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Se llama mentira, no “posverdad”

07/12/2016

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No es nada fácil ser libre en estos tiempos manipuladores y confusos del siglo XXI. Sesudos analistas afirman que la gente “vota mal”, las encuestas fracasan estrepitosamente y el mundo parece tambalearse.

Conceptos como “masa” o “gente” vuelven a estar en boca de muchos para disolver las discrepancias y obviar la diferencia individualizadora. Cuando no, para justificar sus acciones. Y muchas veces no hay diferencia, en la utilización de los mismos, entre la derecha y la izquierda. El “sentido común”  se encuentra con el “lo que quiera la gente”. ¿Quién es la gente y qué es el sentido común?

Lo cierto es que cada vez es más difícil separar la realidad de lo mediático. Los hechos se esconden tras las consignas interesadas y se nos oculta la verdad. Hasta la mentira se dulcifica y se hace más tolerable, incluso teñida de una aureola de dignidad, llamándola perversamente “posverdad” Como si la verdad tuviera un tiempo y este hubiera pasado. Parece que ya no está de moda ser honrado. Decir la verdad está anticuado, y los votantes parecen premiar al mentiroso. O nada les importa ya si les mienten. Lo que que es mucho peor.

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Negar los hechos y sustituirlos por una realidad fabricada a la medida de sus intereses es la doctrina de los ultraderechistas desde Trump a Le Pen, pasando por los neonazis del NPD o el Amanecer Dorado griego. Y no parece ser consigna exclusiva de ultras sino que se ha extendido también -¡ y de qué manera!- a la derecha de nuestro país.

Deberíamos sentirnos ofendidos porque insultan nuestra inteligencia. En su delirio pretenden que confundamos su realidad fabricada con  la realidad que vivimos y sufrimos en nuestras carnes. Deterioro galopante de la calidad del empleo, de la asistencia sanitaria, de la igualdad educativa, de la atención a los débiles. Pobreza alarmante, corrupción que enriquece a los de siempre… Fraude fiscal que detrae dinero de nuestros impuestos y hace más difícil aún la redistribución de la riqueza. Derechos conculcados y leyes al servicio del poder.

Un partido conservador que desafía las leyes de la democracia y las normas más elementales de la ética no es bueno ni siquiera para sus votantes. Crear núcleos duros de opinión que los justifique, vía emisoras episcopales, medios afines y no tan afines como La Sexta que dan voz y engrandecen a pseudoperiodistas que ofenden la decencia, nos lleva a una política de agresión, sin alternativa ni consenso que empieza, por desgracia, a afectarnos. En el barro, sólo ganan los que están acostumbrados a él.

Sembrar también el miedo apocalíptico a cualquier tipo de cambio, en nombre de una pretendida recuperación que sólo parecen notar ellos, sólo lleva al extremismo irracional y al individualismo defensivo. El sálvese quien pueda que destierra la compasión y la solidaridad. Y que conduce a conservar lo poco que se tiene, conformándose con un gobierno corrupto antes que intentar un cambio.

El carácter, dice Goethe, se forma en las oleadas impetuosas del mundo. Y esas oleadas pretenden ahora que no pensemos. Porque “pensar debilita” como afirma el franciscano de la patriótica y nada inocente película Los últimos de Filipinas. Película auspiciada por los medios afines al poder conservador y nacionalcatólico: RTVE, 13TV, Telemadrid y en la que se desgranan todos los tópicos de un patriotismo, rancio hasta lo ridículo y peligroso hasta lo inimaginable.

El espectador es conducido irremediablemente hacia una linea de pensamiento impuesta, como si no fuera lo suficientemente adulto como para poder discernir entre justicia, honor, imperio, error, violencia, valor y otros valores implícitos en esta heroica historia. 

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Una adaptación al S. XXI de la película propagandística del franquismo de los años 40 del siglo pasado. Parece que no sólo no avanzamos sino que retrocedemos.

El mensaje que prevalece hoy en nuestra sociedad no es el más verdadero sino el más fuerte. La política se ha convertido en espectáculo y la ideología deja paso al marketing. Consignas simples e infantilizadas sustituyen a la verdad que sólo está en la reflexión madura. Pero poco se puede reflexionar en 140 caracteres de Twitter donde parece ser que se desarrolla ahora la política. Las mentiras en las redes marcaron de forma decisiva la campaña electoral de Trump en EE UU. Y nadie parece preocuparse de que eso decida, cada vez más, quién sea el que nos gobierne.

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Se adormece nuestra capacidad intelectual. Las televisiones escupen imágenes dirigidas al sentimiento, no al cerebro. Consumimos propaganda dirigida a las tripas, no al cerebro. Consumimos lo que ellos quieren, se nos vende ideología disfrazada de falso debate.

Se nos lleva dócilmente al campo del instinto de masa donde es más fácil manipularnos. “Votad con las tripas”, decía Beppe Grillo antes del referéndum italiano. “No votéis con la razón” porque eso podría ser peligroso.

Nunca las emociones han sido buenas consejeras en las decisiones. Pero sí son buenas aliadas del populismo de uno y otro signo para llevar al votante a su terreno. Y más, en épocas de crisis y de desesperación.

 Por eso es necesaria una ciudadanía tolerante y culta, pensante, capaz de hacer frente a los nuevos retos. Que no se deje engañar y afronte los hechos con libertad.

La crítica es sana y necesaria, pero no lo es la mentira fabricada y difundida sin pudor, ni la dentellada desleal, ni la agresión. Democracia y palabra son indisolubles. El lenguaje nos convierte en humanos y nos separa de los animales. La reflexión exige serenidad. El pensamiento requiere calma y tiempo. La argumentación necesita espacio y huye del eslogan fácil y del titular efectista.

Las opiniones siempre deben someterse a crítica, pero nunca las personas. Atacarlas, como se hace hoy, cada vez con más frecuencia, sólo descalifica a quien lo hace.

La moderación es la conquista más ardua del espíritu y a la vez el arma más certera.

, afirma Manuel Vicent.

La única arma me atrevería a decir. El fanatismo emocional puede hacernos víctimas a todos. El discurso del odio mancha a todos, sin excepción, y sólo beneficia a los oportunistas que saben encauzarlo hacia sus intereses. Sólo hay que mirar alrededor y ver por dónde caminan los últimos resultados electorales.

Si no reaccionamos pronto, quizá mañana sea ya demasiado tarde. Pensar no debilita, sólo es molesto para los que mandan. Por eso no quieren que pensemos sólo que sintamos rabia y, con ella en la mano, les votemos.

Imágenes: fotografías de Chema Madoz

2 comentarios leave one →
  1. Antonio permalink
    08/12/2016 13:17

    Cuanta razón tiene usted Dª Agustina, hasta que podamos llegar a una persona un voto, sin distinguir de donde proviene nos continuarán engañando como a “chinos”.

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    • 08/12/2016 18:41

      ¡Qué alegría volverlo a leer por aquí, Antonio! Sí, nos falta mucho camino para lograr lo que desea. Pero seguiremos luchando por ello.
      Un saludo para usted y para Amparo.

      Me gusta

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