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Cuando la angustia tiene forma de zapato

31/08/2014

Siempre me ha impresionado la fuerza comunicativa de este vídeo. Me produce ternura, dolor y rabia a partes iguales.

 

La ONG Educo puso en marcha una campaña con la que esperaba ofrecer 20.000 nuevas becas comedor, ante los recortes del Gobierno de Rajoy.

Hay muchos niños que no pueden comer verdura, fruta fresca, carnes y pescado y queremos contribuir a que eso no pase,

manifiesta su director general, José María Faura, quien señala que la situación de los niños es peor en aquellas comunidades donde hay más paro:

En Andalucía, por ejemplo, uno de cada cuatro niños está en situación de pobreza mientras que en Cataluña o en Madrid lo están uno de cada cinco.

Hay niños que ya no pueden disfrutar ni siquiera de una comida al día. Los comedores escolares han visto reducidas drásticamente sus becas y las familias que no pueden pagarlos tampoco pueden paliar el hambre de sus hijos.

La Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de alumnos (Ceapa) ha denunciado que este curso pasado los precios de los comedores escolares han subido en siete comunidades autónomas, no por casualidad todas gobernadas por el Partido Popular. Según sus datos, Aragón es la región más cara (6,81 euros el menú escolar) y Canarias y Asturias las más baratas (3 euros).

Ante la situación, algunas administraciones han lanzado propuestas de urgencia. Andalucía, por ejemplo, ha comenzado a dar tres comidas al día a los alumnos desfavorecidos; Barcelona también da la merienda y Canarias el desayuno.

José Luis Calvo, portavoz de la Asociación Pro Derechos del Niño y de la Niña, Prodeni, dice que, si la situación no cambia y los niños siguen “creciendo con carencias” habrá graves consecuencias para ellos en el futuro.

Que hay niños malnutridos es una realidad tan clara como que el Sol sale por el Este. La exageración no es decir eso, sino negarlo. Si no se hace nada por remediarlo, los niños de hoy van a sufrir un descenso de la expectativa de vida que alcanzaron sus abuelos.

La solución no está solo en buscar salidas caritativas al problema, que ahora son necesarias. Hay que buscar soluciones de calado a la vez y apostar por políticas que corrijan esta desviación. Pero, desde luego, el camino no es recortar las pensiones y las becas comedor

Calvo destaca que el sistema finlandés, al que parecen admirar tanto nuestros gobernantes por sus resultados en las pruebas PISA, asegura que todos los niños coman en el colegio.

La pobreza infantil es una vergüenza que duele más, si cabe, conociendo el despilfarro de dinero público de las administraciones y las fuertes subvenciones a los bancos responsables de esta situación.

Los bancos que estafaron a tantos humildes inversores ya obtienen beneficios.

Las familias con todos sus miembros sin trabajo y las que han sido desahuciadas viven en la pobreza y sufren hambre y marginación.

Los recortes brutales en derechos sociales y el paro escandaloso han provocado que más de 2,2 millones de niños y niñas estén por debajo del umbral de la pobreza, según Unicef.

Uno de cada cuatro menores de 16 años, según el Instituto Nacional de Estadística en 2012.

Pero no sólo es el hambre física, la malnutrición, la situación insostenible de padres que no tienen nada que ofrecer a sus hijos a la hora de comer. Es también la marginación social en la calle, en el colegio, en la comparación con otros niños que sí pueden comer, pueden vestir, pueden jugar, pueden disfrutar de lo que muchos carecen.

Nadie es capaz de imaginar la angustia de un niño en el recreo de la escuela, apartado, estigmatizado, señalado por los signos de su pobreza. Es muy duro comprobar cómo esa herida es casi permanente y muy difícil de cerrar. La desigualdad a esas edades deja marcas imborrables.

La semana que viene comienza un nuevo curso escolar. Habrá muchos pequeños desprotegidos, que se sentirán diferentes, angustiados y señalados por una pobreza injusta que sufren y que no entienden.

Se habrán hecho mayores demasiado deprisa. Y sentirán rabia, quizá también vergüenza. Les faltará ropa, material escolar, libros y quizá también el bocadillo del almuerzo. Algunos llegarán sin haber desayunado.

La pobreza no tiene perdón a los diez años.

Matilde Alba Swann lo expresa así en un hermoso y triste poema, con la fuerza y la sinceridad de quien siente como propio el dolor infantil por las desigualdades:

POBREZA DE LOS DIEZ AÑOS

Toda mi angustia tuvo la forma de un zapato,
de un zapatito roto, opaco, desclavado.
El patio de la escuela… Apenas tercer grado…
Qué largo fue el recreo, el más largo del año.
Yo sentía vergüenza de mostrar mi pobreza.
Hubiera preferido tener rotas las piernas
y entero mi calzado. Y allí contra una puerta
recostada, mirando, me invadía el cansancio
de ver cómo corrían los otros por el patio.

Zapatos con cordones, zapatos con tirillas,
todos zapatos sanos. Me sentía en pecado
vencida y diminuta, mi corazón sangrando…
Si supieran los hombres cuánto a los diez años
puede sufrir un niño por no tener zapatos…
Que anticipo de angustia. Todavía perdura
doliéndome el pasado. El patio de la escuela

y aquel recreo largo…

Mi piececito trémulo, miedoso, acurrucado.
Mi infancia entristecida, mi mundo derrumbado.
Un pájaro sin alas, tendido al pie de un árbol.
La pobreza no tiene perdón a los diez años.

Sólo me pregunto si esta sociedad no sentirá vergüenza de las desigualdades provocadas por el ultraliberalismo del Partido Popular en pleno siglo XXI.

Si no será capaz de entender que los que nos gobiernan no sólo no luchan por erradicarlas, sino que contribuyen a que aumenten.

Esta no es nuestra recuperación sino la suya. La de los de siempre.

Sólo me pregunto si no seremos capaces de decir basta y de exigir que se gobierne, de una vez, para todos. No, a costa de todos y  para unos pocos.

Este “recreo”, como lamenta la niña del poema, también es ya demasiado largo, demasiado duro para todos nosotros.

Nos duele el presente. Y, por eso, queremos otro futuro.

Queremos un futuro digno para nuestros pequeños. Nada más y nada menos.

3 comentarios leave one →
  1. 07/09/2014 21:39

    Agustina, que triste y que pena, cuanto dolor. Cada día vamos a pero. Besos.

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    • 08/09/2014 8:27

      El dolor y la angustia de un niño siempre resulta especialmente triste. Pero, si ese dolor y esa angustia los provocan gentes sin entrañas que pueden eliminar las desigualdades y no lo hacen, es, además, miserable. Vamos a peor en solidaridad, en empatía y en dignidad. No nos merecemos estos gobernantes.

      Un abrazo.

      Me gusta

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  1. ¿De quién es la política? | Demasiadas palabras

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