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Más igualdad y menos machismo institucional. Menos conmoción y más cumplir las leyes.

31/05/2017

 

 

Tres mujeres más han sido asesinadas por sus parejas, en menos de 24 horas.

Otra vez un fin de semana trágico.

Otra vez más las alarmas. Otra vez más. ¿Cuántas mujeres deben ser asesinadas para que, de una vez, se considere la violencia machista un tema prioritario?

Cuántas más, para que los que nos gobiernan abandonen las frases vacías y aborden el problema del machismo que las asesina?

No sabemos sus nombres, son sólo números fríos que se unen a la cifra vergonzosa de asesinadas este año. Un 47% más que hasta mayo de 2016.

Además, Según el Ministerio de Sanidad y Asuntos Sociales, la violencia machista ha dejado a 11 menores huérfanos hasta el 16 de mayo.

Han pasado muchos meses, demasiados, desde la histórica marcha del 7N de 2015 en la que los colectivos feministas pidieron que este tipo de violencia sea considerada cuestión de estado.

Nada se ha movido. Y las mujeres han seguido siendo asesinadas.

Cuestión de estado significa que el machismo de cada día , las agresiones sexuales, el acoso laboral, la brecha salarial, la desigualdad que no cesa sean prioridad para el gobierno y formen parte del discurso cotidiano siempre, no sólo cuando hay asesinatos.

Como afirma el exdelegado del Gobierno para la Violencia de Género Miguel Lorente y profesor de Medicina Legal de la Universidad de Granada:

La violencia machista ya es de por sí un problema de Estado, pero otra cosa es que el Estado lo considere un problema.

Y el Estado parece que no sólo no lo considera un problema, sino que ni lo considera siquiera. Las políticas contra la discriminación y la violencia suman un vergonzoso 0,0001% del presupuesto de 2017. Menos que en 2011.

Sin presupuestos las violencias machistas no serán nunca cuestión de Estado. Porque las palabras solas no sirven si no se acompañan de hechos.

Los expertos piden más presupuesto para prevención y que los gobernantes envíen mensajes contundentes que no se limiten a la manida recomendación de llamar al 016.

Parece un chiste, pero esta es la única medida efectiva del presidente Rajoy para las mujeres en peligro:

Siempre que una mujer se sienta agredida, que llame al 016, que de ahí sólo va a poder recibir buenas cosas

Esa sí que es una solución efectiva. Cosas buenas…

Se empieza a estar ya muy harta de declaraciones pomposas vacías de contenido. Basta ya de cliches que se repiten como un argumentario y que se escuchan como quien oye llover. Basta de “enérgicas condenas”, de políticos “conmocionados”. Basta de latiguillos como el de “lacra insoportable”…

Basta también de minutos de silencio porque lo que les sobra a las mujeres asesinadas  es silencio, y nos faltan gritos contra la cultura patriarcal y sus desmanes.

Faltan gritos en forma de  medidas efectivas. Falta acción ante la terrible cifra que si hubiera golpeado a cualquier otro sector sería una tragedia. Imaginen 28 asesinatos de enero a mayo en cualquier ámbito. Se declararía el estado de sitio, como poco.

Tras 28 mujeres asesinadas, duele leer el tuit con el que despachó el presidente Rajoy, los tres últimos asesinatos:

Este señor es el que nos gobierna y el que podría tomar medidas, si tuviera voluntad. Pero no la tiene. Está más preocupado por su declaración en sede judicial.

Debería saber que la más “enérgica condena” de la violencia machista significa no permitir que su grupo rechazara en noviembre en el Senado una moción que pedía financiación para políticas de prevención y atención a las mujeres. Con su mayoría absoluta, el PP logró tumbarla. Y eso es violencia institucional contra las mujeres. ¿Dónde está la unidad que reclama?

Estar conmovido ante esta tragedia supone adoptar medidas en Educación, la prevención y detección del maltrato machista en el ámbito sanitario y la concienciación de los medios de comunicación.

“Este sinsentido” se llama violencia machista y se paliaría mucho si se consignara un presupuesto  específico para la aplicación de los artículos de la ley integral de 2004 que obligan a incluir la igualdad en el sistema educativo a través de materiales y asignaturas. formación del profesorado o el nombramiento de un responsable de igualdad en el Consejo Escolar. Su ministro Wert las eliminó incumpliendo la ley. Y su marcha no las ha restaurado.

No parece “condena enérgica” del machismo congelar el gasto dirigido al programa diseñado para fomentar la igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres  al quedarse en los 19,7 millones, igual que en 2016.

No actúa mejor la ministra de Igualdad de su gobierno, Dolors Monserrat, que también se despachó con un tuit glorioso, dada su trayectoria en este ámbito:

Esa conmoción no le impidió negarse a tomar medidas ante las declaraciones machistas de la Directora del Instituto de la Mujer sobre violencia de género. No la ha cesado, ni la ha desautorizado por reducir a la mujer a su papel tradicional de cuidadora familiar.

Tampoco ha trabajado mucho el el órgano interministerial anunciado por el Ejecutivo en febrero al final de una semana en la que fueron asesinadas cuatro mujeres a manos de sus parejas o exparejas. Esa sería una buena salida al problema y no una salida por la tangente como aquellas a las que acostumbra la señora ministra.

Más de 900 mujeres han sido asesinadas en los  en los últimos 15 años. Pero no se conocen medidas o iniciativas, más allá de las palabras vacías, para frenar el feminicidio continuado que cada año acaba con la vida de decenas de mujeres. La inacción de la ministra de Igualdad y del Gobierno en pleno desespera.

El asesinato machista de mujeres es la cara más cruel del patriarcado. La más dura e intolerable. Y se basa en la desigualdad intrínseca entre hombres y mujeres en una sociedad que relega a las mujeres a la categoría de objetos. Que las somete cada día al machismo cruel, que las obliga a decidir entre ser personas y mujeres. Que las acosa verbal y laboralmente. Que sigue pensando que son propiedad del varón y que deben someterse a él. Machismo en suma.

El machismo sigue estando ahí, en todas las clases sociales. Un porcentaje excesivo de personas aún considera tolerable la violencia sexista. Se considera un ‘problema de mujeres’ cuando en realidad es un grave problema social de todos, pero que sufrimos sólo las mujeres.

No acabaremos con la desigualdad que engendra violencia sin un cambio cultural de toda la sociedad que exija, de una vez por todas, acabar con la injusticia de despreciar a las mujeres y considerarlas inferiores.

El machismo pretende someter a las mujeres en nombre de una pretendida superioridad. Es decir perpetúa la desigualdad. Reduce y niega derechos. Así lo define la RAE:

Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres.

El feminismo, por el contrario,  reclama derechos que pertenecen a las mujeres por el sólo hecho de ser seres humanos. Reclama la igualdad, nunca el sometimiento. Amplía derechos. Y así lo recoge la definición de la RAE:

Ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres.

No son iguales, ni el feminismo es un machismo al revés, como afirman perversamente quienes quieren que nada cambie. Debemos repetirlo sin descanso.

La violencia de género no es algo natural, es el producto de la desigualdad entre hombres y mujeres y del patriarcado. No es algo fortuito, sino producto de una situación de desigualdad secular.

Y esa desigualdad se manifiesta también en el lenguaje que aparece en los medios de comunicación.

En las informaciones, se abordan los casos de violencia machista como algo impredecible, son cifras aisladas y no se contextualiza.

Las mujeres aparecen asesinadas, no son asesinadas y son culpables por no haber denunciado.

Mujeres que “se suman a la lista de asesinadas”, como si se tratara de una plácida carrera de domingo.

Mujeres muertas, no asesinadas, y hombres a su lado que se suicidan, equiparando a la asesinada y al asesino.

Hombres educados, que nunca han dado un problema, y que matan por amor o arrastrados por los celos. Como si fuera un accidente y no una situación sistémica de desigualdad.

Mujeres “demasiado libres” que provocan la tragedia por querer ser autónomas o romper relaciones. Como si ellas debieran rendir cuentas de su libertad.

Los medios, como la sociedad, son machistas. Las mujeres representan sólo el 28% del sujeto y fuente de las noticias. Sólo hay un 9% de mujeres que opinan y tienen más presencia en cuestiones de opinión popular que como expertas en su campo.

Cuando aparecen, lo hacen en un papel secundario, supeditadas al varón que dirige, o como mera concesión a la igualdad.

Las mujeres sólo aparecen como protagonistas en casos de violencia de género y crímenes.

Desde las grandes cabeceras y televisiones también se ejerce violencia sobre las mujeres. Artículos, reportajes y tertulias que penalizan a las mujeres libres que se salen del patrón establecido por el patriarcado. Se cuestiona que sean buenas madres, que concilien abandonando a la familia u obligando al marido a conciliar. Sesudos analistas preocupados por la maternidad  que nunca se ocupan de las funciones de paternidad.

Por no hablar de las listas de políticas y deportistas más guapas y mejor vestidas que degradan y faltan al respeto a las mujeres cada día.

En los últimos Juegos Olímpicos, el tratamiento informativo de ellas y de ellos es significativo por su machismo:

Cuando una mujer consiguió una victoria, se dedicó más tiempo a hablar de su apariencia que de sus logros.

De lo que más se habló en el caso de una mujer deportista fue de su apariencia, de su edad, de su ropa y de su vida personal.

 Las palabras que más se han usado para referirse a las mujeres (y no a los hombres) son “edad”, “embarazo”, “mayor”, “soltera” o “casada”.
Las palabras más usadas para referirse a los hombres son: “rápido”, “fantástico” “fuerte”, “real” y “grande”.

El feminismo no es un tema. Debe ser una filosofía que impregne toda la redacción. Desde la publicidad a la economía, pasando por la política o la ciencia.

Como dice la profesora Juana Gallego:

La buena información, por definición, tiene perspectiva de género. No debe reducirse a una sección o a un blog.

Uno de los mayores riesgos es que el feminismo quede recluido a una sección del periódico, a un blog o a noticias que circulan por redes sociales desvinculadas de un contexto más global. El contexto es imprescindible.

Funciona a la perfección una jerarquía de género asimilada por todos, hombres y mujeres. La dominación masculina, que sólo es fruto de la educación, se considera algo natural, propio de la naturaleza y es aceptado por la sociedad entera.

Hay incluso un falso feminismo neoliberal que está de vuelta del feminismo sin haber ido. Habla de “feminismo histérico, radical”. Predica que todo está hecho en cuestión de igualdad entre hombres y mujeres y propugna una vuelta romántica  al mundo de las abuelas. Como todo lo romántico, suele ser mentira. El que todo tiempo pasado fue mejor es otra mentira y además el lema conservador por excelencia.

Según la relatora de la ONU para la mujer, hay una corriente conservadora a la que incomoda el avance de las mujeres y está forzando la regresión. La causa la expresa en un agudo análisis el filósofo Daniel Innerarity:

A los hombres no nos incomoda una mujer y menos una mujer-mujer, lo que nos incomoda es un individuo, una persona que piensa en libertad.

Parece que ciertos poderes, religiosos, económicos y políticos, siguen creyendo en el derecho a imponer sus normas. Temen a las mujeres. Sobre todo si piensan y quieren ser libres. Las corrientes patriarcales y dictatoriales renacen con fuerza. En el fondo, ambas son estructuras de poder, y el machismo se mueve como pez en el agua en las dictaduras. Recordemos el franquismo.

Agazapadas algunos años, siguen ahí. Y se han recrudecido en los años de gobierno del Partido Popular. Son una corriente pegajosa, persistente, peligrosa que impregna el tejido social. Y destruye, humilla y mata, incluso, si no consigue su objetivo.

Si violencia son las muertes, una violencia sutil y cruel es esta muerte lenta de derechos.

Los últimos años de gobierno conservador han realizado un duro ajuste ideológico de los derechos femeninos. Con la excusa de una economía de crisis y de recortes, se impone una calculada vuelta de las mujeres al hogar. De donde nunca debieran haber salido, según los neoliberales.

De poco valen gestos y manifestaciones, si el Parlamento nos desprecia y no consigna ni un euro para ese Pacto de Estado fantasma que debería estar en marcha en octubre de 2017.

De poco valen conmociones y declaraciones pomposas vacías de contenido, si no se acaba con la ideología machista que provoca los asesinatos.

Más medidas efectivas y menos hipocresía sensiblera. Más igualdad y menos machismo institucional. Menos conmoción y más cumplir las leyes.

Hasta que la ideología patriarcal no desaparezca de la sociedad, hasta que las mujeres no alcancemos la igualdad real, no sólo la legal, me temo que estas cifras terribles seguirán estando ahí.

 

 

María se fue una mañana
María sin decir nada
María ya no tiene miedo
María empieza de nuevo
María, yo te necesito
María escapó de sus gritos
se bebe las calles María…

 

2 comentarios leave one →
  1. isabel permalink
    05/06/2017 20:32

    Gran articulo. Gracias

    Me gusta

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