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La ciudad del alma

13/11/2017

 

 

Todos llevamos una ciudad dentro,
ciudad que nos alienta y nos acusa,
La ciudad del alma.
Calles, sonidos de campanas y de pasos,
y la luz,
sobre todo el aire,
el temple del Duero,
las piedras que nos fecundan.
Ahí en cada puerta oigo,
el baile de las avellanas,
de Vigo de Sanabria,
y el ábside de la contemplación,
y las esquinas,
y la lágrima eterna del parteluz,
de Santiago del Burgo.

 

Claudio Rodríguez (Poema a Zamora)

 

Adoctrinamientos

30/10/2017

 

 

Madre, no me mandes más a coger miedo
y frío ante un pupitre con estampas. 

BLAS DE OTERO

 

Mis maestros

Aquellos hombres
predicaban miedo.
Miedo convulso
en la lección diaria;
oscuro miedo
por los corredores
entre esperma y latín
en la espantosa
composición exacta
de lugar: un niño
solo; mentido
y solo; amordazado
y frío buceando
en el pozo:
arriba; arriba;
sin aire casi;
arriba; más aún
hasta alcanzar
el borde de la vida.

José Agustín Goytisolo

De: Claridad 1961 – 1968 – I “El ayer”

 

 

Y tú me preguntaste,
¿qué hay en el centro de la tierra?
¿Hay casas diminutas rodeadas de fuego
donde arden los niños no obedientes,
traviesos en la escuela?

Seis años, dulces, seis años dulces,
poblados ya de pútrida enseñanza.

Alfonso Costafreda

De Suicidios y otras muertes –  1974

 

Aquellos hombres me abrasaron, hablo
del hielo aquel de luto atormentado,
la derrota del niño y su caligrafía
triste, trémula flor desfigurada.

Blas de Otero

De “Biotz-Begietan”, en Pido la paz y la palabra, 1955.

 

El mandar los niños a los jesuitas debió de ser para muchas familias burguesas e incluso de la menestralía uno de los ritos expiatorios con los que inconscientemente pretendían saldar la culpa colectiva. muchas familias, por otra parte,  debieron de pensar que la tradicional disciplina de los educadores ignacianos volvería a la razón a sus crías maleducadas, disipadas en el libertinaje de los años de guerra.

Carlos Barral

De “La calle redimidaen Años de penitencia, 1990

 

 

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!

25/10/2017

 

La muerte espera siempre entre los años

como un árbol secreto que ensombrece

de pronto la blancura de un sendero

y vamos caminando y nos sorprende.

José Luis Hidalgo

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra! Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte? ¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente. Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.

JAIME SABINES

 

 

Knock out

04/09/2017

 

 

Las cicatrices no duelen ya.

Pero, cómo dolieron las heridas.

 

Teresa F. Mardones, 1990

 

Imagen:  Ellen de Meijer, Que Sera Sera

Como a esa ciudad lejana

01/09/2017

 

… La vida no es reflejo
pero, ¿cual es su imagen?…”

CLAUDIO RODRÍGUEZ

 

Arrodillado sobre
tantos días perdidos
contemplo hoy mi trabajo como a esa
ciudad lejana, a campo
abierto.
Y tú me culpas de ello,
corazón, duro amo.
Que recuerde y olvide,
que aligere y que cante
para pasar el tiempo,
para perder el miedo

 

Aquellas
mañanas con su fuerte
luz de meseta, tan consoladora.
Aquellas niñas que iban al colegio
de ojos castaños casi todas ellas,
aún no lejos del sueño y ya muy cerca
de la alegría. Sí, y aquellos hombres
en los que confié, tan sólo ávidos
de municiones y de víveres…
A veces, sin embargo, en esas tierras
floreció la amistad. Y muchas veces
hasta el amor. Doy gracias.

 

Erguido sobre
tantos días alegres,
sigo la marcha. No podré habitarte,
ciudad cercana. Siempre seré huésped,
nunca vecino.

 

Sí, sí, la vieja historia.
Como en la vieja historia oí aquellas
palabras a alta noche

 

Oí que eran dolorosas las campanas
a las claras del alba.
Es hora muy tardía
mas quiero entrar en la ciudad. Y sigo.
Va a amanecer. ¿Dónde hallaré vivienda?

CLAUDIO RODRÍGUEZ, “Alianza y condena” – I 1965.

 

 

 

 

Analfabeto

31/08/2017

 

 

 

Analfabeto

Alcé la cara al cielo,
Inmensa piedra de gastadas letras:
Nada me revelaron las estrellas.

OCTAVIO PAZ

 

 

Vendajes

16/08/2017

 

 

Los vendajes en los libros nunca son resultado de la violencia, sino del cariño.

Más ajados, manoseados y reparados cuanto más queridos.

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