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De discursos y patatas

30/01/2017

rajoy

 

Mientras veía borbotear el agua en la cazuela, escuchaba en la radio el discurso del que decían que sería el nuevo presidente del país.

Prometía no sé qué sobre economía y confianza. Hablaba de la necesidad de sacrificios y reajustes duros.

Ella no entendía la letra, pero la canción y la música le sonaban. Había escuchado cosas parecidas desde que empezó a trabajar muy joven hasta ahora, cuando su exigua pensión servía de colchón a su familia. Ya no se creía nada de nada.

Triste canción la de comer sólo patatas y dar las gracias a un señor circunspecto que discurseaba entre aplausos, prometiendo dolor y confianza.

Ella había recorrido temprano la ciudad para comprar en la tienda más barata aquella oferta estrella y ahora, como hacía muchos días, intentaba echar mano de la imaginación para cambiar el plato habitual a base de productos baratos.

Barcelona 22 7 2010     Economia    Pensionistas Jubilados y ninos foto ilustrativa tema futuro de las pensiones      Foto de Julio Carbo

Foto: Julio Carbó

Eran muchas ya las semanas en las que veía peligrar la comida. Hoy inventaría otro plato nuevo. La imaginación cambiaría las monótonas patatas.

El señor circunspecto seguía hablando de excelencia y confianza. Ella confiaba solo en su pericia para sorprender a los suyos. Lo demás, ya poco le importaba.

La radio seguía con el discurso en el que se turnaban promesas, amenazas y aplausos. El fuego del gas seguía, por suerte todavía, cociendo sus patatas. No sabía si podría pagar otra bombona de gas ahora que el mes se acababa.

Escuchaba no sé qué de flexibilidad de empleo juvenil. De recuperación, de aumento del empleo… Sonrió levemente. Todos sus hijos, en paro a pesar de los estudios que tanto trabajo costó darles, vendrían a comer a su casa con sus nietos. Hace tiempo que es así. Hace tiempo que su escasa pensión logra el milagro de sacarlos adelante. Este año, como hace tantos años, le han comunicado por carta personal que subirá apenas unos céntimos. “Menos de lo que ha costado esta carta”, piensa enfadada.

Para colmo, en el colegio cercano sonaba una canción en una lengua extraña. “Ya ni siquiera entiendo las canciones…”

¿Cómo será una Nochebuena a base sólo de patatas?

No le dio tiempo a buscar una respuesta. Llegaban sus hijos y nietos. El señor serio seguía con su discurso. Hablaba de nubes y de cielos despejados. Casi como el hombre del tiempo, pensó. Apagó la radio y besó al pequeño. “Abuela -oyó que le decía- ya no me gustan tanto las patatas”.

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