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Como la flor que crece sobre el agua

02/11/2015

Decía  Alberto G. Palomo,  en mayo de 2012:

Vicente Gallego transpira su existencia a través de sus poemas. Apenas habla. Apenas introduce sus versos. Se limita a recitarlos de forma pausada, casi de memoria, y a acompañarlos -si es necesario- de poemas de otros amigos porque “en poesía no hay un mío o un tuyo”, declara. En una ocasión explicó que disfrutaba mucho haciendo poesía a pesar de sufrir, “porque duele”. Ese dolor no le impide sumergirse en esta ocasión hacía sí mismo y dirigir la mirada a lo que le rodea, a lo más próximo, para dar las claves de su coyuntura próxima.

He recordado los versos de Vicente Gallego, en este “día nublado” no en lo meteorológico, que eso tiene más remedio. Y lo hago para recuperar los versos de su esperanza final en momentos duros: “esa dicha tan rara como la flor que crece sobre el agua”.

GENERACIÓN ESPONTÁNEA

Este día nublado invita al odio,
predispone a estar triste sin motivo,
a insistir por capricho en el dolor.
Y sin embargo el viento, y esta lluvia,
suenan hoy en mi alma de una forma
que a mí mismo me asombra, y hallo paz
en las cosas que ayer me perturbaban,
y hasta el negro del cielo me parece
un hermoso color.

Cuando no soportamos la tristeza,
a menudo nos salva una alegría
que nace de sí misma sin motivo,
y esa dicha es tan rara, y es tan pura,
como la flor que crece sobre el agua:
sin raíz ni cuidados que atenúen
nuestro limpio estupor.

Y sigue diciendo, certeramente, Alberto G. Palomo:

Cada uno de sus poemas lleva a una persona en el título. Una dedicatoria que hace de escudo y, a la vez, de materia. El destinado a su compañero Francisco Brines, por ejemplo, dice: “En esa alcoba nuestra del cariño, allá donde todas las almas se hacen una”, en referencia a la noche que pasó con él en el hospital tras una intervención cardíaca. Y es que este poeta a viva voz, que hace de “la mano generosa de los días” una nueva lumbre hacia el siguiente, va brindando con cada verso creado igual que con los desechados, porque, como ha afirmado anteriormente, “arrepentirse por tirarlos sería absurdo”. Y así es como se pone a prueba y se define. Con una frase que el recita rápido, casi por encima: “Cuanto más me abismo más me asomo”.

Quizá Generación espontánea llevaba en su título a todas las personas que esperamos, “cuando no soportamos la tristeza”. Quizá esa alegría inmotivada, que crece como una flor sobre el agua, venga a rescatarnos cuando, a veces, ya no se espera nada.

Porque hay que seguir caminando “de la mano generosa de los días”.

Aunque el camino se haga difícil y se estreche por los sitios de los precipicios, en

palabras de la poeta Gloria Fuertes.

Imagen: Poema visual-fotografía de Chema Madoz

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