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Dudas

20/12/2015

 

 

Los clásicos lo son precisamente porque son eternos. A veces, tienen más que decir de lo que pasa en nuestros días que muchos de nuestros contemporáneos.

En esta época electoral –confusa, apresurada y combativa- en la que líderes de toda clase e ideología pretenden convencernos y conseguir nuestro voto, viene bien recuperar la doctrina de Cervantes.

El Quijote es la novela del diálogo y la duda frente al dogma contrarreformista imperante en la época. Instaura un mundo de incertidumbres, moderno y cercano al que vivimos.

En ese mundo, don Quijote desempolva viejas armas y se lanza a los caminos en busca de una verdad llena de dudas, pero basada en el honor y la fidelidad a unos ideales.

El caballero aprendió antes de su muerte que la verdad no existe, pero que vale la pena luchar y morir por ella.

Aprendió, también, que las verdades absolutas y los dogmas –sean religiosos, políticos o morales- son la base del inmovilismo. Se imponen por la fuerza y provocan parálisis, miedo y falta de crítica. Silencio.

Dudar no le impidió la acción, ni equivocarse lo hizo flaquear en su empeño.

Nuestra época no puede ser comprendida con verdades absolutas, como pretenden algunos, sino con dualidades en lucha activa y razonadora. Con pactos, diálogo y entendimiento. Llegó la hora de los pactos.

Decía Unamuno que el único modo de vivir es dudar. Pero de esa duda se deriva la acción, no la pasividad que es sólo signo de derrota. El refugio en la duda para evitar la acción es de cobardes.

Por supuesto que nunca podemos estar seguros del todo, sólo lo están los dogmáticos. Y el dogma es lo contrario de la verdad.

Quien no duda no vive. Quien vive en el dogmatismo es como si estuviera muerto.

Este domingo deberemos buscar nuestra verdad y manifestarnos en las urnas. Verdad incluso en la duda, porque no existen certezas sin fisuras.

Dudemos, pues, activamente y participemos en la única ocasión en la que podemos elegir personalmente.

Vivimos tiempos de emergencia, porque los que nos gobiernan ha devaluado la democracia. Y pretenden seguir ocupando las instituciones para saquear aún más este país.

Pero la democracia está por encima de sus manejos y puede ser un instrumento valiosísimo para expulsar a aquellos que se creyeron dueños de un poder que sólo tenían en préstamo.

La democracia, toda democracia es un proceso en construcción. Y se hace todos los días más allá del voto, pero también, y sobre todo, con él.

La duda es revolucionaria porque evita el fanatismo y promueve la tolerancia. Aumenta nuestro conocimiento y nos permite elegir en libertad. Desempolvemos las viejas armas y actuemos votando.

Hagamos oír nuestra voz porque, como dice Emilio  Lledó:

Dentro de todo no hay un pequeño sí,  y dentro de todo  hay un pequeño no”.

Pero ¿qué hay en el silencio, en la abstención? Quizá sólo el miedo y la cobardía de Sancho.

El silencio, la conformidad y la abstención tienen un alto precio porque, con todo lo que hoy sabemos, nos convierte en cómplices.

Nosotros tenemos la última palabra.

Imágenes: Fotografías de Chema Madoz

 

2 comentarios leave one →
  1. Maite González permalink
    24/11/2016 17:44

    Hola, soy Maite, me gusta Emilio Lledó, admiro su discurso idealista, trasmite entusiasmo sobre esa esperanza tan necesaria para seguir avanzando, aunque sea a poquitos. Sin embargo, discrepo en esa idea de que la verdad absoluta no existe, yo creo que sí, lo que no es, un dogma, pues el dogma es una imposición sin razonamiento, el dogma no se permite cuestionar, mientras que la verdad sí, de hecho, la verdad necesita que la cuestionen, para así, derrotar a las falsedades, y no tiene miedo, pues siempre saldrá intacta. Precisamente, en esta torre de babel de las ideas en que vivimos, hace falta despejar las verdades esenciales, como si fueran fórmulas matemáticas, para, partiendo de ellas, despejar tantas incógnitas, y desenmascarar tantas mentiras.
    Quisiera que esta opinión llegara a Emilio Lledó, así como mi deseo de contactar con él
    Saludos.

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    • 30/11/2016 11:48

      En esta materia sigo el sabio consejo del maestro Antonio Machado:

      ¿Tú verdad? no, la verdad;
      y ven conmigo a buscarla.
      La tuya guárdatela.

      Respecto a Lledó, compartimos admiración y él tampoco es partidario de las verdades absolutas o de La Verdad con mayúscula. Su profesor en Alemania, Hans Georg Gadamer, era un filósofo totalmente contrario a la Verdad Absoluta.
      Lledó,en sus clases, recordaba a sus alumnos que “dentro de todo sí hay un pequeño no, y dentro de todo no hay un pequeño sí”.

      Siento no poder hacerle llegar su comentario, pero estoy segura de que dialogaría gustoso con usted como lo hace con cualquiera.

      Saludos.

      Me gusta

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