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  1. Antonio permalink
    25/05/2017 22:56

    Gracias, Agustina. En ocasiones tenemos que ser capaces de escuchar lo que no nos gusta.

    Creo que en estas palabras resumes perfectamente todo lo ocurrido:

    “Incapaces de entender que su militancia nunca aceptó que, con su abstención, permitieran seguir en el gobierno a un partido como el de Rajoy, enfangado hasta las cejas por la corrupción, primero en democracia en ser imputado por un juez y que ha llevado a cabo, y pretende seguir haciéndolo, los recortes sociales más brutales para los débiles.”

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    • 26/05/2017 9:55

      Gracias a ti, Antonio. Escuchar lo que no nos gusta es el camino para mejorar. Es duro, a veces, pero tan necesario como respirar.
      Debemos buscar hechos y datos, no fiarnos de palabras vacías y manipulaciones fabricadas. Debemos exigir propuestas, no sólo descalificaciones del contrario. Demandar diálogo frente al áspero enfrentamiento.

      Debemos ejercer siempre la acción crítica, pero pensada para no caer en maximalismos peligrosos. Tendemos a leer periódicos que confirman nuestras ideas, a hablar sólo con quien piensa como nosotros y nos negamos a escuchar al diferente.

      Así, sólo hacemos crecer la rabia y nuestros propios demonios. La tolerancia activa exige reconocer al otro.
      Diálogo significa aceptar tesis contrarias, ceder, valorar y ser responsable. Calibrar qué es más útil: el ejercicio de complacencia inactiva o el trabajo duro y callado de acercar posturas.
      Esperemos que triunfe el segundo. Por el bien de todos.

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  2. 29/05/2017 11:58

    Amiga Agustina: aplaudo tu discurso (reflexión) de la humildad, frente al discurso de la soberbia de la razón y la soberbia de la vida. Desgraciadamente, esa ‘discapacidad’ es aplicable a muchos otros ámbitos de la vida, así que hay que estar alerta frente a esos depredadores. Un abrazo.

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    • 29/05/2017 17:23

      Así es, Emilio. No sólo afecta a la política. Defenderse contra esa “discapacidad” y los que la padecen no sólo es necesario, sino imprescindible.
      Siempre recuerdo el poema que el sevillano renacido en Soria, Antonio Machado, humilde como el que más, dedicó a la encina:

      ¡…encinas, pardas encinas;
      humildad y fortaleza!
      […]
      ¿Qué tienes tú, negra encina
      campesina,
      con tus ramas sin color
      en el campo sin verdor;
      con tu tronco ceniciento
      sin esbeltez ni altiveza,
      con tu vigor sin tormento,
      y tu humildad que es firmeza?
      […]
      Brotas derecha o torcida
      con esa humildad que cede
      sólo a la ley de la vida,
      que es vivir como se puede.

      Nadie lo dice mejor que él. Quizá se debería leer más poesía.

      Un abrazo y gracias por tus palabras.

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