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De la indignación al voto. Por decencia y por responsabilidad

21/05/2015

Vivimos tiempos de emergencia porque los que nos gobiernan, en la ciudad y en la Comunidad, han devaluado la democracia. Y pretenden, a costa de lo que sea, seguir ocupando las instituciones para saquearlas aún más.

Pero la democracia está por encima de sus manejos y puede ser un instrumento valiosísimo para expulsar a aquellos que se creyeron dueños de un poder que sólo tenían en préstamo.

Como decía el añorado Francisco Fernández Buey:

La democracia, toda democracia, es un proceso en construcción.

Y se hace todos los días más allá del voto, pero también, y sobre todo, con él.

Ya es hora de que empecemos a tomar las riendas de esta nave que tiene pilotos muy poco eficaces. O directamente ineptos como Rajoy que afirma, en un país de más de 5 millones de parados, que nadie habla ya del paro.

A estos desaprensivos gobernantes les asusta la política como arte del bien común y hasta la participación. Por eso les interesa separarnos, enfrentarnos y fomentar la abstención, desprestigiando la democracia. Así lograrán seguir en el poder con menos votos.

Debemos  separar propuestas de propaganda vacía. Denunciar sin piedad a los políticos corruptos, pero no a todos. A los indecentes que viven de la política, pero no a todos. Todos los políticos no son iguales.

La culpable no es la política, sino ciertos políticos que la usan para sus fines. Las culpables no son las instituciones, sino las personas indignas que las ocupan y corrompen. Porque han hecho de ellas un sistema para delinquir.

La corrupción no sólo es un delito, también provoca paro y pobreza. Si el dinero que se desvía a actividades ilícitas se invirtiera en servicios sociales y políticas de empleo, la sociedad mejoraría.

En Valencia, la factura de la corrupción asciende a muchos miles de millones de euros sólo en procesos descubiertos. Casi el presupuesto de la Generalitat en 2013. Y el siniestro caso Rus amenaza superar esa cuantía.

Sobraría para cubrir con creces Sanidad, Educación y Servicios Sociales. Hay dinero, pero se ha desviado para enriquecer a unos cuantos.

Esta sociedad ha regalado mayorías absolutas a personajes sin moral que han manchado la decencia y la democracia. Muchos votos, durante años, han mantenido en el poder a personajes indignos. Personajes que se creyeron monarcas absolutos. Que nos trataron como a súbditos no como a ciudadanos. Que olvidaron que estaban ahí para servir al bien común.

Usaban las instituciones para su enriquecimiento sin escrúpulos. Los hemos oído, los oímos cada día, en infames conversaciones grabadas. Y las sospechas se vuelven certezas.

Se sirven de la democracia pero no creen en ella.

Ahora, con lo que sabemos, se trata de no olvidar. De ser consecuentes y de no dar nuestra confianza a quienes la traicionaron y se llevaron nuestro dinero y nuestros derechos. Los mismos que nos pedían austeridad y sacrificios con voz lastimera y con cara de circunstancias.

No son ellos los indignados ni las víctimas. Somos nosotros los que hemos soportado y sufrido sus desmanes. Nosotros, quienes nos apretábamos el cinturón mientras ellos se enriquecían.

Pero nos queda la palabra y el voto.

Votar es un derecho y también una obligación. No les hagamos el camino fácil a estos oportunistas que viven de la política. Negarles el voto es la manera de corregir y castigar la injusticia social que han propiciado, de recuperar los derechos arrebatados y de restaurar la democracia perdida.

Necesitamos castigar  la injusticia, la desigualdad, la xenofobia, la infamia de los que nos gobiernan.

No dejemos que sigan poniendo sus sucias manos sobre la política digna. No permitamos que ahoguen nuestra palabra, la discrepancia y la crítica.

Participemos en la única ocasión en la que podemos elegir de modo personal. Los hartos de estar hartos les marcaremos el camino de la salida y lo haremos en defensa de una democracia a la que han traicionado los mismos que llegaron al poder gracias a ella.

Desempolvemos las viejas armas de la decencia y la dignidad. Superemos dudas y miedos y actuemos.

Transformemos nuestra indignación en voto. Por decencia y por responsabilidad.

Para no ser cómplices de la infamia.

Imagen 1: Cristales de Rick Beck. Clear prostrate figure, 2014

Imagen 4:Cristales de Rick BeckAmber dreamer, 2014

Imágenes 2 y 3: Fotografías de Chema Madoz

Nota. Tras escribir esta columna, se hace pública una grabación que desvela el intento de compra del partido UPyD por parte el Partido Popular en Gandia. Un escándalo de dimensión nacional que conocemos gracias a la única publicación independiente de la ciudad, Gente de La Safor.

Ya conocíamos los métodos de compra de votos por otra grabación hecha por un vecino en la que se ofrecen entradas para un parque inexistente que sólo “será realidad” si se vota al PP.  Asunto del que se han hecho eco medios nacionales.

Las transcripciones muestran la indignidad y la campaña oscura de un alcalde antidemocrático que no duda en hacer sucias trampas para seguir en el poder. Que pone sus sucias manos sobre la política digna y traiciona la democracia a la que debe la alcaldía. Que ahoga la palabra, la discrepancia y la crítica mientras miente sin cesar en declaraciones a medios afines.

Queda clara su participación en el intento de corrupción, aparece su nombre, y su férreo control de los medios de comunicación de la ciudad. No nos merecemos más políticos zafios, marrulleros, mentirosos. Ni nos merecemos medios de desinformación masiva que los jalean y aplauden.

Precisamente, la revista Gente de La Safor, que publica el escándalo, es “castigada” por él por el mero hecho de informar y ser incómoda para el poder. Le niega publicidad institucional, de modo ilegal porque está obligado a hacerlo, y presiona a anunciantes privados para que hagan lo mismo. Una asfixia económica a la libertad de expresión fruto de la censura de un alcalde absolutista que muchos esperamos que sea expulsado por la ciudadanía del poder el próximo domingo. Le deseamos, como dijo Rosa María Sardà en su agradecimiento al Premio Max de Honor :

Unas vacaciones que esperamos que sean muuuuuy largas.

Por la política limpia. Por decencia y responsabilidad. Para no ser cómplices de la infamia.

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