Skip to content

Contra la infamia, decencia y solidaridad

18/09/2014

 

 

 

 

En La historia interminable de Michael Ende, el personaje de la Nada devora los lugares, el mundo y la vida sin que nadie sepa cómo detenerla. Es una imagen perfecta para describir la acción del capitalismo en la crisis, asegura Amador Fernández Savater.

Y recuerdo sus palabras, cuando en Gandia el alcalde ha dejado a 22 personas desvalidas sin derechos básicos.

Apelando perversamente a la seguridad, impide a los acogidos en el Centro de Cáritas empadronarse y, con ello, los excluye como ciudadanos y, lo que es peor, como seres humanos. Donde él dice seguridad hay que entender xenofobia y crueldad.

Lo hace, a pesar de que el Síndic de Greuges valenciano y la Defensora del Pueblo estatal han recriminado la actitud del alcalde y le han recordado que incumple la ley con su política de empadronamiento.

A pesar de que, hace unos días, el Comité Económico y Social Europeo (CESE) enfatizó una vez más que “una persona sin papeles no es una persona sin derechos” y que criminalizarla es fomentar la xenofobia.

Ante la infamia, la Iglesia calla. La misma Iglesia que presume de Cáritas como su institución puntera en ayuda y a la que sólo colabora con un mísero 1,8%.

Y Cáritas misma guarda silencio  ante el atropello del Evangelio que ordena ayudar al desvalido y separarse del poderoso.

Aprendimos de nuestros mayores que la ética es predicar con el ejemplo. Creíamos que había decencia, pero algunas actitudes parecen demostrar que no es así. Triunfa el hipócrita y cínico “haz lo que digo pero no lo que yo hago”.

En palabras de David Grossman:

Puede que el mundo en que vivimos no sea tan abiertamente cruel como lo fue el creado por los nazis, pero hay ciertos mecanismos subyacentes similares. Mecanismos que desdibujan la singularidad humana y eluden la responsabilidad por el destino de los otros. Las fuerzas fanáticas avanzan mientras callamos.

La crisis-estafa, como la Nada de Ende, arrasa la convivencia. Nos convierte en masa indiferente ante el otro. Vivir al límite nos hace sentirnos encerrados, en guardia, esperando el próximo golpe. El miedo paralizante nos sella la boca y sólo pervive el sálvese quien pueda.

Somos masa insolidaria si aceptamos lo inaceptable, si renunciamos a pensar, a la decencia, a la solidaridad, a nuestras propias palabras para aceptar las de otros. Un migrante es un ser humano, no un delincuente. Nadie puede ser privado de sus derechos básicos. No son ellos frente a nosotros, somos todos. Porque todos somos personas. El prójimo del Evangelio, que el alcalde debería leer para saber quién es el buen samaritano, y que ya parece que ni la Iglesia lee.

Somos masa si renunciamos a ver al otro como una persona con derechos y lo reducimos a una mera pieza estadística.

Somos masa que sufrirá el mismo trato que el migrante cuando la Nada arrase con todo, y ya no quede nadie valiente que lo denuncie.

La moral es una construcción social y no puede ejercitarse sólo individualmente. Si una sociedad no exige ética pública más allá de la conciencia de los gobernantes, si es que la tienen, y de los tribunales es una sociedad enferma o lo que es peor, inmoral.

La democracia no es un problema estadístico de mayorías, sino la conversión de la masa adormecida en pueblo responsable. Para que la política se rija por principios éticos es necesario que la sociedad civil, el pueblo, lo exija.

Necesitamos salir de lo individual y privado para comprender lo común y colectivo. La Nada del poder económico nos está alejando de lo solidario y nos destruye como personas reduciéndonos a meros consumidores.

Necesitamos denunciar juntos la injusticia, la xenofobia, la infamia de los que nos gobiernan. Un gobernante que se aparta de la moral es un mal gobernante.

Necesitamos una ciudadanía activa que defienda la solidaridad perdida, la decencia y la justicia. Que se ponga del lado del débil sin miedo y con la fuerza que da la unión.

Que denuncie la crueldad y la castigue. Que no calle ni olvide. El silencio, la conformidad tienen un alto precio porque nos haremos cómplices.

Necesitamos soñar juntos que un mundo solidario es posible. Como decía el obispo Hélder Câmara:

Cuando sueñas solo, sólo es un sueño. Cuando sueñas con otros, es el comienzo de la realidad.

Imagen: El refugiado, pintura de Felix Nussbaum

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: