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La lúcida mirada de dos genios revolucionarios

12/02/2018

 

 

El pasado sábado se cumplieron 120 años del nacimiento de Bertolt Brecht (Augsburgo, 10 de febrero de 1898 – Berlín Este, 14 de agosto de 1956).

Comunista sin partido, fue perseguido por Hitler y se exilió a los países nórdicos donde alcanza su madurez y escribe sus mejores obras.

Una de sus obras menos conocidas es la que tiene como protagonista a un hombre peculiar, en parte  un alter ego del autor.

El señor Keuner, mezcla de rabino, pedagogo zen y diligente aforista bolchevique, creado por Bertolt Brecht, es una conciencia aguda, irónica y vigilante. Sus reflexiones son siempre estimulantes y no dejan nunca indiferente.  Brecht las fue escribiendo desde 1926 hasta su muerte. Y pretenden ser  un modelo de prosa cercano a las prosas didácticas. Su brevedad las acerca al aforismo y su profundidad a la filosofía.

Estas fábulas se publicaron en el libro  Historias del señor K. en 1930. Y en 1949 formaron parte de las Historias de Calendario. Recientemente, se encontró una carpeta olvidada por Brecht en Suiza y salieron a la luz quince nuevas andanzas de esta criatura astuta y cortés, que sólo palidecía cuando le decían que no había cambiado:

 

El reencuentro

Un conocido al que el señor K. no había visto desde hacía tiempo le saludó con estas palabras: – ¡Caramba, señor Keuner, no ha cambiado usted nada!  – ¡Oh! – exclamó éste palideciendo.

 

Partidario siempre del pensamiento libre y de la crítica constructiva:

 

Al señor Keuner se le va un alumno

Al señor Keuner se le fue un alumno. Le gustaba tratar con él: refutaba sus opiniones con mayor placer que las de cualquier otro. Sin embargo, el señor Keuner no estaba deprimido. “Era un buen alumno –decía–. ¡Uno de los mejores! Es una lástima que se haya ido, pero no es grave. Lo grave sería que ustedes dos se fueran –y señaló desinhibidamente a dos por los que no sentía demasiada estima–. ¡Ustedes no han aprendido nada!

Y también de la humildad y el reconocimiento de los errores. Siempre muy lejos del dogmatismo y la vanidad:

Elogio
Cuando el señor K. oyó decir que había recibido elogios de sus antiguos alumnos, dijo:
—Cuando los discípulos han echado al olvido hace ya tiempo los errores de su maestro, este aún los sigue recordando.

 

Enemigo del egocentrismo y de la falta de perspectiva en las relaciones humanas, contaminadas por el sentimentalismo:

 

El señor Keuner y la expresión

Al señor Keuner lo irritaba de tal forma cuando la gente se ocupaba de sí misma que llegó a proponer que se reprimiera en lo posible cualquier expresión de tristeza o de alegría, de modo que no se diera la impresión de que la persona en cuestión se ocupaba indecorosamente de sí misma. “¿Cómo podría contarle a cada uno la misma historia? ¿Cómo ser el mismo para todos?”, decía él. “No estoy triste o alegre para todo el mundo.”
Cuando estoy de acuerdo con las cosas –dijo el señor Keuner–, no es que entiendo a las cosas, es que las cosas me entienden a mí.

 

En el verano de 1941, Bertolt Brecht viajó en barco a California, asentándose en Santa Mónica, cerca de Hollywood. Allí intentó escribir para la industria de Hollywood, pero sus guiones no fueron aceptados por las grandes productoras cinematográficas.

En Estados Unidos organizó algunas representaciones teatrales, en la mayoría de los casos en escenarios de emigrantes, pero Brecht volvió a ser perseguido por sus ideas políticas.  El 30 de octubre de 1947 es interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas, y tuvo que escapar al día siguiente otra vez a Suiza, sin esperar el estreno de su drama La vida de Galileo en Nueva York. Como explicó con ironía el escritor al cineasta Erwin Leiser: “Cuando a uno lo acusan de querer robarse la Estatua de la Libertad, es hora de largarse”.

 

Patriotismo: odiar las patrias

El señor K. no consideraba necesario vivir en un país determinado. Decía:
-En cualquier parte puedo morirme de hambre.
Pero un día en que pasaba por una ciudad ocupada por el enemigo del país en que vivía, se topó con un oficial del enemigo, que le obligó a bajar de la acera. Tras hacer lo que se le ordenaba, el señor K. se dio cuenta de que estaba furioso con aquel hombre, y no sólo con aquel hombre, sino que lo estaba mucho más con el país al que pertenecía aquel hombre, hasta el punto que deseaba que un terremoto lo borrase de las superficie de la tierra. “¿Por qué razón -se preguntó el señor K.- me convertí por un instante en un nacionalista? Porque me topé con un nacionalista. Por eso es preciso extirpar la estupidez, pues vuelve estúpidos a quienes se cruzan con ella. “

Antidogmático furibundo, era consciente de que se aprende equivocándose:

Esfuerzo de los mejores

“¿En qué trabaja?”, le preguntaron al señor K. El señor K. respondió:  “Me está costando gran esfuerzo preparar mi próximo error.”

 

Brecht hizo siempre gala de antisentimentalismo, así como de su atención para con los pobres y su sufrimiento. A la vez que atacaba la falsa respetabilidad de los burgueses.

El famoso ‘efecto de distanciamiento’ creado por Brecht es un arma contra el romanticismo y el sentimentalismo. El arte como comprensión total y activa de la historia. Un estilo creativo que involucra la moral en la escritura, lejos de la subjetividad.

La crítica social, la compasión por los seres humanos y el consiguiente cambio de la sociedad debían desempeñar un papel esencial en la obra literaria.

 

 

Años antes del señor Keuner, Valle- Inclán ya había predicado el distanciamiento en el arte como único modo de juzgar sin condicionantes la realidad. Para demostrarlo, creó el Esperpento. Un teatro que supere el sentimiento para comprender sin interferencias que nublen el juicio: “Mi estética es una superación del dolor y de la risa, como deben ser las conversaciones de los muertos, al contarse historias de los vivos”, dice Valle por boca de don Estrafalario en Los cuernos de don Friolera.

 

Mirar al mundo desde un plano superior, y considerar a los personajes de la trama como seres inferiores al autor, con un punto de ironía. Los dioses se convierten en personajes de sainete. Ésta es una manera muy española, manera de demiurgo, que no se cree en modo alguno hecho del mismo barro que sus muñecos. Quevedo tiene esta manera. Cervantes, también. A pesar de la grandeza de don Quijote, Cervantes se cree más cabal y más cuerdo que él, y jamás se emociona con él.
Esta manera es ya definitiva en Goya. Y esta consideración es la que me movió a dar un cambio en mi literatura y a escribir los esperpentos, el género literario que yo bautizo con el nombre de esperpentos.
El mundo de los esperpentos —explica uno de los personajes en Luces de bohemia— es como si los héroes antiguos se hubiesen deformado en los espejos cóncavos de la calle, con un transporte grotesco, pero rigurosamente geométrico.

“Hablando con Valle-Inclán de él y su obra”. Entrevista de Gregorio Martínez Sierra a Valle-Inclán publicada en el periódico ABC el 7 de diciembre de 1928.

 

Valle- Inclán anticipa lo que en la segunda mitad del siglo XX se ha llamado «teatro en libertad». Y sus esperpentos reflejan como ninguna otra obra teatral la tragedia de un país.

MAX: La tragedia nuestra no es tragedia.

DON LATINO: ¡Pues algo será!

MAX: El Esperpento.

[…]

MAX: Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada.

DON LATINO: ¡Miau! ¡Te estás contagiando!

MAX: España es una deformación grotesca de la civilización europea.

DON LATINO: ¡Pudiera! Yo me inhibo.

MAX: Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas.

 

Valle-Inclán, Luces de bohemia, escena XII.

 

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