Skip to content

El hombre que nunca dejó de soñar

16/04/2015

El pasado lunes, Eduardo Galeano emprendió su último viaje.

Nunca dejó de caminar con la vista puesta en el horizonte de la utopía porque para eso sirve el horizonte inalcanzable, para caminar.

No nos dejará nunca su voz lenta y cadenciosa. Y sus palabras, hermosas como pocas y llenas de tanta verdad, seguirán enseñándonos el camino de la justicia y de los Derechos Humanos que siempre fueron su meta y su guía.

Palabras incómodas para el poder, porque apuntaban a la verdad. Palabras llenas de poesía que caminaban a ras de suelo, con los pobres, los desprotegidos y los olvidados del mundo.

Siempre citaba los versos de Blas de Otero, también perseguido como él por la dictadura:

No dejan ver lo que escribo porque escribo lo que veo.

Veía más que los demás y sabía decirlo como nadie. Porque soñar es tener los pies en el suelo. Ser utópico es realizar lo imposible, y llamar a las cosas por su nombre es el camino verdadero.

Por eso denunció este mundo al revés en el que “el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mercado”. O en el que el “oportunismo” se llama “pragmatismo”.

En el que el código moral “no condena la injusticia sino el fracaso”. Un mundo en el que “quien no tiene no es”. Donde “la publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe”.

Su definición de este mundo cruel fue profética, como hemos comprobado en carne propia:

Se llama plan de ajuste a la ejecución de un país endeudado, cuando la tecnocracia internacional decide liquidarlo.

Siempre se rebeló contra el conformismo de los resignados. Contra el pensamiento único de los neoliberales:

Este mundo es igualador y desigual: igualador en las ideas y costumbres que impone y desigual en las oportunidades que brinda.

Y no hay justicia posible sin igualdad.

Su profunda humanidad le hacía rebelarse contra los abusos y denunciaba incansable la pobreza. Una pobreza que ya parece que ni nos indigna.

 Hasta hace veinte o treinta años, la pobreza era fruto de la injusticia. Lo denunciaba la izquierda, lo admitía el centro, rara vez lo negaba la derecha. Mucho han cambiado los tiempos, en tan poco tiempo: ahora la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece. La pobreza puede merecer lástima, en todo caso, pero ya no provoca indignación.

Porque el neoliberalismo nos ha aislado:

Nos entrena para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa. Nos reduce a la soledad y nos consuela con drogas químicas y amigos cibernéticos.

Hay seres humanos invisibles, olvidados y explotados a los que llamó certeramente “los nadies”.

Sueñan los nadies con salir de pobres (…) Los hijos de nadie, los dueños de nada. Que no son seres humanos sino recursos humanos. Que no tienen cara sino brazos. Que no tienen nombre sino número (…)

Porque nos han enseñado a ver como normal un mundo injusto

 El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo. En su escuela, son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación.

Pero Galeano se empeñó en volverlo del derecho. Porque “no hay desaliento que no busque su aliento, ni escuela que no encuentre su contraescuela”.

Y la prueba de que lo ha logrado es que estos días sus hermosas y sabias palabras han llenado las redes, los periódicos y las televisiones del mundo. Su voz ha resonado más fuerte que nunca y su enseñanza crece.

Porque él tuvo el acierto de añadir un nuevo artículo a la lista de los Derechos Humanos:

¿Qué tal si empezamos a ejercer el jamás proclamado derecho de soñar? ¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro mundo posible.

Y somos muchos los que estamos dispuestos a ejercerlo más allá de conformismo, la manipulación y el silencio.

Gracias y buen viaje, maestro.

 

   

Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

02/04/2015

La fe cristiana no es una ideología política ni puede ser identificada con ninguna de ellas. La Iglesia no patrocina ninguna forma ni ideología política. Si alguien utiliza su nombre para cubrir sus banderías, estará usurpándolo manifiestamente.

Estas palabras las pronunció el cardenal Tarancón, en la Iglesia de los Jerónimos, en noviembre del año 1975. Se proclamaba rey a Juan Carlos I.

Las he recordado estos días en los que parece que las autoridades de esta ciudad vuelven a caminar por la senda del nacionalcatolicismo.

Un estado de derecho no encaja con intentar nombrar a una Virgen alcaldesa ni con entregarle una vara de mando. Una ofensa a la democracia y también a la doctrina de quien dijo que su reino no era de este mundo y expulsó a los mercaderes del templo por comerciar en su casa.

Alguien debería aconsejar al alcalde de Gandia que lea el Evangelio y medite sobre él antes de ser exhibicionista de la fe. Hay que ir a las fuentes y conocer la doctrina antes de hablar de ella.

Pero parece que hay fieles que olvidan las pautas del maestro o quizá nunca lo han leído. Usan la religión sólo como un medio para lograr sus fines. Acusan de ignorancia a quienes no piensan como ellos y se sienten en posesión de una verdad revelada que parece que no conocen.

Ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Y se dan golpes de pecho sin saber que Cristo dudó de que precisamente esos entraran en su cielo. Lo más suave que los llamó fue sepulcros blanqueados.

La fe no se exhibe. Es patrimonio del alma, como decía Calderón del honor. Y sólo es palabrería hueca si no va acompañada de hechos que la justifiquen.

Tener fe no es pertenecer a una cofradía, ni recorrer las calles en una procesión. Sino cumplir los mandamientos.

Y el evangelio pide que no sepa la mano derecha lo que hace la izquierda. No predicar a los cuatro vientos, con reportaje gráfico incluido, las limosnas que el alcalde hace, con nuestro dinero y a su completo capricho, sólo a los que él considera dignos.

Porque hacer caridad humilla al necesitado. Promover la justicia social lo dignifica.

La beneficencia no puede nunca suplir a la justicia.

No es tener fe, tampoco, acusar al migrante de delincuente, sembrar la sospecha gratuita, discriminar por razón de origen.

Y vuelvo a recordar  las palabras del cardenal Tarancón:

La Iglesia exigirá a las autoridades que estén al servicio de la comunidad entera, que protejan la libertad de todos y la decisión común en los problemas de gobierno. Especialmente cuando se trata de promover los derechos humanos, fortalecer las libertades.

Como no podía ser de otro modo, derechos humanos, justicia igualitaria y valores verdaderos coinciden.

No son religiosos aquellos que exhiben su fe como un arma y la religión como una guerra  contra el infiel. Y no pienso sólo en los fanáticos de ISIS.

No lo son los que condenan al que piensa diferente, los que infringen las leyes, los que insultan, los que desprecian otras ideologías, los que mienten para lograr sus fines.

No se presume de ser católico, se cumple con los preceptos y se acepta humildemente que nadie puede alardear de perfección. Ni Cristo lo hizo. Y el papa Francisco lo ha recordado.

Esta semana puede ser un buen momento para que el alcalde repase los diez mandamientos, los preceptos evangélicos y las palabras del cardenal Tarancón.

Su fe se fortalecería, su conciencia también y quizá encontrara el modo de entender que la religión forma parte de la vida privada y que no se exhibe.

Mucho más él que siempre acusa a los demás de no respetar su privacidad.

Imagen 1: Mihaly Attila Kazsuba

Imagen 2: Fernando Almena

Imagen 3: Chema Madoz

Primavera de resistencia y esperanza

26/03/2015

 

El pasado sábado empezó la primavera. Una primavera de esquinas rotas que es difícil sentir sin que duela. No es fácil mantener viva la esperanza en un mundo dominado por poderes oscuros y profundamente injusto.

El mismo sábado se celebró el Día Mundial de la Poesía. Quizá como aviso a navegantes de que nadie, ni reduciéndola a escombros, nos podrá robar la esperanza.

Porque la poesía explica la vida. No da respuestas, ni es dogmática. Enseña a amar las preguntas y nos hace tolerantes. Enseña a ver las contrariedades como un aprendizaje. A no identificar éxito y felicidad. A aceptar el fracaso. A amar lo que nos falta sin odiar al que lo posee. A no estar de vuelta de todo sin haber ido a ninguna parte. A ser humanos en suma.

Y el ser humano sólo sobrevive en la esperanza. Esa que pretenden quitarnos en nombre del miedo paralizante. La que nos niegan los profetas de la catástrofe que sólo pretenden nuestro silencio. Por eso la poesía está sirve como arma cargada de futuro. Sirve para defender la alegría como una trinchera. Para calentarnos la vida ahora que se nos ha quedado corto el  abrigo de invierno.

Decía Bertolt Brecht y repetía la mano izquierda de Dios, el añorado José Saramago, que

el arte no es un espejo para reflejar la realidad sino un martillo para darle forma.

Y esa forma es la de un pequeño pueblo en lucha contra la soledad egoísta y contra la intolerancia de cualquier autócrata. Contra las mentiras clamorosas y contra las verdades a medias.

La esperanza consiste en resistir, porque nos están poniendo a prueba. Tenemos que reaprender a ser audaces. Volver a nombrar la realidad sin trampas. Que no nos ensucien las palabras, que no les quiten su sabor porque nosotros sabemos su sentido. Que no las conviertan en arma para justificar sus hechos. Que no le pongan color a la esperanza. Que no nos impongan su falsa verdad amañada.

Porque la libertad no se hace de privilegios sino de obligaciones. Deberes con la solidaridad, la justicia y la responsabilidad.

Solidaridad para resistir la corriente de xenofobia que se extiende como una peste pegajosa a medida que se acerca la campaña electoral. Responsabilidad para denunciar y rechazar tanta demagogia indecente que culpa a la migración de nuestros males. Para aceptar la diferencia como una riqueza. Porque los demás son la única pista que tenemos para conocernos. Y encerrarnos en nuestra insignificancia sólo nos empobrece.

La ONU declaró también el 21 de marzo Día contra el racismo y la xenofobia. La justicia exige que todos los seres humanos sean iguales y que nadie, ni en nombre de nada pueda negarlo.

Por eso hay que exigir el cierre de más de 400 páginas racistas que existen en internet. Es necesario prohibir actos que defiendan la xenofobia, porque los intolerantes parecen impunes.

En la Comunidad Valenciana proliferaron en 2014 las atenciones a víctimas de delitos de odio y discriminación. Movimiento contra la Intolerancia alerta de la subida  en un 44% de los delitos de odio. Fundamentalmente en el mundo virtual.

Rechazar, también, la política xenófoba e ilegal de empadronamiento del alcalde de Gandia que ya

investiga la Fiscalía.

Parece que las recomendaciones del Defensor del Pueblo y el Síndic de Greuges no le han afectado en

absoluto.

Es miserable relacionar al migrante con la delincuencia. Nadie es criminal por su origen.

Y vulnerar la ley y los derechos humanos no puede salir gratis en un Estado de derecho.

No podemos resignarnos. Sería una cobardía, una traición a la primavera que vuelve pertinaz tras cada invierno. Una estación que nos enseña que el milagro es posible siempre. Sólo hay que  desearlo y, sobre todo, trabajar por él.

Gracias, Poesía

21/03/2015

 

 

El Día Mundial de la Poesía, fue establecido por la UNESCO en noviembre de 1999, para ser celebrado el 21 de marzo (equinoccio de primavera) de cada año.

El siguiente comunicado avaló su conmemoración:

Es evidente que una acción mundial a favor de la poesía daría un reconocimiento y un impulso nuevo a los movimientos poéticos nacionales, regionales e internacionales. Esta acción debería tener como objetivo principal sostener la diversidad de los idiomas a través de la expresión poética y dar a los que están amenazados la posibilidad de expresarse en sus comunidades respectivas.

 

 

Cerca de cincuenta años
caminando
contigo, Poesía.
Al principio
me enredabas los pies
y caía de bruces
sobre la tierra oscura
o enterraba los ojos
en la charca
para ver las estrellas.
Más tarde te ceñiste
a mí con los dos brazos de la amante
y subiste
en mi sangre
como una enredadera.
Luego
te convertiste
en copa. Hermoso
fue
ir derramándote sin consumirte,
ir entregando tu agua inagotable,
ir viendo que una gota
caída sobre un corazón quemado
y desde sus cenizas revivía.
Pero no me bastó tampoco.
Tanto anduve contigo
que te perdí el respeto.
Dejé de verte como
náyade vaporosa
te puse a trabajar de lavandera,
a vender pan en las panaderías,
a hilar con las sencillas tejedoras,
a golpear hierros en la metalurgia.
Y seguiste conmigo
andando por el mundo,
pero tú ya no eras
la florida
estatua de mi infancia.
Hablabas
ahora
con voz férrea.
Tus manos
fueron duras como piedras.
Tu corazón
fue un abundante
manantial de campanas,
elaboraste pan a manos llenas,
me ayudaste a no caer de bruces,
me buscaste
compañía,
no una mujer,
no un hombre,
sino miles, millones.
Juntos, Poesía,
fuimos
al combate, a la huelga,
al desfile, a los puertos,
a la mina,
y me reí cuando saliste
con la frente manchada de carbón
o coronada de aserrrín fragante
de los aserraderos.
Y no dormíamos en los caminos.
Nos esperaban grupos
de obreros con camisas
recién lavadas y banderas rojas. Y tú, Poesía,
antes tan desdichadamente tímida,
a la cabeza
fuiste
y todos
se acostumbraron a tu vestidura
de estrella cotidiana,
porque aunque algún relámpago delató tu familia
cumpliste tu tarea,
tu paso entre los pasos de los hombres.
Yo te pedí que fueras
utilitaria y útil,
como metal o harina,
dispuesta a ser arado,
herramienta,
pan y vino,
dispuesta, Poesía,
a luchar cuerpo a cuerpo
y a caer desangrándote.Y ahora,
Poesía,
gracias, esposa,
hermana o madre
o novia,
gracias, ola marina,
azahar y bandera,
motor de música,
largo pétalo de oro,
campana submarina,
granero
inextinguible,
gracias,
tierra de cada uno
de mis días,
vapor celeste y sangre
de mis años,
porque me acompañaste
desde la más enrarecida altura
hasta la simple mesa
de los pobres,
porque pusiste en mi alma
sabor ferruginoso
y fuego frío,
porque me levantaste
hasta la altura insigne
de los hombres comunes,
Poesía,
porque contigo
mientras me fui gastando
tú continuaste
desarrollando tu frescura firme,
tu ímpetu cristalino,
como si el tiempo
que poco a poco me convierte en tierra
fuera a dejar corriendo eternamente
las aguas de mi canto.

PABLO NERUDA (Ricardo Reyes), Oda a la poesía
Gracias, Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, por habernos dado tanto con tus poemas. Por haber creado en Pablo Neruda.
Por haberte salvado con tus versos de ser convertido en tierra para dejar correr eternamente las aguas de tu canto.

Decía Cernuda, el poeta solitario y sufriente, que

escribimos por miedo de irnos solos a la sombra del tiempo,

y que la poesía es

el poder mágico que consuela de la vida.

Todos los que escriben poemas buscan abrir la puerta del Imposible que es la Poesía con mayúscula.

Si un día, esas palabras llegan a un lector cualquiera y el acorde de su alma coincide con la del poeta, se produce el milagro: anhelos y deseos nunca expresados encuentran cauce, y atravesamos el límite que tantas veces quisimos traspasar.

El poeta pone voz a nuestros sueños y nos lo da todo sin pedir nada a cambio. Nos enseña nada menos que a leer en el libro de la vida.

El mundo real, el cotidiano, es uno y aparentemente uniforme, pero esconde significados ocultos, vírgenes, que sólo los poetas saben ver.

En su generosidad nos los brindan sin pedir nada a cambio. Gratuitamente, nos ofrecen su alma que se asoma entre palabras en sus poemas.

La Poesía no hace nada y lo hace todo.

Porque es gratuita, es arte; porque no busca nada, abre la puerta a todo: al infinito. Porque no hace nada, nos hace más libres, más personas y más sabios: nos re-hace.

Gracias, Poesía. Porque me acompañaste siempre.

Gracias, poetas. Por todo lo que me lo habéis enseñado.

Ya lo decía Fernando Pessoa:

 

No el placer, no la gloria, no el poder: la libertad, únicamente la libertad.

 

Patriarcado contra igualdad

05/03/2015

 

 

Si hubiera que elegir una palabra para describir hoy la igualdad entre hombres y mujeres sería “espejismo”.

Nadie niega que hemos conseguido la igualdad legal, pero estamos muy lejos de la igualdad real. Fundamentalmente, en dos esferas: el ámbito privado y los puestos de responsabilidad.

Respecto a la primera, la mujer liberada sólo lo es de puertas afuera. Duplica su trabajo, dentro y fuera de casa, se culpabiliza, obligada socialmente a ser una supermujer, y se siente dividida y agobiada.

Vive el malestar de ser persona en lo público y mujer en lo privado. De tener que viajar de una a otra sin descanso. La ambición, que se considera virtud positiva en los hombres, la mujer la siente muchas veces como egoísta y aborda su vida con una mezcla de esperanza y decepción.

Respecto a la segunda, no es una anécdota que la mujer deba decidir, de modo excluyente, entre lo público y lo privado. Que deba renunciar a carreras profesionales por ello y que casi nunca ocurra eso en el caso de los hombres. Cada vez más, mujeres agobiadas abandonan sus tareas públicas. Un 70% prefiere readaptarse a ascender en sus trabajos. El hombre prescinde de lo privado cuando le estorba.

Funciona a la perfección una jerarquía de género asimilada por todos, hombres y mujeres.

La dominación masculina, que sólo es educacional, se considera algo natural perpetuado por la familia, la escuela y la sociedad entera empapada de estereotipos.

El patriarcado teje en torno a la mujer una red espesa de machismo invisible, pegajoso y denso que ahoga, de modo sutil, el avance de derechos femeninos.

Poderes religiosos y políticos, imponen hoy corrientes patriarcales y dictatoriales. El machismo se mueve como pez en el agua en las dictaduras. Recordemos el franquismo.

Los años de gobierno del Partido Popular constituyen un ejemplo relevante para entender el duro ajuste ideológico de los derechos femeninos. Disfrazada de economía de crisis y de recortes, se impone una calculada vuelta de las mujeres al hogar. De donde nunca debieran haber salido, según los neocon.

La liquidación del Estado de Bienestar perjudicará gravemente a las mujeres. La violencia contra ellas también se ejerce desde el poder, y las leyes actuales vuelven a fomentar la desigualdad.

Se acaba con la ley de Dependencia y con la teleasistencia, se cierran centros de enfermos mentales, no se paga a  residencias de ancianos, se considera que la educación infantil no debe ser pública, como afirmó el alcalde de Gandia cuando decidió privatizarlas.

Las mujeres, un 98% son cuidadoras, soportarán otra vez sobre sus hombros la atención de niños, enfermos y ancianos. Deberán volver al trabajo durísimo y no remunerado, que siempre ha sostenido este sistema. Volverán a ser esclavas de la familia. La institución menos democrática que existe. Volverán al silencio y dejarán sitio libre a los hombres. Si acaso ocuparán puestos de segunda. Hay ya en este país un 80% de mujeres  trabajadoras pobres. Y un informe reciente de Cruz Roja señala que la pobreza tiene rostro de mujer.

Dos problemas solucionados a costa de las mujeres: paro y Servicios Sociales. La mujer hará el trabajo duro sin ser remunerada.

El patriarcado nos quiere en casa. Calladas, esclavas y sin autonomía económica. Sin dinero y sin vida propia… Dedicadas al cuidado gratuito.

De nosotras depende que no lo consigan. No podemos consentir que se pierdan los avances conseguidos y que no se nos trate como personas de pleno derecho que somos.

Basta ya de aceptar actitudes machistas cotidianas, como las del alcalde de Gandia con las mujeres.

De nada vale que el primer edil presida, tras una pancarta, jornadas puntuales por la igualdad cuando, de modo habitual, falta al respeto a la mujer en declaraciones públicas y en debates como el que tuvo lugar el viernes pasado.

Nunca he escuchado al alcalde aludir a concejales varones por su nombre de pila como sí hace con las mujeres. Ni declararles su afecto.

Obras son amores y no buenas razones. El cariño, el paternalismo y el machismo sobran. Falta mucho respeto y creerse la igualdad.

Es una pena que el señor alcalde no esté preparado para la igualdad y para la tolerancia.

 

 

 Imagen 2: pintura de Perla Fuertes

El futuro empieza en la educación

26/02/2015

 

Estos días convulsos pienso en Mario Benedetti y en su lúcida visión de la injusticia. En sus versos dice que el futuro hay que construirlo

…a pesar de los ruines del pasado y de los granujas del presente.

Estos granujas neoconservadores han aprovechado la crisis para acabar con los servicios públicos, en la educación, en la sanidad, en la dependencia…

De todas las pérdidas, la educación será la más difícil de recuperar. Empezaban a verse frutos y habrá que volver a comenzar en peores condiciones.

Generaciones enteras se verán afectadas.

Porque ese rescate que  negó Rajoy, en el Debate del Estado de la Nación, sí existió. El presidente volvió a mentir en sede parlamentaria. Miles de millones de euros llegaron de Europa para salvar sólo a los bancos. A cambio, Bruselas exigió 32 condiciones de hierro cuyo cumplimiento estricto vigiló la siniestra troika.

rescateeufemismos

Y se tradujeron en recortes e imposiciones, educativas entre otras muchas.

Ocho mil millones de euros se ha recortado ya en Educación, en los cuatro años de gobierno Rajoy. La inversión pública escolar se ha reducido un 16,7% en cuatro años.

Acoso y derribo primero de la escuela y ahora de la universidad pública. Presupuestos que se desvían a la concertada, recortes de profesorado, aumento de alumnos por aula, desaparición de escuelas rurales.

La fe ultraliberal ha arrinconado, además, las humanidades y los saberes críticos. Es más rentable para ellos producir consumidores que formar ciudadanos.

Han cambiado pensamiento por aleccionamiento. Razonamiento por competencias y habilidades. El “atrévete a pensar” kantiano por un tramposo “atrévete a emprender” sin medios y abocado al fracaso.

El poder sabe bien que esta situación de injusta desigualdad creciente que vivimos es insostenible.

No quiere, pues, ciudadanos educados en el pensamiento libre que podrían rebelarse ante la exclusión. Quiere súbditos acríticos y sumisos, cegados por señuelos engañosos que calmen su desazón. Maquinas de trabajar para  luego consumir.

No le conviene formar seres dueños de su propia vida. Personas que aprendan a caminar en libertad, sin corsés economicistas o religiosos.

Por eso atacan la educación de todos. La escuela pública capaz de limar desigualdades y cuyo único ideario es la Constitución común y los Derechos Humanos.

Sin una escuela pública fuerte, la democracia flaquea. Pero quizá quieren minarla desde dentro. Esta carga de profundidad es muy fuerte. Algo parecido a un “golpe de estado” educativo.

Pero aún hay un profesorado heroico que supera recortes, aplica soluciones imaginativas a programas delirantes. Hace de la necesidad virtud y aborda asignaturas afines con entusiasmo.

Y, sobre todo y lo más importante, tiene el coraje de educar para la libertad. De enseñar a pensar, no a obedecer. De enseñar a exigir justicia, no a conformarse.

Y también hay alumnos que sobreviven con dignidad al naufragio.Que preguntan, protestan y estudian con ilusión y con ganas. Que saben que les queda construir su futuro contra los que se lo niegan.

Decía Giner de los Ríos que

la regeneración democrática de la sociedad sólo puede venir de la educación.

Confío plenamente en una juventud formada que planta cara a este despropósito y en un profesorado comprometido, como el que salió el sábado pasado a la calle, que sabe que hay mucho en juego.

No podemos resignarnos a ser un país fallido.

Es necesaria una mayor implicación del profesorado para hacer de cada centro educativo un pequeño núcleo de saber y pensamiento libre.

Es la hora de hacer realidad el sueño de la Institución Libre de Enseñanza y del maestro Giner. Aquel que, como decía Antonio Machado,

soñaba un nuevo florecer de España.

Súbditos que dejen paso a ciudadanos. Hombres y mujeres, en igualdad de condiciones, que no piden cosas, que las hacen.

 Imagen 1: Libro espejo.Fotografía de Chema Madoz

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 49 seguidores