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Dolor de madre para alumbrar al mundo

17/06/2016

 

Testimonio desgarrador de una madre siria atrapada en Grecia que busca la pista de sus hijas desaparecidas en algún lugar de Europa. Estaba atrapada en la isla griega de Lesbos justo cuando la Unión Europea firmó su acuerdo ilegal con Turquía.

 

 

 

Inmensas caravanas de mujeres hinchadas

llevan cirios de ortigas

en sus pálidas manos.

Interrogan los astros,

huelen la piel blanca de las tahonas

y se palpan los vientres

donde están palpitando

futuros esqueletos.

Las mujeres miran el cementerio

y aprietan en sus labios deshojadas canciones,

delgadas canciones donde pone la muerte

unos rotos pañales para alojar al hijo.

La flor de esqueleto palpita en la blancura

de este pétalo líquido que los novios trabajan

y la iglesia bendice y la cama recoge

en la noche encendida de la boda.

Las mujeres  interrogan la luna

y envidian su redondo vientre blanco

que sólo pare rayos inmortales;

y llevan en sus manos

cirios llenos de ortigas

para alumbrar con su dolor al mundo.

MANUEL PACHECO (1919-1998)

 

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En palabras de Luis García Montero:

Europa viola sus propias leyes, incumple con sus acuerdos internacionales y con el derecho de asilo, firma una subcontrata con un país inseguro y sin condiciones para  la solidaridad, deja a los seres humanos en el desamparo y mantiene un muro, o una alambrada, o una guillotina de olas, o un patíbulo legal para que la gente pierda la vida ante sus fronteras.
(…)
Mirarse en el mar o mirarse en el espejo supone hoy un ejercicio peligroso para Europa. Los ojos ven crueldad, miedo, miseria, muerte. Pero las personas no pueden cerrar los ojos. No se trata ya de compadecer, imaginar el dolor ajeno y solidarizarse con los otros. Es una cuestión de principios, de solidaridad con nosotros mismos y con nuestra condición humana. No podemos aceptar la degradación íntima a la que nos está condenando el dolor de los refugiados sin amparo. Los niños muertos sostienen en sus brazos el cadáver de Europa.
Debemos gritar a nuestros gobernantes que no compartimos su falta de humanidad, su desprecio por las leyes y los derechos humanos. Debemos exigir que se cumplan las leyes que protegen a las personas refugiadas. Debemos ser la voz de los que ya no tienen fuerzas ni medios para hacerse oír.
Los que teniendo voz callan, no son personas. Digamos NO a esta Europa que traiciona sus valores fundacionales.
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