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No cerremos los ojos

27/03/2016

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John Berger señaló recientemente que un libro, a diferencia de sus autores, crece más joven a medida que pasan los años. Ciertas obras no envejecen y siguen siendo tan pertinentes en el presente como lo fueron en el momento de su publicación.

Eso ocurre con su libro, Un séptimo hombre, una obra publicada en México en 1975. Es un alegato certero sobre la migración humana y la condición de los  migrantes en Europa.

Es el relato del camino de millones de personas obligadas a abandonar su tierra y familia para convertirse en trabajadores migrantes.

Berger ha colaborado una vez más con el fotógrafo Jean Mohr para producir este lamento por el subproletariado, los trabajadores desplazados del sur de Europa.

Concebido como una película-documental-álbum de familia, el libro se estructura en tres capítulos que representan la salida, el trabajo y el regreso. Su potente mezcla de hechos, cifras, poesía, teoría abstracta y fotografías nos abre a la experiencia deshumanizante de la migración para revelar una falta embrutecedora de libertad en el corazón del capitalismo neoliberal, que Berger reconoce sin rodeos como “fascismo económico”.

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Revisión médica en Estambul/ JEAN MOHR

Ayer, Europa deshumanizaba migrantes y los reducía a mano de obra barata. Hoy, Europa cierra los ojos y las puertas a la llegada de refugiados. Los vende por unos millones de euros y los condena al sufrimiento y a la vuelta al terror del que huyen.

El interés, los cálculos electoralistas, el apego al poder han podido más que los derechos humanos, la solidaridad y la legalidad.

Porque esas personas tienen derecho de asilo, como reconoce la Convención de Ginebra desde 1951.

No se trata de caridad, ni de piedad, ni de hospitalidad, se trata de cumplir la ley. Y Europa no lo ha hecho.

Las fotografías son reliquias del pasado, dice Berger. Y también testigos del horror del presente.

Es posible que la fotografía sea la profecía de la memoria social y política todavía por alcanzar. Una memoria así acogería cualquier imagen del pasado, por trágica, por culpable que fuera.

Así lo afirma en su otro libro, Mirar, donde analiza cómo el ojo de la cámara y el ojo del artista nos hablan del significado oculto en la mirada cotidiana.

La vista llega antes que las palabras. El niño mira y ve antes de hablar.

Y los fotoperiodistas son hoy los ojos y la voz de los abandonados a las puertas de la Unión Europea.

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He recordado a Berger estos días en los que la memoria se plasma en las imágenes de los fotoperiodistas que captan el horror de los refugiados abandonados a su suerte por esta Europa cruel.

Este sistema despoja al individuo de futuro -nadie piensa ya en él- y lo obliga a ignorar el pasado como algo prescindible que puede ser tirado como una hoja de afeitar usada.

Las palabras de Berger deberían golpear nuestras conciencias junto a las imágenes de la vergüenza que nos hacen sentir dolor, rabia e impotencia.

Sólo un desalmado puede permanecer impasible. Reaccionemos. Hagamos lo que esté en nuestra mano para evitar que sigan siendo la insolidaridad y el egoísmo quienes dicten quién debe vivir en condiciones dignas y quién no.

No hay que resignarse. Berger vuelve a acertar cuando dice:

Cuando dos o más personas están de acuerdo se forma una bolsa de resistencia contra la inhumanidad del orden económico mundial.

En un pequeño rincón de esta Unión Europea, un grupo de gente ha decidido actuar.

Se llaman #RefugiatsBenvingutsGandia.

Cada miércoles, a las 8 de la tarde, nos concentraremos para denunciar esta vergüenza. Es un pequeño acto simbólico, pero que mantendrá viva la historia de miles de personas abandonadas a su suerte.

#GandiaDiuSÍ a la solidaridad, a la humanidad, a la legalidad, a la generosidad. Queremos acudir con la fuerza de nuestro apoyo allá donde una madre vacile bajo el peso de sus hijos, donde un niño llore de frío y de hambre, donde un hombre cargue con su anciano padre. Allá donde un ser humano sufra de abandono y de olvido.

En su web, http://benvingutsrefugiatsgandia.es/  se puede encontrar más información sobre la acción que está en marcha. Recogida de material para paliar las necesidades de los refugiados

No cerremos los ojos porque, como decía el poeta Juan Gelman:

No debiera arrancarse a la gente de su tierra o país, no a la fuerza.
La gente queda dolorida, la tierra queda dolorida.
Nacemos y nos cortan el cordón umbilical. Nos destierran y
nadie nos corta la memoria, la lengua, las calores. Tenemos que
aprender a vivir como el clavel del aire, propiamente del aire.
Soy una planta monstruosa. Mis raíces están a miles de
kilómetros de mí y no nos ata un tallo, nos separan dos mares
y un océano. El sol me mira cuando ellas respiran en la noche,
duelen de noche bajo el sol.

 

Mirar y actuar son hoy imprescindibles para no ser cómplices de la infamia.

A boy walks in the mud in a refugee camp set along the Greek-Macedonian border near the Greek village of Idomeni on March 15 2016 where thousands of refugees and migrants are stranded by the Balkan border blockade AFP PHOTO SAKIS MITROLIDIS

AFP PHOTO SAKIS MITROLIDIS

One Comment leave one →
  1. 19/04/2016 20:03

    Una pena, una injusticia y una ilegalidad, María. Muchos nos avergonzamos de lo que está ocurriendo, pero los que pueden impedirlo no hacen nada. Seguiremos denunciándolo. Gracias por tu comentario.

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