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Intolerantes con la injusticia y la mentira

04/12/2014

 

Ayer, 3 de diciembre, era el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. Tuvo escasa repercusión mediática, por cierto. Parece que el tema no es demasiado atractivo. No vende.

Si para algo sirven los “dias de”, es para reflexionar sobre temas olvidados. Y hacerlo sobre la discapacidad hoy, en este país, es hacerlo también sobre la Ley de Dependencia.

Hemos retrocedido 30 años en la atención a estas personas. La Ley ha sido liquidada por un Partido Popular que nunca creyó en ella. La exministra Mato, por orden de Rajoy, eliminó la aportación estatal . Unos recortes brutales de 2.500 millones de euros.

La OCDE reprocha a España gastar el doble en beneficios para los ricos que para los necesitados.

Cada cuatro horas, una persona dependiente perdió su condición en los años de gobierno Rajoy.

En la Comunidad Valenciana, el Consell debe 70 millones de euros al sector. Se tarda en pagar prestaciones tres veces más que en otras comunidades, incluidas las del Partido Popular. El 20% de las personas con derecho a ellas no la reciben. Ya han muerto sin recibirla 30.000 valencianos.

Además, se han perdido más de 20.000 empleos en el sector y los derechos sólo se respetan a golpe de sentencia judicial que las elevadas tasas, impuestas por el también exministro Gallardón, hacen cada vez más difícil.

Este verano, las personas dependientes estallaron en Alicante contra Juan Cotino. Una conversación entre su sobrino y Enrique Ortiz, el empresario de las corrupciones y amigo íntimo de Sonia Castedo, desveló que el entonces conseller de Bienestar Social y hoy imputado en la trama Gürtel estaba dispuesto a llenar los geriátricos de su familia, a costa de dejar de pagar a personas dependientes que vivían con sus familias.

Parece que lo consiguió antes de ser obligado a dimitir. Su subconsciente ayer lo delató al confesar en un lapsus que miles de veces “había metido la mano en la caja”.

Con este panorama, resulta cruel que nos den datos sesgados, que se oculte la verdad, que nieguen la evidencia y que se empeñen en la tarea cruel del “repago” de las familias.

En un alarde más de crueldad, el mismo Día de las Personas Dependientes, en las Cortes Valencianas se ha aprobado la tasa del copago con los únicos votos del Partido Popular.

Ya lo decía el periodista Michael Kinsley,

Las mentiras son tan ridículamente obvias que uno se pregunta por qué se molestan en fabricarlas. La forma característica de la falsedad es construir una realidad alternativa sobre un tema y tachar a todo el que se oponga de inepto obsesionado por los “matices”.

Este país ha construido una realidad paralela, basada en mentiras, en la que no existen los perdedores. Los ganadores se lo llevan todo. Los poderes económicos llenan los medios y parecen despreciar a los débiles. Como si fueran culpables de su desgracia.

Los hacen invisibles como en épocas oscuras. Lo que no se ve no existe.

Un estudio de la Universidad de Princeton desveló que la respuesta cerebral de los estudiantes ante fotos de marginados era prácticamente nula. Para ellos eran menos que humanos. Estremecedor.

La dignidad de las personas pasa por la igualdad. Un 63% de personas discapacitadas no tiene trabajo, ni lo busca. Falta también un compromiso efectivo por parte de las empresas.

 

Porque tienen más riesgo de caer en la pobreza y la exclusión. Y la solución no son limosnas puntuales, ni subvenciones con foto para vender la imagen del poderoso. La solución es integrarlos en la sociedad de modo efectivo, según sus capacidades. Es atender sus necesidades desde la escuela, cumpliendo la ley con tutores de apoyo. Lo que aquí no se hace.

Una comunidad no es sólo la suma de personas, sino un conjunto de ciudadanos con un fuerte vínculo cívico. Los que los une es la justicia y la labor de sus gobernantes es hacerles la vida más fácil y generar esperanza.

Por desgracia, parece que nos hemos quedado solos. Habrá que empezar a exigir desde la sociedad una verdadera comunidad en la que el beneficio de todos sea lo prioritario. En la que se persiga la equidad que pide dar más a quien más lo necesita.

En la que se nos una en la solidaridad y no se nos divida en aras del beneficio de unos pocos.

Aunque tarde, Ana Mato, Gallardón y Cotino ya no están ahí. Sin embargo quedan los responsables de sus políticas. Los que las ordenaron o los que miraron a otro lado.

Empecemos a ser intolerantes con la mentira y con la injusticia. Por dignidad y por decencia.

En palabras de Alejandro Jodorovsky,

No podemos cambiar el mundo, pero podemos empezar a cambiarlo.

Empecemos. Ya estamos tardando.

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