Skip to content

El miedo como arma de sumisión

15/01/2017

6a00d8341bfb1653ef019b0065b14b970c-550wi

 

Todos los años, en invierno, en un pequeño pueblo de la opaca y rica Suiza, los grandes grupos financieros se reúnen en el Foro de Davos para ejercer su liturgia de millones. Allí dictan las leyes del mercado que gobierna el mundo. Dicen que es para mejorar la situación de la economía mundial, pero en realidad sanean sus bolsillos a costa nuestra.

Mientras, luchamos por sobrevivir y soñamos con ser felices engañados por la publicidad. Mientras los políticos se enzarzan en batallas crueles alejadas de los problemas reales, y los partidos engrasan sus maquinarias de cara a las elecciones para asegurar el sillón de los respectivos aparatos, unos cuantos sacerdotes del capital marcan, sigilosamente, las líneas de nuestra existencia en su retiro invernal.

Un retiro que se celebra en el mismo escenario donde transcurre la novela La montaña mágica de Thomas Mann. Novela donde se exploran las ideas de una Europa nueva. Y allí también dio conferencias Einstein en una cumbre filosófica. El lugar, aislado del mundo, tiene un halo de cultura indudable. Un marco prestigioso.

Pero allí, los líderes económicos mundiales aplican rebajas a los derechos humanos y dan consejos que no son científicos, sino letales para los más débiles. Sólo dicen lo que conviene a los ricos, fuera de todo control democrático. La mitad de la riqueza mundial está en sus manos,  y la otra mitad se reparte entre el 99% restante.

El individuo desaparece aplastado por este sistema perverso que amenaza acabar con la política y la democracia porque le estorban. El mercado gobierna, los gobiernos sólo gestionan.

 

Este año, su lema es Liderazgo responsable y receptivo. Para responder, como explica su fundador y presidente ejecutivo a los retos actuales de descontento global con sus políticas de desigualdad:

El mundo que nos rodea está cambiando a una velocidad sin precedentes. En este punto de inflexión, nuestros conceptos tradicionales acerca de la sociedad, el empleo de calidad y el Estado-nación son desafiados, y muchos ciudadanos se sienten inseguros o incluso amenazados 

Entre sus cuatro desafíos está reformar el capitalismo y prepararse para la Cuarta Revolución Industrial, un gran salto impulsado por la era digital, que está transformando nuestra forma de vivir y trabajar.

Este año, la reunión incluirá a Shaping Davos,una iniciativa para conectar con jóvenes líderes de 20 ciudades de todo el mundo para abordar las preocupaciones de la generación de millenials,así como una serie de sesiones de empresarios sociales- personas que emplean los negocios para el bien social-.

Se habla de Derechos Humanos y la reunión la inaugura el presidente de China. Y parece que la juventud y el liderazgo social y humanitario estará representado por la cantante Shakira, a la que se otorgará un premio Cristal por su “trabajo en educación infantil”.

Ni una palabra para la tremenda tragedia de los refugiados sin refugio que mueren congelados a las puertas de Europa. Ni una palabra para un mundo que se cierra a recibir a los que legalmente tienen derecho a ello por parte de quienes sólo piensan en cómo mejorar sus ganancias. El miedo al otro ha calado perversamente en esta Europa desnortada.

Parece que van consiguiendo “rediseñar el mundo” como rezaba el lema de hace tres años, porque esta mal llamada crisis sólo es un cambio total del mundo que conocíamos.

No parece transitoria y no es probable que volvamos al punto de partida, porque las fuerzas del dinero han decidido acabar con el débil Estado de Bienestar para entrar en una época en la que el miedo lo dirija todo.

El miedo a no trabajar se convierte en motor del mercado laboral. Y se acepta la precariedad, la inseguridad, incluso la esclavitud que dicta el empresario.

Porque las recetas del recorte  han  aumentado las desigualdades, y los de abajo ni siquiera pueden salir de la pobreza aun trabajando. “Los salarios no han bajado lo suficiente” dicen a coro nuestros empresarios y el siniestro FMI. Y nuestros salarios están ya muy por debajo de nuestras necesidades.

España ya es la campeona de la desigualdad en Europa. Quizá por eso nos felicitan, en un ejercicio cruel de cinismo que sólo contenta a nuestros inútiles gobernantes. Quizá les premien con una silla en Davos un año de estos. Aunque su curriculum esté en blanco, como el del ministro Soria o la alcaldesa Ana Botella hace algún tiempo. Ambos hoy han abandonado ya sus puestos y no precisamente de modo honorable.

Este año los agentes del poder, en un ejercicio de marketing, han decidido denunciar desigualdades y el miedo al futuro. No por solidaridad, sino por egoísmo. Ahora se dan cuenta de que los trabajadores pobres no pueden consumir sus productos, de que la desigualdad es mala incluso para sus negocios.

Hay miedo a perder las casas. Los desahucios se disparan, el empleo cada vez es más precario, cuando existe, y miles de personas se ven en la calle a pesar de las palabras engañosas de nuestros gobernantes y las mentiras de su prensa amiga. Crecen cada día los trabajadores pobres que no llegan a fin de mes.

La burbuja inmobiliaria que crearon ellos para enriquecerse sin freno, ha destruido  ilusiones de los de abajo que creyeron sus falsas promesas de progreso. Y aún pretenden seguir inflándola repitiendo el mantra de la recuperación que nadie nota.

Hay miedo al futuro que nos pintan oscuro y sin salida. La derecha ha conseguido con el bombardeo de sus medios afines, hacernos ver el futuro como amenaza. Así nos replegamos, cerramos los ojos, nos agarramos a clavos ardiendo y hasta permitimos que nos gobiernen quienes nos han traído hasta aquí. Parece que hay una ola de resignación creciente que arrasará con los logros de años.

El futuro no existe más que en el presente. Se hace ahora con nuestros miedos y nuestras ilusiones. Y es ahora cuando hay que construirlo. Es la hora de revertir el miedo que nos imponen, el castigo que no nos merecemos y que pagamos de manera injusta.

Como ha demostrado la ejemplar lucha de la “Marea blanca” en Madrid por la Sanidad pública. La de todos. Y que sigue en la brecha denunciando abusos intolerables. Porque la salud no es un negocio sino un derecho universal.

Porque se puede y se debe luchar por otro mundo. Nunca hay que resignarse. Si nosotros no defendemos lo que es nuestro, nadie lo hará.

La conciencia cívica puede obrar el milagro de recuperar los derechos humanos. Cambiar la sociedad del despilfarro por la del reparto, donde la ética y la honestidad sustituyan a la usura y la desvergüenza del  dinero. La utopía es la verdad del mañana. Pero debemos abrir los ojos.

Esta situación de emergencia ha hecho despertar ya conciencias dormidas, nos ha sacudido de modo tan terrible que la sociedad ya no se cree más patrañas. Somos muchos y juntos podemos luchar por más democracia, más igualdad y más justicia contra los sumos sacerdotes de Davos.

Aunque cada vez se difunda más la especie de que nada puede cambiar. De que hay que replegarse y resignarse.

 

Como dice Ignacio Ramonet:

Basta de aceptar la globalización liberal como una fatalidad, basta de ver el mundo transformado en mercancía. Basta de aguantar.

Imagen 1: Pintura de Costa Dvorezky

Imagen 3: Fotografía de Michal Macku, Gellages

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: