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De poetas, decepciones y esperanzas

16/02/2016

 

 

Uno va, viene y vuelve, cansado de su nombre;

va por los bulevares y vuelve por sus versos,

escucha el corazón que, insumiso, golpea

como un puño apretado fieramente llamando,

y se sienta en los bancos de los parques urbanos,

y ve pasar la gente que aún trata de ser alguien.

Como el poeta Gabriel Celaya,  voy y vengo,  aquí y allá.

Entre la esperanza y la desesperanza, entre la resistencia y la resignación… Luchando porque triunfen esperanza y resistencia.

Y ruego como él

Quisiera que escucharais las hojas cuando crecen,

quisiera que supierais lo que es abrirse el aire

(…)

Quisiera que pensarais después de tanto esfuerzo

que esa gloria y sorpresa fueron luz.

Porque, como decía la injustamente olvidada poeta de la Generación del 27, Ángela Figuera Aymerich:

 

 

Hay que vivir contra todo y a pesar de todo en un mundo convulsionado y atroz. Vivir viéndolo todo y sufriéndolo todo con todos. Terminó la íntima soledad del poeta. Porque también hay que escribirlo todo. Escribir contra ello y buscar algo que oponer al derrumbe.

(…)

El mundo es maravilloso, pero está mal dispuesto.

 “Lo importante no es hablar del pueblo, sino hablar con el pueblo”, en palabras del ingeniero poeta que lo dejó todo por la poesía.

Un poeta incluso denostado por los que no conciben la poesía como modo de transformar el mundo, como martillo para modelar la realidad que no nos gusta. Porque la cultura es la mejor arma.

Cantemos como quien respira. Hablemos de lo que cada día nos ocupa. Nada de lo humano debe quedar fuera de nuestra obra. En el poema debe haber barro, con perdón de los poetas poetísimos. La Poesía no es un fin en sí. La Poesía es un instrumento, entre otros, para transformar el mundo.

“Busquemos nuestra salvación en la obra común”, seguía diciendo. Y sus palabras me llegan limpias y renovadas en días en los que aquellos que tienen en su mano una oportunidad histórica de hacer algo por los que sufren, se mueven en las aguas pantanosas del teatro de agravios, en las palabras retadoras, en los cambios de cromos, en las sobreactuaciones que sólo se quedan en la superficie sin ahondar en los problemas…. Desenfocar la actuación es tan grave que puede arrasarlo todo. Equivocar el camino supone no solo no avanzar, sino retroceder.

Y mientras, la gente sobrevive con trabajos esclavos, es desahuciada por bancos y fondos buitre, malvive con pensiones de los abuelos… Espera que se imponga la cordura, aguarda algo de sensatez en estos días. Esa gente “que aún trata de ser alguien” espera ,desesperada, desalentada y perpleja.

Ojalá esos que presumen de nueva política sepan leer y entender las palabras del poeta al que citan en sus mítines. Ojalá vuelvan las palabras a su sentido verdadero. Ojalá el diálogo se imponga a la soberbia.  Ojalá.

Entretanto, seguiré aquí y allá, entre palabras de poeta. Buscando la esencia de la “paz y la esperanza”. La esencia de la poesía que significa ser con los demás.

Porque me niego a aceptar que todo quede en nada después de tanto esfuerzo, después de tanto sufrimiento. No es posible navegar tanto para morir a la orilla. No es posible que ganen los de siempre por miedo a ser audaces.

Y vuelvo a Celaya:

Mientras haya en la tierra una sola persona que cante,

quedará una esperanza para todos nosotros.

 

Imagen 2: fotografía de Chema Madoz

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