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Rebajas, también de derechos

19/01/2016

 

 

 

La nueva religión del consumo también tiene unas tablas de la ley. Y en ellas está escrito que ahora tocan rebajas.

Una extraña multitud, de toda edad y condición, se agolpa, ávida y expectante, a las puertas de las catedrales del mercado.

Atraídos por el inexorable imán de la publicidad, que no de la necesidad, acuden fieles a rendir homenaje al consumismo.

¡Extraña religión esta que nos arrastra con todas las cadenas hipnóticas de los “ismos”!

Han conseguido que esta poderosa y cara adicción produzca placer. Y eso engancha.

Placer que se refleja en la sonrisa de los madrugadores que atraviesan, en loca carrera, el pórtico de cristal del megacomercio y dan el pistoletazo de salida a la temporada.

¿Qué fuerza empuja a la multitud de bolsillos esquilmados a agotar sin piedad sus recursos en busca del objeto innecesario y a exhibirlo, como botín de guerra, tras la lucha por conseguirlo?

“Presume de rebajas”, “son absolutamente imprescindibles” “rebajas que enamoran” susurran voces aterciopeladas que nos atraen con sus cantos de sirena desde radios y televisiones.

Personajes famosos, cargados de bolsas en equilibrio inestable, nos animan a terminar con los excedentes que el mercado conserva en sus recintos.

Y respondemos dóciles y sonrientes, con la íntima satisfacción de haber logrado un sueño que nos tentaba inalcanzable tras el cristal del escaparate.

Los sacerdotes de esta nueva religión, que nunca han sido tan poderosos ni tan escasos, sonríen complacidos y condescendientes.

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Sus fieles adoramos, como cada año, las cifras mágicas del 70, el 50, el 30, el 20%… A cambio de unas migajas de felicidad.

Suben las ventas, y se vacían nuestros bolsillos.

El mecanismo se engrasa eficazmente para encarar la nueva temporada. La moda efímera se encarga cada año de convertir en anticuado el objeto útil todavía, pero pasado de moda.

Las fauces del mercantilismo los devoran sin piedad para vomitar otros nuevos que renueven su sangre.

De este circuito cruel están excluidas miles de personas. Duele contemplar la ceremonia del despilfarro en un mundo en el que sólo unos pocos tenemos la vida garantizada frente a millones de infelices  excluidos que hoy nos observan perplejos y puede que mañana indignados.

Según un informe de Oxfam Intermon, el patrimonio en conjunto de las 20 personas más ricas de España se acercaba el año pasado a 115.100 millones de euros. Así, este grupo acumulaba la misma riqueza que el 30% más pobre del país.

Nuestro país se ha situado entre los países donde más se ha incrementado la desigualdad de ingresos y el número de personas en situación de pobreza y riesgo de exclusión, bajo privación material severa.

España ha sido uno de los ejemplos de que “las políticas redistributivas implantadas por los gobiernos son menos eficaces en la lucha contra la desigualdad”.

Este informe señala claramente cómo el incremento de la pobreza y la desigualdad son consecuencias directas de decisiones políticas erróneas que son fácilmente reversibles. Es incomprensible que en un momento de crisis, donde se necesita proteger a los más vulnerables, las medidas que se adoptan son las contrarias: por un lado reducir la inversión en políticas públicas y por el otro poner en marcha un sistema fiscal que beneficia a los que más tienen y empobrece a la mayoría.

afirma su director, José María Vera.

No se trata de fácil demagogia sino de estricta justicia.

Es imprescindible que los partidos políticos incorporen en sus programas medidas que reduzcan la desigualdad e incrementen de forma decidida el gasto social que beneficie a los más vulnerables.

dice Lara Contreras, responsable de incidencia política en Oxfam Intermón.

Decía Raymond Queneau ya en 1938:

El objetivo de cualquier trasformación social es la felicidad de los individuos y no la realización de leyes económicas inevitables.

En Davos (Suiza), como cada año, se reunirán los sumos sacerdotes del dios-mercado para hacer balance de sus ganancias. Aplicarán rebajas también a la justicia social en nombre de la economía.

Dictarán las leyes para el próximo año por encima de gobiernos, elecciones y parlamentos. Gobernarán en la sombra sin que nadie los haya votado. Exigirán sacrificios-recortes en nombre de sus beneficios y marcarán la precariedad de los más en aras de la prosperidad de los menos.

¿Alguien se atreverá a defraudarlos? ¿Entenderán los políticos que urge un pacto contra la desigualdad por encima de intereses de cualquier tipo? ¿Seguirán aceptando las rebajas de derechos humanos impuestas por el poder económico?

Ya va siendo hora de hacer valer la justicia y no tolerar las rebajas de derechos.

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