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Tenemos derecho a saber

23/10/2014

 

 

 

 

Dice el novelista Philip Roth que la primera obligación de un buen ciudadano es enterarse de las noticias del día.

Pero no son tiempos para el periodismo digno y veraz. El que ejerce de intermediario entre la noticia y el ciudadano.

Cuando los medios son sólo un negocio, el poder del dinero manda y es imposible hablar de periodismo. El dinero se convierte en un sistema de corrupción perfecto. Uno de los pequeños males olvidados que sirven para empedrar el camino del infierno, según Hannah Arendt.

En su nombre se aceptan intolerables presiones del poder, se eliminan noticias, se manipulan titulares y se ofrece una versión amañada de la realidad que impide a la sociedad pensar por sí misma en libertad.

En palabras del poeta Jesús Munárriz

 La verdad se esconde

diariamente entre las líneas del periódico

y  la esperanza hurga

inútilmente por los vertederos

La verdad parece perdida. Se fabrica, no se cuenta.

Las palabras ya no pertenecen al bien común y se compran a golpe de talonario. Y manipularlas puede cambiar el sentido de la realidad.

 

Decía el historiador Delumeau que los miedos cambian pero el miedo permanece. Hoy se llama paro y recesión económica y se mueve por el país en perfecta sincronía de desastre.

Nos inoculan miedo en vena, nos venden que no hay más camino que recortar y nos paralizan. De modo que aceptamos sumisamente hasta el recorte de la libertad de prensa. El periodismo está hoy amordazado, asediado y desactivado.  Y  la información veraz es imprescindible para conjurar los miedos. Miedos que sólo se esfuman  con transparencia.

La manipulación es mucho peor que la falta de información. Porque impide la libertad ciudadana, atenta contra los derechos y permite a los poderosos privatizar nuestras mentes y esclavizarlas.

Televisión española, pagada por todos, refleja una realidad virtual que sustituye a la real. Dedica sus informativos a sucesos, deportes y sociedad rosa mientras dirigentes del partido de Rajoy están bajo sospecha.

Se presentan pruebas cada día de que nuestro dinero ha ido a parar, con su consentimiento, a tramas de delincuentes, a sus altos cargos y a medios afines, mientras nos exigían austeridad.

Desde la nefasta gestión de la crisis del ébola, pasando por las tarjetas opacas, hasta llegar a la mentira de la recuperación económica se nos oculta la verdad. Los trabajadores del medio público se han cansado de denunciarlo, pero nada parece cambiar los planes de un Partido Popular antidemocrático que teme la libertad de expresión y ejerce la censura sin complejos.

En esta comunidad se ha cerrado, “con modos falangistas” como dice Rafael  Chirbes, la televisión pública tras degradarla, saquearla y someterla a una censura insoportable.

 

También en Gandia se hizo, bajo la excusa del gasto. Cínica excusa, cuando se subvencionó generosamente una televisión privada que obedeció sumisamente al poder que la mantenía.

A la mezquindad del poder manipulador se une, además, un coro mediático de jaleadores profesionales que ensucian el buen periodismo y llenan falsos debates en los que se desprecia nuestra inteligencia, se predica el culto al líder y se difunden mentiras sin decencia. Demostrar con argumentos sobra. No se razona. Se adoctrina sin pudor contra el adversario sin dejarlo defenderse. Hasta se insulta al ciudadano discrepante.

El periodista es la voz de la sociedad. Pero se lo ponen muy difícil. Presiones directas e indirectas ultrajan la libertad consagrada en los Derechos Humanos y en el artículo 20 de nuestra Constitución.

Tenemos derecho a saber pero nos lo niegan.

Ruedas de prensa sin preguntas, huidas por la puerta de atrás para burlar a los periodistas a los que se hurta información, presiones económicas a periódicos críticos y una autocensura peligrosa de periodistas sumisos a los que se amenaza.

Más de la mitad de los periodistas, un 52%, admite evitar críticas arriesgadas y no investigar por miedo al despido.

Hace falta un periodismo al servicio ciudadano que exija saber qué se hace con nuestros impuestos. Que condene con contundencia la corrupción y la mentira. Que exija el debate sereno. Que diga la verdad sobre el poder. Que no calle.

Que investigue,  que salga a la calle.

Si no, los periodistas acaban siendo emisores rutinarios dependientes de lo que dictan otros y no servidores del derecho a la información.

Necesitamos informarnos para comprender, comprender para debatir y debatir antes de juzgar. Sin periodismo libre la democracia no existe. Y no sólo censuran en Venezuela, China o Irán.

Lo estamos sufriendo en carne propia. Otro derecho que nos arrebatan.

Porque la información es un derecho y no sólo un negocio.

 

 

Imagen 1: Antonio Saura, Multitud

Imagen 2: Imán Maleki, Dizziness

 

 

 

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