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Ya es tarde para pedir perdón

30/10/2014

 

 

 

Es difícil mantener  la calma y la sensatez con la que está cayendo en este país nuestro.

Y me vienen a la cabeza las palabras de Valle-Inclán, que anteayer hubiera cumplido 148 años, para definirlo:

La tragedia nuestra no es tragedia es el esperpento.

Porque es insoportable que cada día nos levantemos con la losa de varios imputados por corrupción.

En carne propia hemos sentido esta crisis provocada por la falta de escrúpulos de esos mismos arribistas a la sombra del poder. Y y resulta duro entender la falta de moral que se extiende como el aceite entre los políticos que lo toleraron. Y también entre aquellos que siguieron votándolos, aun conociendo su indecencia, especialmente en Madrid y Valencia.

Decía Roosevelt que

Siempre se ha sabido que buscar el propio interés ignorando el de los demás es malo moralmente. Ahora sabemos que también lo es económicamente

Vivimos en una sociedad donde dimitir se ve como un error y mantenerse en la poltrona, aun ahogado por la corrupción, se premia en las urnas. Los decentes son tontos, y quienes medran en medio del lodazal son héroes en vez de villanos.

Hasta jovencitos indecentes, que han mamado la corrupción y que se mueven en los aledaños del poder, se ven cómo héroes y no como síntoma de la falta de escrúpulos y la codicia que han infectado esta joven e imperfecta democracia.

Ya no basta con pedir perdón. Es tarde.

Ya no basta con destituir y expulsar a algunos corruptos y no a todos. Es tarde.

Rajoy no puede pretender salir indemne de la indignación que la sociedad siente. No puede pretender que no ha pasado nada. No puede esperar a que escampe. La tormenta es demasiado fuerte.

No puede hablar de recuperación a una sociedad desigual y empobrecida en la que uno de cada cuatro niños pasa hambre. Una sociedad en la que el nivel de paro alcanza lo insoportable. Sometida  a recortes brutales, harta de escuchar que no hay remedio, que hay que apretarse el cinturón, que saldremos de ésta.

Mientras los que nos gobiernan sacan el dinero a Suiza, nosotros pagamos cada año impuestos bajo la estricta mirada de Hacienda.

Mientras la mayor parte de esos impuestos se va a una banca que ahora presume de fortaleza, nuestros bolsillos se vacían, nuestra sanidad empeora, nuestra educación pública languidece, nuestros dependientes mueren sin ayuda, nuestra ciencia emigra.

Mientras nos reprimen en las plazas, nos disparan pelotas de goma y mandan a la cárcel a los manifestantes, ellos viven por encima de nuestras posibilidades y se burlan de nuestra paciencia.

Socavan y destruyen el sistema. Porque destruirlo es permitir que todos los sectores del mismo se corrompan, que las manzanas podridas llenen el cesto, que nos mientan cada día, que nos roben y que traicionen nuestra confianza.

Porque los políticos corruptos son los enemigos de la democracia y no quienes la demandan en las plazas. No, quienes trabajan por llegar a fin de mes, pasan hambre, sufren, y claman justicia.

Porque un presidente de gobierno no puede limitarse a decir que lo siente. No son “cosas que sucedieron”, se llama corrupción y es la causa de muchos de nuestros males.

No son “esas personas a las que usted se refiere” sino sus altos cargos, nombrados, apoyados y amparados por el Partido Popular.

La política tiene que ser un ejercicio diario de derechos y vigilancias. Este Gobierno ha eliminado derechos y, en el mejor de los casos, no ha vigilado a los suyos. En el peor, lo sabía y no hizo nada.

Preocupa que esta caída libre de los partidos tradicionales, envueltos no todos por igual en esta infamia, traiga consigo una confusión entre política y políticos.

Todos no son iguales. Los corruptos que la ensucian y la usan en su provecho oscurecen a gente honrada que trabaja por ella. Estos no son nunca noticia. Pero deben exigir con contundencia una limpieza total entre sus filas. Si no quieren desaparecer arrastrados por este tsunami de justa indignación.

 

Es necesario defender la dignidad política y la transparencia como único camino. Política nueva para tiempos nuevos. Política activa frente a la pasividad resignada. Exigencia de reparación y castigo ejemplar para los delincuentes.

No son ellos los indignados ni las víctimas. Somos nosotros que hemos soportado y sufrido sus desmanes.

Ahora tenemos la oportunidad de castigarlos en las urnas. Si nos conformamos, no votamos y tiramos la toalla, despertaremos al día siguiente con lo que otros han votado.Y ya no habrá remedio.

No les hagamos el camino fácil a oportunistas que viven de la política. Ya sabemos cómo se las gastan.

No despreciemos la política, ya lo hacen ellos.

Exijamos, eso sí, que sea siempre limpia y que esté al servicio de todos.

Imagen 1: Pablo Genovés, Museo

Imagen 2 : Eduardo Naranjo, Manos atadas

Imagen 3: Verónica Rubio, Óleo de papel

2 comentarios leave one →
  1. Emilio B. permalink
    02/11/2014 17:41

    Cuanta razón, amiga Agustina. Ya solo nos queda el consuelo de que se acabe pronto, pero haciéndolo posible con nuestro voto en contra. (A ver si es verdad, porque nos invade la masa borreguera). Un abrazo desde Granada. Emilio B.

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    • 03/11/2014 11:23

      Estoy segura de que estamos en una época de cambio radical. Nada volverá a ser como antes. Y sí, mantengo la esperanza en que seremos capaces de hacer que este “esperpento” cambie con nuestro voto. No nos queda otra.
      Un abrazo fuerte. Mis respetos a tu preciosa ciudad, amigo.

      Me gusta

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