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No dejes que me hieran la poesía

20/02/2016

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Conocí a Teresa Núñez en una cena literaria. Esta madrileña de padre donostiarra y madre sevillana, poeta y narradora, había ganado el premio “Flor de Cactus”, que un grupo de soñadores llevó adelante en Gandia durante años. Un grupo que funcionó fuera de circuitos oficiales, sólo llevados por su amor a las palabras, al cine, a la pintura, a todo lo que significara creación.

Lo hizo con un relato delicioso: La señorita Blancaluz volvió a las seis. La historia de un regreso. Una historia íntima narrada con una prosa poética que desgrana hábilmente sentimientos, envueltos en un aroma que recuerda el realismo mágico. Una historia dura, expresada con sensibilidad exquisita.

Tras la cena, me dedicó con afecto un libro de poemas con el que que ganó el XV Premio de poesía Juan Alcaide.

Desde entonces es uno de mis libros de cabecera. Libro al que vuelvo en momentos dulces y amargos, en horas lentas de reflexión y en días de búsqueda de esperanza en la poesía.

Hoy he encontrado un hermoso poema suyo inédito. Y quiero compartirlo porque me parece un bello canto a las cosas cotidianas, al amor, a la pareja, a los recuerdos, a la vida y a la postvida. Una poesía que se toca, se siente y se huele como una espléndida mañana de primavera. Capaz de llegar dentro. Capaz de tratar con infinita delicadeza un tema duro.

Como en aquel relato, la autora es capaz de contar una historia  de pérdida con el hermoso envoltorio de la palabra tierna. Teresa Núñez tiene la maestría capaz de transformar el sentimiento en belleza. De hacerlo carne tibia que se siente, se toca, se ve…

Un poema en el que la habitación propia de Virginia Woolf se hace piel, en el que los sueños se hacen mar. Los nombres, música. Las palabras, rosas. Los retratos, luz. Los recuerdos, eternidad. La poesía, refugio.

Un poema que ganó el Premio Ciudad de Jerez en 2005.

DE MI CUARTO Y MI PIEL

 

 

Cuando yo me haya ido y se cuente tu edad como las luces

de las altas estrellas,

impunemente y sin malicia,

te sentirás feliz por entrar en mi estudio.

Y te pondrás a revolver en mis papeles.

Y el correo electrónico,

que tantas veces intentabas abrir sin resultado,

ya jamás guardará otro misterio que anuncios de Viagra

y fotos de top-less -todo escrito en inglés-.

 

Te pido que no abras los cajones. Allí he guardado el mar.

No es cosa que se escape y te inunde la casa.

También verás que dentro de la música

escribí para siempre los nombres que más amo.

Cuando te encierres en mi estudio, únicamente pon

la rutina del agua en las macetas.

Quizá entonces comprendas lo que dejé de hacer por ir contigo

o te dé tiempo a leer esa historia que contigo escribí.

 

Encontrarás las rosas, cada una acostada

en el lugar exacto del poema.

Permíteles dormir, si el tiempo no lo impide,

pero rompe palabras que no se hayan ido en la anarquía.

Rómpeme las ideas, lo inédito de la noche.

Que nunca me sorprendan

lo que pensé escribir después de amarte.

 

Sabes, mi cuarto es como yo: desordenado, prófugo,

con notas de violín en el fondo del pecho

y libros sin leer detrás de los estantes.

Este escritorio encierra lo que guardó mi vida,

aquello que jamás confesé a los amigos.

 

Llévate los retratos, eso sí,

porque son esos rostros los que me enamoraban

y ellos fueron la luz en los momentos tristes.

Por lo demás,  como serás tan viejo que ya no te preocupe

–tal vez- lo que sentía,

no muevas de su sitio los búhos, los diplomas

no dejes que se empolve

la bruja que trajimos de aquel viaje a Praga

ni permitas la entrada de quien nunca me quiso.

 

No dejes que me hieran la poesía.

 

Imagen: fotografía de Chema Madoz

2 comentarios leave one →
  1. Antonio Altabert permalink
    21/02/2016 8:12

    Un poema precioso Dª Agustina, la sigo y leo todo lo que publica en el blog.Un saludo a Vd. y su marido. Antonio

    Me gusta

    • 21/02/2016 11:26

      Gracias por su fidelidad al blog y por su amistad, Antonio. Conocer a su familia, su coraje, su coherencia y su valentía a la hora de defender sus ideales es un ejemplo impagable para nosotros.

      Un cordial saludo. Seguimos resistiendo y esperando.

      Me gusta

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