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Ser joven no es conformarse

06/11/2014

 

 

 

 

Decía Antonio Machado que el mejor consejo para un joven es que realmente lo sea.

Y lo he recordado ante la indecente y turbia historia de un jovencito estafador y  presunto delincuente que, a la sombra del Partido Popular, ha alcanzado las más altas cotas de miseria moral. Una historia que  muestra, como en  un cruel espejo, la mentalidad de los neoconservadores que nos gobiernan.

No es una anécdota sino más bien un síntoma de la podredumbre de un sistema en el que el dinero y la falta de escrúpulos mandan.

Parece que se educa perversamente a los aprendices de corrupto para que procuren ser ‘rentables’ lo antes posible. Es decir competitivos, egoístas y amorales en vez de conscientes, solidarios y honrados.

Ser joven no es eso. Ser joven no es conformarse. No es anhelar  convertirse en dócil consumidor o en rico estafador. La juventud no es aturdirse con fiestas los fines de semana. Ni callar y aceptar trabajos esclavos porque no es posible, según nos dicen, otra cosa.

Ser joven es pedir lo imposible y dar vida a los sueños aunque se dejen jirones del alma en el intento. Ser joven es lograr remontar el vuelo ante tanta mediocridad y ante el brillo engañoso de lo material. El paraíso del dinero fácil.

Ser joven no es dejarse engañar por falsos profetas del desastre inevitable. Es confiar siempre en la condición humana más noble, aunque esté enterrada por el egoísmo, el miedo y el odio. Impedir que las gafas deformadoras de la tecnocracia nos oculten la igualdad y el humanismo solidario.

Es no dejarse adormecer con falacias vestidas de argumentos. Sólo si despertamos colectivamente podremos hacerle frente al desastre, como expresaba Walter Benjamin. en una hermosa metáfora de La Bella Durmiente.

Para abrir los ojos basta con mirar el mundo libremente. Pensar y no dejar que piensen por nosotros.

nos dice el pensador alemán.

En un mundo injusto como éste, se trata de actuar. Participar para construir el futuro que nadie hará por los jóvenes si ellos no lo exigen. Exigir el bien común con la generosidad propia de la juventud que parece haberse diluido entre el trabajo esclavo y el paro.

La solidaridad ha de tomarse como algo propio y salir a defenderla. No permitir que se traicionen los nobles valores que nada tienen que ver con el dinero. Sufrir por el poco valor que se da a la vida humana, dolerse con el odio al diferente. Sobrevivir en la duda, haciéndose siempre preguntas sin caer en el escepticismo.

Actuar es huir del conformismo derrotista para militar con convicción en el partido de la solidaridad, de la igualdad, del reparto de la riqueza, de la ecología y de los derechos humanos. Rebelarse frente a los crímenes económicos contra la humanidad, levantarse contra los que han dictado el funeral del estado de bienestar. Contra los truhanes, vestidos de políticos, que nos han robado el bienestar para sufragar sus lujos de tarjeta negra.

Educar a los jóvenes en estos valores es una garantía de futuro. Y me consta que hay muchos formados en ellos, en una escuela pública que fue fuerte y solidaria, plural e integradora, a pesar de sus carencias.

Pero muchos ya no están con nosotros. Se han ido empujados por el vendaval de la injusticia. Se han cerrado centros de investigación, se ha despedido a jóvenes y brillantes promesas que sobreviven a duras penas como camareros en países lejanos.

El Gobierno ha reconocido que más de 140.000 españoles se han exiliado por motivos económicos en la legislatura de Rajoy. El exilio es el único horizonte que se les ofrece. 15.000 de ellos son valencianos.

Están solos, con sus sueños rotos, lejos de los suyos, abandonados por sus gobernantes que se atreven a insultarlos hablando de ‘espíritu aventurero’.

Actúan y luchan, sí. Pero muy lejos.

Cada vez más se rompe su cordón umbilical con un país que los ignora. Un país que los forma para regalarlos, de modo inexplicable, en su etapa productiva, a otros países más inteligentes.

Este país envejece mal porque le falta sangre nueva. Este país se pudre en su ignorancia, mientras altivos pillastres sacan nuestro dinero a un exilio dorado en paraísos fiscales.

Ser joven en este país es tarea dura si no eres un estafador, amoral, prepotente y sin escrúpulos como el Nicolás de turno.

Quizá  es esa la escuela que les gusta. No la del esfuerzo, la cultura y el trabajo digno.

Y mucho me temo que no es casualidad que el indecente muchachito medrara tanto y tan rápido a la sombra de sus mayores del Partido Popular.

 

Imagen 1: Miguel Ángel Serrano. Urbañal 3

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