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Patriarcado contra igualdad

05/03/2015

 

 

Si hubiera que elegir una palabra para describir hoy la igualdad entre hombres y mujeres sería “espejismo”.

Nadie niega que hemos conseguido la igualdad legal, pero estamos muy lejos de la igualdad real. Fundamentalmente, en dos esferas: el ámbito privado y los puestos de responsabilidad.

Respecto a la primera, la mujer liberada sólo lo es de puertas afuera. Duplica su trabajo, dentro y fuera de casa, se culpabiliza, obligada socialmente a ser una supermujer, y se siente dividida y agobiada.

Vive el malestar de ser persona en lo público y mujer en lo privado. De tener que viajar de una a otra sin descanso. La ambición, que se considera virtud positiva en los hombres, la mujer la siente muchas veces como egoísta y aborda su vida con una mezcla de esperanza y decepción.

Respecto a la segunda, no es una anécdota que la mujer deba decidir, de modo excluyente, entre lo público y lo privado. Que deba renunciar a carreras profesionales por ello y que casi nunca ocurra eso en el caso de los hombres. Cada vez más, mujeres agobiadas abandonan sus tareas públicas. Un 70% prefiere readaptarse a ascender en sus trabajos. El hombre prescinde de lo privado cuando le estorba.

Funciona a la perfección una jerarquía de género asimilada por todos, hombres y mujeres.

La dominación masculina, que sólo es educacional, se considera algo natural perpetuado por la familia, la escuela y la sociedad entera empapada de estereotipos.

El patriarcado teje en torno a la mujer una red espesa de machismo invisible, pegajoso y denso que ahoga, de modo sutil, el avance de derechos femeninos.

Poderes religiosos y políticos, imponen hoy corrientes patriarcales y dictatoriales. El machismo se mueve como pez en el agua en las dictaduras. Recordemos el franquismo.

Los años de gobierno del Partido Popular constituyen un ejemplo relevante para entender el duro ajuste ideológico de los derechos femeninos. Disfrazada de economía de crisis y de recortes, se impone una calculada vuelta de las mujeres al hogar. De donde nunca debieran haber salido, según los neocon.

La liquidación del Estado de Bienestar perjudicará gravemente a las mujeres. La violencia contra ellas también se ejerce desde el poder, y las leyes actuales vuelven a fomentar la desigualdad.

Se acaba con la ley de Dependencia y con la teleasistencia, se cierran centros de enfermos mentales, no se paga a  residencias de ancianos, se considera que la educación infantil no debe ser pública, como afirmó el alcalde de Gandia cuando decidió privatizarlas.

Las mujeres, un 98% son cuidadoras, soportarán otra vez sobre sus hombros la atención de niños, enfermos y ancianos. Deberán volver al trabajo durísimo y no remunerado, que siempre ha sostenido este sistema. Volverán a ser esclavas de la familia. La institución menos democrática que existe. Volverán al silencio y dejarán sitio libre a los hombres. Si acaso ocuparán puestos de segunda. Hay ya en este país un 80% de mujeres  trabajadoras pobres. Y un informe reciente de Cruz Roja señala que la pobreza tiene rostro de mujer.

Dos problemas solucionados a costa de las mujeres: paro y Servicios Sociales. La mujer hará el trabajo duro sin ser remunerada.

El patriarcado nos quiere en casa. Calladas, esclavas y sin autonomía económica. Sin dinero y sin vida propia… Dedicadas al cuidado gratuito.

De nosotras depende que no lo consigan. No podemos consentir que se pierdan los avances conseguidos y que no se nos trate como personas de pleno derecho que somos.

Basta ya de aceptar actitudes machistas cotidianas, como las del alcalde de Gandia con las mujeres.

De nada vale que el primer edil presida, tras una pancarta, jornadas puntuales por la igualdad cuando, de modo habitual, falta al respeto a la mujer en declaraciones públicas y en debates como el que tuvo lugar el viernes pasado.

Nunca he escuchado al alcalde aludir a concejales varones por su nombre de pila como sí hace con las mujeres. Ni declararles su afecto.

Obras son amores y no buenas razones. El cariño, el paternalismo y el machismo sobran. Falta mucho respeto y creerse la igualdad.

Es una pena que el señor alcalde no esté preparado para la igualdad y para la tolerancia.

 

 

 Imagen 2: pintura de Perla Fuertes

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