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Hora de rendir cuentas

20/11/2014

transparencia

Este lunes, en las Cortes valencianas, el cofundador de Transparencia Internacional España (TIE), Manuel Villoria, ha hablado de regeneración de la auténtica, no de ese simulacro grotesco del que oímos hablar a nuestros gobernantes.

Resulta paradójico que las cuartas Jornadas de Parlamentos Autonómicos, dedicadas a la lucha contra la opacidad, se celebren precisamente en Valencia.

Una Autonomía cuyo gobierno acumula ya dieciocho sentencias condenatorias por negar información a la oposición.

Villoria advirtió de que la ciudadanía es más exigente y madura y de que ya no soporta el oscurantismo. Mucho menos, cuando se trata de dinero público y de derechos democráticos.

La corrupción no se soluciona con medidas cosméticas como portales en internet, ni con gestos hipócritas y palabras vanas. Es una enfermedad del sistema y sólo cortándola de raíz podremos sanear este ambiente putrefacto.

Y para hacerlo es imprescindible la transparencia. Una transparencia que supone rendición de cuentas y seguimiento constante de la actividad política.

No parece la mejor forma de ser transparentes no poner a disposición del ciudadano los gastos de sus representantes. Desde el alcalde al diputado, pasando por el senador o el diputado provincial.

El esperpéntico caso Monago destroza, una vez más, la confianza ciudadana. Otro personaje que miente repetidamente, cambia sus explicaciones y se burla de la sociedad con la complacencia de su presidente Rajoy.

Sonroja también saber que los dos grandes partidos han pactado, después, seguir ocultando viajes de los diputados y senadores. No han entendido nada.

En Gandia, el alcalde oculta por qué y para qué utilizó el coche oficial el día 9 de octubre, Día de la Comunidad Valenciana. Sólo unas multas inoportunas desvelaron lo que era un secreto. También él ha cambiado sus explicaciones y no convence a nadie.

Tampoco es transparencia la penúltima farsa que ha montado Esperanza Aguirre con un examen amañado a los alcaldes madrileños.

Ni los contratos fraudulentos, en los que Sanidad defraudaba a la Seguridad Social, en el Hospital Peset de Valencia, siempre Valencia, que han saltado a la prensa estos días. ¿Cuántas más prácticas antidemocráticas nos quedan por saber? ¿Hasta dónde han llegado y llegan la codicia y la impunidad?

Da la impresión de que los cuarenta años de dictadura marcaron a esta sociedad. Veníamos de tal oscuridad que las tinieblas nos parecieron luces y ahora, pasados los años, hemos despertado. Una sociedad cansada, agotada por una crisis que paga sin haberla provocado, ya no soporta que se le oculte nada de lo que tenga que ver con el gasto público. Exige claridad y decencia.

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Se ha acabado la práctica secular de los enchufes, de las familias con cargos hereditarios como los Fabra, de los nepotismos, de la escalada por la puerta de atrás, de las mordidas y de los chanchullos.

Si los que gobiernan no lo entienden ahora, pronto se lo explicará la ciudadanía en las urnas. Ahí están las encuestas.

Si no son capaces de barrer la indecencia, serán barridos por la indignación ciudadana. O cambian o los cambiarán los ciudadanos.

No es de recibo que tengan que ser los tribunales los que exijan la documentación, no es lícito ocultar pruebas, ni presionar a jueces, ni gobernar a golpe de denuncia. Cada vez que interviene un juez fallan los políticos.

La corrupción no sólo es un delito, también provoca paro y pobreza. Si el dinero que se desvía a mordidas y actividades ilícitas se invirtiera en servicios sociales y políticas de empleo, la sociedad mejoraría.

En esta Comunidad Valenciana, la factura de la corrupción supera ya los 13.000 millones de euros sólo en procesos descubiertos. Casi el presupuesto de la Generalitat en 2013.

Sobraría para cubrir con creces Sanidad, Educación y Servicios Sociales.

Es hora ya de abrir puertas y ventanas. Hora de rendir cuentas, pedir responsabilidades políticas primero y penales, si ha lugar, más tarde.

No caben en política gentes deshonestas.

Es la hora de la política activa, de la defensa de los intereses ciudadanos frente al saqueo de los corruptos.

Es hora de entender que ya no basta con hablar de transparencia, hay que ejercerla, demostrarlo cada día con hechos y asumir responsabilidades, si se falla.

Como advirtió Manuel Villoria,

El depósito de confianza se ha agotado. El modelo de representación ha de dar paso al de rendición de cuentas.

Imágenes 2 y 3:Fotografías de Chema Madoz

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