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Las leyes solas no bastan

27/11/2014

 

 

La Ley Integral contra la Violencia Machista cumple  ahora diez años. Fue aprobada por consenso, premiada y aplaudida en todo el mundo y pionera en la lucha contra una discriminación secular.

Hay que insistir en su carácter integral. Abarca ámbitos tan diferentes como el jurídico, el sanitario, el educativoo el sociológico. Debía vigilarse, cuidarse y desarrollarse cada día para que diera frutos y acabara, a corto y largo plazo, con la cara más dura y dramática de la ideología patriarcal y el machismo: la violencia. Pero el Gobierno Rajoy no lo ha hecho.

La ley sacó a la luz pública un hecho terrible que el patriarcado consideraba privado. Las cifras son estremecedoras. El 70% de mujeres sufre violencia machista, el 55% sufre maltrato psicológico y ha sufrido o sufre acoso sexual.

Y lo más terrible, 700 mujeres han sido asesinadas por sus parejas en esta década. En este año, ya son 45 los asesinatos confirmados.

¿Cómo se soporta esta situación que levantaría a toda la sociedad, si afectara a cualquier otro sector de ella?

La causa es que los patrones sexistas permanecen. Que estamos lejos de la igualdad real y que la justicia sola no basta. Las leyes, sin un compromiso de ética colectiva, se convierten en papel mojado. Mucho más, si no se aplican o se recortan medios.

En la legislatura Rajoy se ha incrementado el sobreseímiento de casos de violencia en un 158%. Caen las órdenes de detención y las denuncias bajan no porque haya menos violencia, sino porque hay más miedo y menos protección. En el franquismo, nadie denunciaba.

De nada sirve denunciar, si no se protege efectivamente a la mujer, si no se forma a policías, jueces y abogados, si se alimentan mentiras insoportables como las denuncias falsas. Está demostrado que no llegan al 0,005%.

Amnistía Internacional ha alertado de ello y la ONU ha condenado al Estado español por la muerte de una niña a manos de su padre, tras denuncias reiteradas y nunca atendidas de la madre.

No fracasa la ley, sino su aplicación. La tenaza que ahoga su desarrollo e impide aplicarla viene de la perversa alianza entre los recortes económicos y los ideológicos.

Con la excusa de la crisis, se han eliminado recursos de ayuda a mujeres maltratadas, se dictan menos medidas de protección, se cierran casas de acogida y centros de orientación. Se ha eliminado la Secretaría de Igualdad, que se oculta entre competencias de Sanidad, y que la ministra Mato ni atiende ni parece conocer.

Las campañas de prevención y sensibilización son escasas y poco efectivas.

El comité contra la discriminación de la mujer (CEDAM) denuncia la falta de protección de las víctimas en España.

A ello se une un silencio clamoroso de los gobernantes tras los asesinatos machistas de mujeres. Callar supone tomar partido. Volver a la invisibilidad que tanto daño ha hecho.

La nueva Ley de Educación elimina la asignatura de Ciudadanía. En la escuela falta una auténtica formación en igualdad que luche contra la aceptación por parte de cada vez más adolescentes de hábitos machistas, control de la mujer por el hombre y conformismo ante la violencia de género.

No ayuda, tampoco, el tratamiento que los medios de comunicación dan al tema. Las mujeres no mueren, son asesinadas, la víctima no es el centro de la noticia, sino que lo es el agresor. El asesino no es buena persona, como se repite frecuentemente.

Tampoco el lenguaje agresivo y sexista que usan muchos de nuestros gobernantes ayuda. Términos despectivos como “no se entera” dirigidos a mujeres políticas, llamarlas por el nombre de pila que nunca usarían en el caso masculino, menospreciar sus capacidades intelectuales. Esas actitudes destruyen la labor de años de avance.

Violencia son también las humillaciones, las miradas que ensucian, el acoso que queda impune.

El machismo es una espesa niebla que impregna todas las capas sociales. Un porcentaje excesivo de personas aún considera tolerable la violencia sexista. Se considera un ‘problema de mujeres’ cuando en realidad es un grave problema social que sufrimos las mujeres.

No acabaremos con la desigualdad que engendra violencia sin un cambio cultural de toda la sociedad que exija, de una vez por todas, acabar con la injusticia de despreciar a las mujeres.

La lucha por la igualdad es una lucha por los derechos humanos y por la democracia.

Ya lo decía Clara Campoamor, la mujer admirable que se inmoló literalmente por conseguir que las mujeres pudiéramos votar:

Sólo es un problema de ética reconocer a las mujeres derechos como ser humano. El feminismo, que algunos intentan ridiculizar, debería llamarse simplemente humanismo.

 Imágenes: pinturas de Perla Fuertes

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