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Un embudo por el que huyó el futuro

18/04/2019

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En un hermoso y estremecedor artículo titulado Francisca Aguirre ya está en Ítaca, el escritor Miguel Ángel Ortega Lucas transcribe este duro relato:

…Llegaron hasta un salón de proporciones intimidatorias, en donde les ordenaron aguardar en silencio; se miraron unas a otras pidiéndose socorro con los ojos y, de pronto, Margarita, Susy y Paquita, de siete, nueve y once años, vieron a Carmencita, hija del hombre todopoderoso, a unos tres pasos de distancia. Francisca Aguirre le recitó a aquella adolescente la felicitación por su onomástica y le entregó el ramo de flores, y entonces la hija del hombre todopoderoso vio con perplejidad cómo aquellas tres niñas se hincaban de rodillas ante ella y oyó cómo la mayor, arrodillada y mirándola fijamente a los ojos, le rogaba que transmitiese a su papá la súplica de cambiarle a Lorenzo Aguirre la condena de muerte por la de cadena perpetua. 

Esa escena ocurrió el 16 de julio de 1942, festividad de la Virgen del Carmen, nos dice.

La escena transcrita al comienzo la recordaba su compañero de vida Félix Grande –en la inolvidable La balada del abuelo Palancas–: aquel día de verano en que Jesusa Aguirre, hermana del pintor, “mujerona resuelta, pudiente y de derechas”, alquiló un Rolls Royce y se plantó en el palacio de El Pardo, con sus tres sobrinas y la excusa de hacer una ofrenda a la hija del dictador Francisco Franco, para que la mayor de ellas terminara pidiendo de rodillas a Carmencita que su papá de ella le perdonase la vida al suyo.

De rodillas. “Pidiéndose”, las tres hermanas, “socorro con los ojos”.

“En la mañana del seis de octubre” de aquel 1942, dos monjas informaron a las pequeñas Susy y Paquita, en el colegio para hijas de presos políticos en que las internaron, “mientras las peinaban”, de que iban a llevarlas a la capilla: “para que rezaran por el alma de su padre a fin de liberarlo de la eternidad del Infierno”.

Así lo cuenta Francisca:

Recuerdo bien que a mi hermana Susy y a mí / nos dieron la noticia en el cuarto de aseo / de aquel colegio para hijas de presos políticos. / Había un espejo enorme / y yo vi la palabra muerte crecer dentro de aquel espejo / hasta salir de él / y alojarse en los ojos de mi hermana / como un vapor letal y pestilente. / Nada ha logrado hacerme olvidar aquellos ojos, / salvo algunas horas de amor / en que Félix y yo éramos dos huérfanos, / Y el rostro milagroso de mi hija. / Y nada más tuvimos / durante mucho tiempo.  […] / Mamá nos trajo El último mohicano / y de la mano de ese indio solitario / entramos en el mundo de lo maravilloso / y lo tuvimos todo para siempre. / Y ya nadie podrá quitárnoslo. FRANCISCA AGUIRRE, El último mohicano.

El pintor Lorenzo Aguirre había sido asesinado con garrote vil por el régimen franquista.

Francisca Aguirre, Paqui, dejó escrita esa herida enorme que su alma de niña guardó para siempre. Porque no es posible olvidar algo tan brutal. “Un socavón que se tragó la vida/ un embudo por el que huyó el futuro”.

Él, su padre, el pintor Lorenzo Aguirre había sido asesinado con garrote vil por el régimen franquista.

Hace tiempo

A Nati y Jorge Riechmann

Recuerdo que una vez, cuando era niña,
me pareció que el mundo era un desierto.
Los pájaros nos habían abandonado para siempre:
las estrellas no tenían sentido,
y el mar no estaba ya en su sitio,
como si todo hubiera sido un sueño equivocado.

Sé que una vez, cuando era niña,
el mundo fue una tumba, un enorme agujero,
un socavón que se tragó a la vida,
un embudo por el que huyó el futuro.

Es cierto que una vez, allá, en la infancia,
oí el silencio como un grito de arena.
Se callaron las almas, los ríos y mis sienes,
se me calló la sangre, como si de improviso,
sin entender por qué, me hubiesen apagado.

Y el mundo ya no estaba, sólo quedaba yo:
un asombro tan triste como la triste muerte,
una extrañeza rara, húmeda, pegajosa.
Y un odio lacerante, una rabia homicida
que, paciente, ascendía hasta el pecho,
llegaba hasta los dientes haciéndolos crujir.

Es verdad, fue hace tiempo, cuando todo empezaba,
cuando el mundo tenía la dimensión de un hombre,
y yo estaba segura de que un día mi padre volvería
y mientras él cantaba ante su caballete
se quedarían quietos los barcos en el puerto
y la luna saldría con su cara de nata.

Pero no volvió nunca.
Sólo quedan sus cuadros,
sus paisajes, sus barcas,
la luz mediterránea que había en sus pinceles
y una niña que espera en un muelle lejano
y una mujer que sabe que los muertos no mueren.

 

 

 

Ilustraciones de Susy Aguirre

 

Semana Santa

17/04/2019

“La Flagelación”: del escultor zamorano Juan Sánchez Guerra (1691). Semana Santa de Zamora

 

 

El indignado

Ocurrió en España, en un pueblo de La Rioja, en el anochecer de hoy del año 2011, durante la procesión de Semana Santa.

Una multitud acompañaba, callada, el paso de Jesucristo y los soldados romanos que lo iban castigando a latigazos.

Y una voz rompió el silencio.

 

Montado en los hombros de su padre, Marcos Rabasco gritó al azotado:

¡Defiéndete! ¡Defiéndete!

 

EDUARDO GALEANO, “Los hijos de los días”

 

 

 

¿ Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?

Saeta popular

……………………………………………..

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!

ANTONIO MACHADO

 

 Si sospechamos un mundo mejor, debemos luchar por él

30/03/2019

Cuando el científico James Lovelock (99 años) estableció las bases de la Ecología a finales de los años 70 del siglo pasado, fue objeto de burla. Hoy afirma tajante con su acostumbrada y rabiosa independencia:

Tenemos que aprender a vivir de otra manera, así de claro. Es el momento de buscar soluciones pragmáticas. Por ejemplo, creando ciudades bien planificadas y resistentes al cambio climático.

Según su teoría , Gaia -la diosa Tierra de los griegos- es un organismo vivo capaz de regular su temperatura y los procesos físico-químicos que en ella se producen. Si se siente agredida -caso de los gases de efecto invernadero- puede reaccionar de manera inconveniente para los humanos.

Hoy, sequías, huracanes, tsunamis, desastres ecológicos y desertización le han dado, por desgracia, la razón. El cambio climático se ha instalado en España y sus efectos se notan ya, principalmente, en las temperaturas. Por ejemplo, el verano dura ahora de media en España casi cinco semanas más que a principios de los ochenta. Y, además, es más caluroso.

La venganza de Gaia -provocada por la irresponsabilidad humana- está en marcha y afecta siempre a los más débiles.

Fue un error que el ser humano dejara de adorar a la Tierra para pensar en dioses remotos

, decía.

El desarrollo insostenible se ha convertido en una máquina de muerte y la vida en el Planeta está en peligro.

La economía capitalista beneficia a 1500 millones de personas y perjudica a 4500. Una situación insostenible. Los países desarrollados producen millones de toneladas de residuos tóxicos que se vierten a ríos y mares. Escasea el agua potable y decenas de especies desaparecen cada día.

La Tierra es un organismo vivo que hemos heredado. No es de nuestra propiedad, solo la tenemos en usufructo. Pero, como decía el historiador Toynbee:

Destruirla ya no es un privilegio de Dios.

La acción humana es responsable del desastre ecológico en un 90%. Sorprende que ahora se confirmen los peores pronósticos y la alarma salte sólo cuando se percibe que afecta ya a la economía.

Diversas voces convergen, desde hace décadas y -por desgracia- predicando en el desierto, en el deseo de evitar este desastre del que la especie humana es responsable. Voces que alertaban del peligro para la vida que suponía el maltrato al medio ambiente.

Como la del  teólogo brasileño Leonardo Boff (80 años) que, sometido en los años 80 por el papa Juan Pablo II a un proceso inquisitorial y obligado al silencio, abandonó la orden franciscana para poder seguir diciendo la verdad sin imposiciones.

Boff denuncia que la misma lógica que explota a las personas abusa de la Tierra. Sólo una ecología social que supere la injusticia y evite la pobreza puede evitar la destrucción de la vida. La injusticia global provoca hambre y migraciones. El grito de la Tierra es el grito de los pobres. Nuestro desaforado consumismo mata su posibilidad de vida y su desarrollo.

O la del padre de la Biodiversidad, el biólogo Edward O. Wilson, (89 años), “inventor” de la biodiversidad, que ruega a las personas religiosas que dejen de lado diferencias con laicos y científicos materialistas como él y se unan para salvar el Planeta.

Superar esta crisis, que ya es emergencia, supone solidaridad con los más débiles. Es necesaria una gran coalición de fuerzas éticas y conciencia colectiva.

Los poderes públicos no van a tomar la iniciativa. Hay muchos intereses. Pero los ciudadanos son cada vez menos cómplices de estas agresiones. Necesitamos tomar las riendas para obligar a los poderes fácticos a cambiar el rumbo.

Y, recientemente, así se ha demostrado.

 

La voz de la conciencia ecológica ha sido Greta Thunberg, una joven de 16 años. Empezó protestando contra el cambio climático cada viernes, sola, ante el Parlamento sueco. Ahora, el movimiento Fridays for Future pide medidas a los políticos para frenarlo.

El pasado 15 de marzo, miles de jóvenes se manifestaron en las calles de las ciudades españolas por la falta de compromiso político contra el cambio climático. Formaban parte de ese mismo movimiento internacional Fridays for Future, que este 15 de marzo convocaba, bajo el nombre de #strikeforfuture, más de mil manifestaciones alrededor del mundo.

No se limitan a clamar “contra el cambio climático”, en abstracto, sino que lo que exigen son medidas políticas concretas para lograr que su futuro no quede hipotecado por las consecuencias del calentamiento global. Es un tirón de orejas a “la inacción institucional”, porque, como dicen en su manifiesto, “nos jugamos todo, nos jugamos nuestro futuro”. Su motivo, que les hace las veces de lema, es que “no hay planeta B”, y ponen una fecha de no retorno: 2030.

El movimiento Fridays for Future en España es horizontal y, por el momento, no cuenta con líderes oficiales. Las portavocías se reparten entre muchas personas. Rechazan una y otra vez que se les adscriba a cualquier partido, institución y sindicato.

La juventud por el clima tiene razón: esto es una emergencia climática. Según los científicos internacionales nos quedan 11 años para introducir cambios drásticos y sin precedentes en nuestro sistema social y económico antes de llegar al punto de no retorno.

El pasado 15 de marzo surgió también la plataforma Madres por el Clima, nacida para secundar las movilizaciones estudiantiles que exigen medidas contra el cambio climático como forma de politizar la crianza.

 Somos un grupo de madres cansadas de ver cómo se destruye el planeta que les dejamos a nuestras hijas e hijos. Siguiendo el ejemplo de los estudiantes, nos queremos sumar, con nuestras bebés e hijas, a las movilizaciones. Porque no tenemos otro planeta.

Necesitamos que la movilización ciudadana que ya ha estallado en este histórico “15M climático” siga creciendo y se mantenga en el tiempo.

Será también necesario asegurar mayorías parlamentarias que apuesten decididamente por la transición ecológica justa y la acción climática como una necesidad prioritaria. Y también una gran oportunidad para nuestra economía y para la cohesión social.

La  ecología social  también es el camino que puede frenar los riesgos de la utilización mercantil del ecologismo. Porque el perverso capitalismo depredador empieza a utilizar cínicamente el reclamo de “lo verde” para blanquearlo e incorporarlo al consumo insostenible.

El compromiso cívico debe actuar de centinela del poder. Y hay que comenzar por una austeridad individual frente al consumismo. Porque hace falta un gran pacto social por la Tierra, pero hay que empezar por uno mismo.

El ecologismo junto con el feminismo serán los dos movimientos sociales fundamentales en el siglo XXI. El primero por la cada vez más evidente insostenibilidad del modelo de desarrollo tecnoeconómico. El segundo porque, adquirida la autoconciencia como colectivo y la formación necesaria, ya no es posible detenernos.

Si creemos que el feminismo ha de plantear horizontes utópicos en el sentido etimológico de utopía (ou-topos: aquello que todavía no ha tenido lugar pero puede tenerlo), entenderemos que el feminismo ecologista tiene mucho que aportar.

De nosotros depende. Pensemos seriamente nuestro voto en las elecciones que se acercan. Nos jugamos mucho y ya no hay tiempo.

No será fácil cambiar el modelo de desarrollo depredador. Pero es posible y, además, absolutamente necesario para la supervivencia de nuestros hijos y nietos.

Si sospechamos un mundo mejor, debemos luchar por él. Nada es aún definitivo.

 

 

¿Era una broma?

27/03/2019

 

 

 

 

 

 

Marzo
27
Día del teatro

En el año 2010, la empresa Murray Hill Inc. exigió que se dejaran de hacer teatro los políticos que simulan gobernar.

Poco antes, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos había declarado que no violan la ley las empresas que financian las campañas electorales de los políticos; y desde mucho antes, ya eran legales los sobornos que los legisladores reciben a través de los “lobbies”.

 

Aplicando el sentido común, Murray Hill Inc. anunció que presentaría su candidatura al Congreso de los Estados Unidos, por el estado de Maryland. Ya era llegada la hora de prescindir de los intermediarios:

“Es nuestra democracia. Nosotros la compramos. Nosotros la pagamos. ¿Por qué no ponernos al volante? Voten por nosotros, para tener la mejor democracia que el dinero puede comprar.”

 

Mucha gente pensó que era una broma. ¿Era?

 

EDUARDO GALEANO, “Los hijos de los días”

 

 

Galeano escribió estas palabras en 2011. Su irónica pregunta, hoy, ya solo es retórica.

Refugiados. Conviene recordar que lo fuimos.

23/03/2019

 

 

Durante aquellos días no cabía más que esperar, sin saber con exactitud lo que estaba sucediendo en España […] Las autoridades francesas, viendo que los refugiados dirigían allí sus pasos como primera medida para tratar de obtener algún documento que acreditase sus personalidades, puesto que la inmensa mayoría entró en Francia sin pasaporte, habían establecido una estrecha vigilancia. Los ya desgraciadamente famosos “gardes mobiles” aprovechaban las horas de mayor aglomeración de españoles ante las puertas del Consulado para llevarse detenidos a los que aún no habían obtenido sus documentos, así como a todos a los que, por cualquier otro fútil motivo, les viniese en gana a los polizontes franceses.

El término “campo de concentración”, que hasta entonces siempre habíamos relacionado con el nazismo y considerado como brutalidad típicamente hitleriana, empezó a ser mencionado cada día con mayor frecuencia en nuestras conversaciones. Naturalmente sabíamos que existían campos de concentración en Alemania, en Italia, en la España franquista; pero, en la Francia de la “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, ¿sería posible?

 

Constancia de la Mora, Doble esplendor, Gadir, 2004 (pág. 526)

 

Ahora que soplan vientos misóginos, se demoniza a los refugiados, se miente sin descaro sobre la memoria, se manipula la Historia y se añora la dictadura franquista, conviene saber más que nunca quiénes somos, de dónde venimos y la tremenda tragedia que supuso la Guerra Civil, provocada por un golpe de estado de Franco. Ese Franco, que algunos pretenden presentar como salvador, fue el verdugo de las libertades y ejecutor de los disidentes por el solo hecho de serlo.

Así lo resume Constancia de la Mora en la obra citada. La guerra ya ha terminado, pero el exterminio sigue. Seguirá durante cuarenta años:

Franco ha asesinado a millares de españoles. Mientras escribo estas palabras, los piquetes de ejecución siguen inmolando todavía a hombres y mujeres, culpables del solo crimen de desear que su patria sea independiente y libre y salga, por fin, de las tinieblas del feudalismo y del atraso en el que ha permanecido. Cientos de miles más viven una vida de constante tortura y humillación en cárceles y en campos de concentración de Franco. Otros millares de españoles sufren igualmente humillaciones y se ven forzados a soportar la inacción y la miseria de las alambradas impuestas por Daladier.

Doble esplendor (pág. 550)

 

Daladier (izquierda), junto a Hitler.
Múnich (29 de septiembre de 1938)

 

Las democracias de entonces poco hicieron por evitarlo. Fueron tibias con el fascismo. Como me temo que vuelven a serlo hoy.

Una tragedia.

 

 

Nota final:

Constancia de la Mora Maura, nieta de Antonio Maura, nació en Madrid en los primeros años del siglo XX. En aquella España, una mujer perteneciente a una clase social elevada estaba llamada, casi necesariamente, a un temprano matrimonio de conveniencia y a una esencial ignorancia sobre la realidad social y política circundante. Poco después de alcanzar su mayoría de edad, Constancia de la Mora toma conciencia de que esa «ignorancia feliz» en la que ha sido educada la incapacita para afrontar sus propios problemas y para conocer los de la sociedad en que vive. Doble esplendor es el relato apasionado de una rebelión contra ese estado de cosas y, al mismo tiempo, un excelente retrato de la España del primer tercio del siglo XX. En él conocemos una vida marcada por la renuncia a un status privilegiado, y la lucha por rescatar a la mujer de su ostracismo social y por alcanzar una sociedad más justa.

¿Es Constancia la autora de esta autobiografía o Memorias como algunos ponen en duda? Soledad Fox Maura, autora del libro Constancia de la Mora. Esplendor y sombra de una vida española del siglo XX, publicado en 2008, demuestra, sobre la base de documentos de primera mano, que Doble esplendor de Constancia de la Mora no fue escrito por ella, sino por la periodista norteamericana Ruth Mackenney, con el título In place of Splendor, a partir de la historia que Constancia le contó. McKenney era una experimentada periodista de izquierdas, miembro, lo mismo que su marido, del Partido Comunista de los Estados Unidos. Hay que decir que Soledad Fox Maura, profesora en una universidad de los Estados Unidos de América, es biznieta de Francisco Maura, el hermano pintor de don Antonio, que a Constancia le resultaba tan simpático por su antimonarquismo feroz. Soledad Fox Maura, consultó para su libro, que lleva un Prólogo de Paul Preston, numerosos archivos, incluidos archivos privados. Pero fuera Constancia la autora o lo fuera Ruth Mackenney el libro está muy bien escrito, se vendió muy bien y fue traducido a varios idiomas, entre otros al castellano, siendo autora de esta traducción la propia Constancia. Es un libro concebido para seducir al público norteamericano. Lo primero de todo, el hecho de presentarse como aristócrata que lo deja todo para consagrar su vida a la causa de la democracia y la libertad constituía un elemento importante para ganarse las simpatías del público. La insistencia en su calidad de “aristócrata” tenía por objeto suscitar la la admiración de una sociedad, en la que la única aristocracia era la del dinero, no la de “la sangre” como en la vieja Europa. Pero, como ya dijimos, Constancia no pertenecía a la aristocracia, sino a lo que podríamos llamar “alta burguesía”.

 

 

***

Luisa y Cuco Pérez “Allez, Allez..!” Cuentan con imágenes la historia de su familia, refugiados en campos de concentración franceses tras la Guerra Civil, e interpretan las canciones que han rescatado de los supervivientes de aquellos campos.

Distopías que ya son realidades

26/01/2019

 

 

El pasado 21 de enero se cumplieron 69 años de la muerte de George Orwell. Entre todos los autores distópicos, quizá sea el de mayor repercusión.

La estremecedora distopía que describió en su novela 1984 ya no es ficción premonitoria, sino realidad.  Vivimos tiempos indeseables, injustos y oscuros.

El futuro se hace en el presente con nuestros miedos y nuestras ilusiones. Y, si en las utopías predomina la ilusión y la esperanza, en las distopías lo hace el miedo y la desesperanza. Hoy vivimos tiempos distópicos.

George Orwell fue siempre una persona comprometida políticamente, como se refleja ya en sus primeras obras. Un crítico irreductible, como revela su propia trayectoria vital y literaria.

Nunca renunció a su militancia socialista, pero fue también muy crítico con sus correligionarios. Su denuncia desde la izquierda al estalinismo, un tipo de dictadura política, era una verdadera innovación del siglo XX, ante la que la izquierda se sintió desorientada.

Denunciaba y criticaba, por supuesto, el sistema capitalista, pero atacaba también la deriva totalitaria estalinista y el tecnicismo lingüístico-manipulador de la palabra en su «neolengua».

En su distopía, 1984, Orwell no pretende ser un profeta. La fecha fue simplemente la alteración de las dos últimas cifras del año en que escribió el libro: 1948. Y en ella, la ciencia no cuenta demasiado en una visión sórdida, gris, tétrica de un mundo amenazante.

No recurre a mecanismos de ficción, pues la única novedad técnica son las telepantallas de doble dirección. Tampoco el protagonista es un héroe revolucionario que despierte simpatías emotivas. Es un hombre mediocre y gris, como el mundo en el que vive, cuya mínima rebeldía -la osadía de escribir un diario, para ir anotando sus recuerdos y las minucias de cada día- constituye un desafío intolerable para el Estado totalitario.

El hecho de que la obra incluya pocas innovaciones técnicas y sea poco fantástica, la hace más creíble y, por tanto, más terrible. El carácter terrorífico de “1984no está solo en los medios represivos, el sistema policíaco o la constante vigilancia a la que son sometidos sus ciudadanos a través de la telepantalla.

Ni siquiera en la atmósfera sofocante que describe. Lo peor es la continua revisión y reescritura de la Historia, la alteración del pasado en función del presente. La humanidad, despojada de la memoria colectiva, pierde uno de los rasgos que la «humanizan», como afirma Estrella López Keller.

Así reza uno de los frecuentes lemas adoctrinadores de la novela:

El que controla el pasado controla el futuro. El que controla el presente controla el pasado.

El Partido mantiene aislados a sus miembros inferiores de aquellos que integran la casta superior. A su vez aleja a los funcionarios de los proles. Y además, les impide pensar. La uniformidad de opinión, conseguida por una educación moldeadora, implica la completa obediencia al Estado.

Los proles son las manos del Estado y están al servicio de su cerebro: el ente pensante que actúa de forma tan estremecedora y de resonancias tan actuales como esta:

No era deseable que los proles tuvieran fuertes sentimientos políticos. Todo lo que se les pedía era un primitivo patriotismo al cual se podía apelar cuando fuera necesario para que aceptaran más horas de trabajo o raciones más pequeñas.

Orwell advierte de que lo que describe supone un peligro inminente. Y no se equivocaba.

Hoy, en 2019, ya conocemos los peligros de la “neolengua” que cambia significados de palabras para cambiar el pensamiento. Sufrimos los límites del lenguaje -que limitan el pensamiento crítico y la comprensión- en planes de educación alejados de las Humanidades. Sólo si somos capaces de pensar juntos, evitaremos que piensen por nosotros.

Asistimos a la reescritura del pasado para controlar el futuro, en una historia reescrita por pseudohistoriadores al servicio de la ideología vencedora del franquismo. Ideología que pretende ahora exterminar la memoria, tras exterminar a los seres humanos que pensaban diferente.

Padecemos la policía del pensamiento en medios de comunicación lacayos que difunden opiniones serviles y falsas, sin rubor, para contentar a sus amos.

Comprobamos cada día la desaparición de derechos adquiridos con tanto esfuerzo, aceptamos el trabajo esclavo de más de 60 horas semanales. Toleramos el desprecio por la cultura que no produce rédito económico.

Vemos la construcción del odio en discursos incendiarios de presuntos líderes de partidos, nacidos al calor de la democracia, que sólo buscan destruirla.

Toleramos la eliminación del sentimiento y de la empatía que deshumanizan al diferente. Que permiten reducirlo a no-persona. Y eso lleva a aceptar sin pestañear su muerte en el mar o en la frontera. Siempre en nombre de un “primero nosotros” que transgrede todo humanismo, todo cristianismo y toda piedad de quienes, cínicamente, presumen de “humanismo cristiano”.

Y, sobre todo, asistimos a una época de incapacidad razonadora y crítica que se alimenta de fogonazos irracionales en redes sociales. Ahí proliferan discursos trufados de odio, mentira, resentimiento e intolerancia. Eso sí, envueltos en banderas y “patriotismo”- que es el último refugio de los canallas, según Samuel Johnson- y azuzados por el miedo al diferente.

En ese barro inmundo florecen alegremente -abonadas por partidos irresponsables de mirada corta y cinismo largo- la falacia y la manipulación.

El totalitarismo puede tener aspecto democrático. Y no es patrimonio de los regímenes comunistas sino que se extiende como mancha de aceite peligrosa, bajo diferentes caras neofascistas, en el sistema capitalista y en las democracias mundiales.

Atentos, porque los neofascismos sólo han cambiado de traje. Tras su disfraz, adecuado a los tiempos, late la misma intolerancia rígida y el horror que ya conocemos. Orwell lo intuyó y nos avisó de ello.

 

Entrada publicada en gentedelasafor.es

Imagen 3: Jonathan Burton

Imagen 4 : Tommy Ingberg

 

Hay una obra maestra del exceso de control, de la monotonía, de la repetición que acaba volando por los aires, y que refleja con perfecta ironía lo que este afán de sometimiento provoca. Se trata del conocidísimo Bolero de Ravel, de 1928. Nunca una repetición casi oligofrénica del mismo motivo musical ha sido capaz de meternos en la barbarie de la repetición de una manera casi hipnótica, pero a pesar de ello eminentemente musical. Para después, y por sorpresa, sacarnos de ella con el propósito de hacernos ver que todo aquello, en realidad, había sido una pesadilla. O una distopía.

Carlos García de la Vega

 

La resistencia de la memoria

12/01/2019

Cuando parece que resurge de sus cenizas la cruel dictadura de Franco, la infamia del olvido, la insistencia feroz en enterrar la memoria de los muertos abandonados en cunetas, de los exiliados por la intolerancia y de los condenados a ser fantasmas en vida por el franquismo.

Cuando sale a la luz, sin complejos ni piedad, el odio intolerante agazapado que siempre ha estado ahí, esperando su oportunidad de atacar esta débil democracia.

Cuando los que tienen un concepto patrimonial del poder, hasta el punto de no aceptar que los que piensan diferente puedan alcanzarlo democráticamente, descalifican todo lo relacionado con la memoria democrática.

Cuando parece que no hay esperanza, es cuando hay que resistir, argumentar, recuperar la memoria que nos robaron. Desde cualquier medio a nuestro alcance.

Maria Arnal y Marcel Bagés lo hacen desde la música.

Investigando en archivos sonoros, pretenden acercarnos al pasado en diálogo con nuestro presente, en palabras de Maria Arnal:

La intención de nuestra música es poder ser útil e interpelar desde nuestro presente. En nuestras letras hay intención, no solamente que sea bonito.

El dúo catalán ha obtenido un éxito sorprendente con su disco 45 cerebros y 1 corazón, en el que conjuga la música popular con influencias tan dispares como la electrónica, el indie, el hip hop de Kate Tempest o los cómics de Alan Moore.

La canción que da nombre al disco fue escrita a partir del informe de la exhumación de una fosa común en Burgos, en la que por alguna razón se conservaron embalsamados 45 cerebros y 1 corazón.

Me parece una hermosa metáfora de la resistencia al olvido y de la persistencia del sentimiento. Esos 45 cerebros se niegan a desaparecer como si quisieran demostrar a sus verdugos que la dignidad humana es indestructible.

También es una hermosa metáfora del sentimiento ese único corazón que pervive a la descomposición y al tiempo, desafiando las leyes naturales, para acompañar a la razón de los cerebros como si quisiera arroparlos con el afecto. Un abrazo solidario contra la crueldad.

Me impacta el hecho, y también lo hace la acertadísima canción:

 

Un hermoso y muy necesario homenaje a la esperanza y a la memoria democrática.

Como también lo es esta otra, que recupera la letra de una canción compuesta por exiliados republicanos en un barco camino a República Dominicana. Personas expulsadas de su tierra por la intolerancia, arrancadas de su país por un huracán de odio que los aventó por toda la tierra.

 

Y siempre recuerdo los versos de otro exiliado argentino expulsado de su tierra a causa de ese mismo odio intolerante -común a todas las dictaduras- el poeta Juan Gelman. Buena parte de su vida y obra literaria se vieron marcadas por el secuestro y desaparición de sus hijos y la búsqueda de su nieta nacida en cautiverio :

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza.
La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.
Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y
nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que
aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.
Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de
kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares
y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,
duelen de noche bajo el sol.

La “posverdad”, que sólo es un eufemismo blanqueador de la mentira, no podrá nunca con esos 45 cerebros y 1 corazón resistentes que nos llaman a no aceptar nunca el olvido.

Incluso más allá de la vida, incluso más allá de la muerte.

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