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Los olvidados derechos humanos

10/12/2015

 

 

 

Hoy cumple 67 años la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Un acuerdo histórico que pretendía aportar algo de sensatez al mundo del siglo XX, empeñado en un suicidio colectivo, orquestado por la orgía de sangre y dolor de las dos guerras mundiales.

Sus treinta artículos, concisos y certeros, deberían hoy servir de base a los programas de todos los políticos del mundo. Por el contrario se silencian, cuando no se vulneran sistemáticamente.

Parece haber desaparecido la justicia como simple “derecho a existir” del ser humano. La libertad, la igualdad o los derechos civiles son palabras tan repetidas como vacías de significado en la práctica.

Una flagrante hipocresía social permite desigualdades reales que amenazan con convertirse en abismos de la mano de la crisis que nos aplasta.

Los poderes políticos se están convirtiendo en meros servidores del poder económico que amenaza con regir el mundo, poniendo en peligro hasta los valores democráticos.

España es el país de la OCDE en el que más han subido las desigualdades con la crisis. Y esto frenará la tan anhelada recuperación. La de todos, claro, no la de unos cuantos. Esa sí está asegurada.

Nuestra democracia formal padece un grave déficit en materia de derechos humanos.

Las mujeres siguen muriendo a manos del machismo secular. Este otoño está resultando especialmente trágico. En lo que va de 2015 han sido asesinadas 51 mujeres. La sociedad patriarcal permite y tolera que las mujeres sean asesinadas por el hecho de serlo. Sólo nos faltaba la actitud intolerable, retrógrada y profundamente machista del “nuevo” partido Ciudadanos, que ya tiene nueve largos de vida, y que defiende ahora que los asesinatos de mujeres son mera violencia. Los asesinatos serían insoportables en cualquier otro sector social. Habrá que recordar, una vez más, que las mujeres son también seres humanos. Y que el Tribunal Constitucional ha avalado el agravante penal de violencia de género.

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Miles de jóvenes trabajan en condiciones de semiesclavitud atrapados en las redes de empresas sin escrúpulos. Contratos por horas, pagos en negro, sin cotización, sin derechos, sin dignidad. Pero gracias a ellos el presidente Rajoy dulcifica sus estadísticas del paro. Son expulsados del país, con lo que desaparecen del mercado laboral y se les dificulta el voto desde el extranjero, porque no conviene al poder que expresen su indignación. Sólo un 6% podrá ejercer su derecho a voto. Otro derecho conculcado.

El derecho a una vivienda digna se ve amenazado por la especulación corrupta y salvaje amparada en la indiferencia, cuando no en la alianza, de poderes públicos y de bancos.

La Comunidad Valenciana, gobernada por el Partido Popular, lideró los desahucios en España y los aumentó en un 56% en 2014.

No se cumple el derecho constitucional de la persona a una vivienda digna y se hace caso omiso a la denuncia del Tribunal de Justicia Europeo, que considera que la ley española de desahucios vulnera la normativa europea y no protege derechos de los consumidores.

El derecho a la libertad de opinión e información languidece en medios de comunicación manipulados por el poder político y económico. La televisión española no es la televisión de todos es la televisión del Gobierno. Está pagada por todos y se ha convertido en la televisión del Partido Popular en el gobierno, como denuncian sin cesar sus periodistas. Hablan incluso de una “redacción paralela“.

Una Ley “mordaza” regresiva legaliza la represión policial y pretende impedir el derecho constitucional a la manifestación y a la discrepancia a golpe de multas desproporcionadas.

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Por no hablar de las redadas policiales racistas que vulneran los derechos de las personas migrantes y las condenan a ser recluidas en los siniestros CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros). El de Zapadores, en Valencia, ha sido noticia por una intolerable epidemia de chinches que no es la mayor de sus plagas. Torturas, vejaciones, desprecios y hasta alguna muerte oculta son el día a día de personas que no han cometido más delito que migrar para buscar una vida mejor.

Los derechos humanos prohíben reprimir, perseguir, acosar y discriminar a las personas por razón de raza o nacionalidad. Y mucho más impedirles empadronarse, como hizo ilegalmente el exalcalde de Gandia del Partido Popular.Incumpliendo el dictamen de la Abogacía del Estado, las recomendaciones de la Defensora del Pueblo y del Síndic de Greuges. Y la más elemental regla de humanidad, porque lesiona derechos de las personas… Y su partido calló. Afortunadamente, el nuevo gobierno ha enmendado la injusticia y hemos vuelto a la senda de la legalidad y los derechos humanos.

Está claro que la mera palabra escrita no sirve. La Constitución española, esa que los miembros del Partido Popular defienden ahora con ardor guerrero, recoge esos derechos, como no podía ser de otra manera, e insta a los poderes públicos a cumplirlos.

Pero parece que, como le ocurre con el Evangelio a la jerarquía católica, no suelen leerla demasiado. Sólo la citan cuando les conviene.

Sus artículos, en demasiadas ocasiones, se quedan en simple declaración de intenciones. Y las leyes son vulneradas por los mismos que las elaboran.

Como decía Saramago:

Si no intervenimos a tiempo, el ratón de los Derechos Humanos acabará devorado por el gato de la globalización.

El mejor homenaje que podemos rendirle hoy a esta Declaración no es dedicarle un día, sino ponerla en práctica los 365 días del año, exigiendo a los que nos gobiernan que se cumplan nuestros derechos más elementales. Ahora tenemos la oportunidad de castigar con nuestro voto a quienes la incumplieron y a quienes se venden como nuevos con propuestas rancias y regresivas. No pueden dirigir un país quienes incumplen los derechos humanos y legislan en contra de ellos.

No es pedir demasiado. Sólo lo que nos pertenece por ley.

La dignidad inherente a todos los seres humanos.

Imagen 1 : Litografía que ilustra el primer artículo de la Declaración de los Derechos Humanos, en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

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