sentarse nerviosa con el libro en las manos.

Cuando, la mañana del seis de enero abrió la caja envuelta en papel de regalo aún deseaba, firmemente,  encontrar algo diferente al regalo soñado que había encontrado hacía días en el cajón.

Pero las letras acusadoras destrozaron de un plumazo la última chispa de ilusión infantil.  Y también, la terca esperanza de no despertar todavía a la realidad adulta.

Esa mañana, al acercar como cada año al portal las figuras de los Magos, sintió una punzada de nostalgia. La punzada de cerrar la puerta de un mundo amable.

Era hora de entrar en un mundo nuevo. Un lugar desconocido en el que su único patrimonio era la ilusión de la infancia. Y a ella se aferró con fuerza.

 

Vuelve este destino de niñez que estalla

por todas partes: en la calle,

en esta voraz respiración del día,

en la mirada, en cada laboreo.

CLAUDIO RODRÍGUEZ

 

 

 

Descubrimiento

01/01/2018

 

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Se recompuso como cada mañana. Miró a su alrededor esperanzado.

Una ligera punzada le avisó demasiado tarde. Descubrió entonces que ya no había tiempo.

Su corazón estalló en mil pedazos.

El mundo, de repente, se le había quedado pequeño.

 

 

Imagen: Kafka, David Cerny (Praga)

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