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Triste espera

09/09/2015

 

 

 

 

 

Han pasado tantos años que no sé si soy yo quien se acuerda.

Á.Gabilondo

Aquel día, como tantos otros, fue renovando los sueños dormidos. Fue recordando seres, semblantes fantasmales escondidos en el fondo de su alma.

Iba recortando silencios y buscando, medio a ciegas, un destino añorado y perdido.

Un destino que escapaba a su presente y se deslizaba huidizo entre sus manos.  Lejos. Inalcanzable y ajeno.

Iba hilvanando las horas y tejiendo los años de espera, como una triste costurera en el borde del camino.

Cuando pasaban los otros, preguntaba: “¿Dónde vais? ¿Acaso allá lejos, al sitio donde unos ojos tranquilos, grandes como los de un niño, den reposo en el olvido?”

Y ellos se quedaban mirando. Miraban y seguían su camino…

Y enredaban entre sus pies los hilvanes del tejido de sus días, de sus horas, de sus sueños, de sus olvidos.

El camino va dibujando allá lejos, una mueca oscura y triste.

Y ella sigue en su ribera, a la orilla del camino. Esperando ver pasar un día unos ojos, limpios como los de un niño.

Y encerrar, al fin, en esos ojos su dolor y su destino.

Imagen: fotografía de Chema Madoz.

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