Skip to content

Se acabó el tiempo de la impunidad

13/11/2014

 

Resulta cada vez más difícil ver más allá de esta espesa niebla de corrupción que nos aplasta. Operaciones policiales de nombre poético y de fondo siniestro nos despiertan cada día. De la clásica Gürtel a la Púnica, pasando por Emarsa, Brugal o Nóos. El martes pasado, más de 30 nuevos detenidos.

El ataque de los que debían velar por la democracia y servir al bien común es tan fuerte que comparecencias chulescas como la de Alfonso Grau, vicealcalde de Valencia, mano derecha de Rita Barberá, traspasan ya todos los límites.

Son tan prepotentes, se han creído tan impunes que la frase de desprecio malsonante de Andrea Fabra sólo era la punta del iceberg de su descaro.

Parecen no ser conscientes de que ya no vale todo. No entienden que la sociedad no soporta más insultos por su parte.

Parece que no saben gobernar en democracia, porque han actuado demasiado tiempo como autócratas sin límite ni responsabilidad.

¿Cómo hemos tolerado los valencianos haber sido pioneros en  la privatización de la Sanidad con el modelo Alzira?

¿Cómo hemos callado ante el descarado desvío de fondos públicos a la enseñanza concertada frente al acoso y derribo de la enseñanza pública?

La consellera Català desvía cada año fondos, presupuestados para evitar el fracaso escolar, a pagos a la concertada. Las universidades públicas arrastran deudas insoportables mientras se financian universidades privadas católicas, se duplican carreras y se les regala suelo público.

¿Por qué toleramos el vergonzoso repago de las familias de discapacitados y ancianos que les lleva a tener que dejar los centros de apoyo?

La justicia le ha quitado la razón a la Generalitat y su respuesta ha sido seguir en el error, cambiando el nombre del copago. Ahora se llamará tasa y se seguirá cobrando.

La mayoría de las residencias beneficiadas pertenecen a la familia de otro imputado, Juan Cotino. Su nombre aparece asociado a todos los casos de corrupción en estas tierras. El perejil de todas las salsas.

Un siniestro personaje que hasta para homenajear al papa desvió millones que regaló a la Gürtel.

Tampoco resulta soportable saber que el clausurado Canal 9 gastó millones de euros en mascotas de clubes de fútbol. Que pagó generosísimos sueldos a tertulianos de ultraderecha traídos de Madrid para que atacaran a diestro y siniestro. Mucho más a siniestro, claro.

Tampoco nos queda banca valenciana, excepto la ejemplar Caixa Ontinyent. José Luis Olivas, expresidente de la Generalitat, imputado también, hizo caer Bancaja financiando aventuras ruinosas de sus antecesores y sucesores en el cargo. Con el dinero que timaron a los preferentistas.

Esta sociedad ha regalado mayorías absolutas a personajes sin moral que han manchado la decencia y la democracia. La corrupción es consecuencia del déficit democrático.

Ya hay tres vicepresidentes valencianos imputados, además de otros siete exconsejeros y diputados. Y algunos, como Castedo y Grau, se resisten a marcharse.

Demasiado descaro, desprecio y desvergüenza de personajes nada honorables.

No es extraño que huyan del barco que se hunde. No sin antes blindar a sus altos funcionarios, nombrados a dedo, y pagar con nuestros impuestos más de cien millones de euros a sus ruinosas empresas públicas.

No es raro que la sociedad los vea como enemigos, como un peligro para nuestro bienestar. Como fuente de problemas, no de soluciones.

Pero lo más triste es que necesitamos la Política con mayúsculas. Que son imprescindibles políticos honestos para seguir por la senda democrática. No podemos caminar sin diálogo, sin transparencia, sin gobierno del bien común.

No se arreglan los problemas apelando al “sentido común”. Ya hemos visto dónde nos ha llevado el presunto sentido común de Rajoy, el ausente.

Por fortuna, el sistema resiste, aun tocado. Los jueces serios y honestos siguen su tarea. La justicia, aun lenta y entorpecida por fiscales contaminados y serviles que actúan como abogados más que como fiscales, avanza implacable.

Mientras, se trata de no olvidar. De ser consecuentes y de no dar nuestra confianza a quienes la traicionaron y se llevaron nuestro dinero. Los mismos que nos pedían austeridad con voz lastimera y con cara de circunstancias.

Son nuevos tiempos. Tiempos de pedir cuentas y exigir limpieza y decencia a los políticos.

Se acabó el tiempo de la impunidad.

Imagen 1: Fotografía de Chema Madoz

Imagen 3: Margaretha Miglo

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: