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El poema es un río que viene de la mar

21/03/2016

 

Llega puntual como cada año la primavera y, con ella, el Día Mundial de la Poesía.

Poesía…

Ese “pequeño pueblo en armas contra la soledad” que nos mantiene firmes, como afirmaba Javier Egea.

Si Garcilaso volviera
seguro que encontraría
sus armas tan bien veladas
que entre claveles y espadas
le entregaría su arnés
y el luminoso vigía
del pueblo de la poesía
yo sé que respondería:
¡qué buen camarada es!

Corren tiempos confusos en los que es difícil distinguir las voces de los ecos, como cantaba el maestro Machado.

La palabra se disfraza de gritos, de silencios, de mentiras, de fingimientos…

También nos han privatizado las palabras.

Pero hay un reducto puro en el que vuelven a nombrar el mundo, en el que se limpian de adherencias extrañas, en el que enriquecen lo que tocan.

No preguntes: camina.

A cada lado de la senda brotan

palabras infinitas.

Pásalas a tu alma

y camina, camina…

El poeta zamorano, Peñalosa, lo sabe bien y nos anima a caminar, buscando las palabras verdaderas que brotan a la orilla del camino. Sus versos dibujan bien la imagen de una estación de esperanza en la que las flores vuelven a señalar el camino de la vida que renace cada año.

Como ellas, las palabras renacen para señalar el camino. Se trata de caminar, de seguir, de no atender los falsos augurios que infunden miedo, que llaman a la resignación.

Algún día la luz será otra cosa

distinta del engaño

que padecen ahora nuestros ojos.

Algún día la luz,

además de ser luz y de ser muda,

será puro sonido de guitarras

tañidas sin reposo por el viento.

En cada poema encontramos algo de nosotros mismos. Cada poeta busca a su lector,  y en toda la poesía late un mismo anhelo: encontrarse para encontrarnos.

Como decía el lúcido poeta Octavio Paz:

Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.

Gracias siempre a la Poesía.

Y, también,  a los poetas por ayudarnos a encontrar la palabra.

Porque la Poesía es un arma cargada de futuro como escribe Gabriel Celaya, y canta la voz ronca de Paco Ibáñez:

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

(…)

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Seguimos tocando el fondo…

Imagen: fotografía de Chema Madoz

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