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Palabras frente a voces. Dignidad frente a indecencia

01/05/2014

 

 

El espacio se llena de apatía y cinismo, y la desesperanza permite que se perpetúen situaciones intolerables.

Cuando los depredadores acechan, hasta el lenguaje sufre. Empieza por voces mentirosas y superficiales, se extiende a los medios mercenarios del poder y llega al ciudadano, convertido en clichés de argumentario llenos de prejuicios y falsos.

Voces que amenazan los valores democráticos, la libertad y la decencia.

Y recuerdo un relato de Kafka donde el ratón, ante la trampa que se cierra y el gato que lo acecha por detrás, dice:

Ay, el mundo cada día se hace más estrecho.

Vivimos rodeados de voces que estrechan el mundo y que lo ensucian.

Ayer, Mariano Rajoy, el que dice ser presidente de este país contestó a preguntas de los periodistas sobre los seis millones de parados diciendo que está “muy contento”.

Y su voz golpea la decencia, la vergüenza y la humanidad.

El país que gobierna destruye 2000 empleos al día. En esta Comunidad Valenciana, se han destruido 40.900 empleos de enero a marzo. Campeones en destrucción.

Desciende la población activa. Dos millones de hogares tienen a todos sus miembros en paro. Los parados emigran o dejan de buscar trabajo. Pero él está muy contento.

Los universitarios guardan el segundo plato del mediodía para la cena porque su ministro Wert ha subido las tasas, amenaza el acceso a la educación y fomenta desigualdades. Pero el presidente está contento, ya que son buenas noticias para las universidades católicas privadas que financiamos todos.

Han salido de las cárceles, en sólo tres semanas, 30 narcotraficantes porque su ministro Gallardón ha recortado, de tapadillo, la Ley de Justicia Universal. Madres desesperadas ven cómo los verdugos de sus hijos drogadictos salen libres. Pero no se inmuta el presidente. Son buenas noticias para las mafias chinas y los criminales del imperio.

Las carreteras se cobran más vidas en Semana Santa. Los expertos denuncian falta de mantenimiento en carreteras secundarias abandonadas. Pero Rajoy está muy contento regalando millones de nuestros impuestos a concesionarias de autopistas ruinosas, que concedió Aznar a empresas que financiaron generosamente a su partido.

Las urgencias sanitarias se colapsan, faltan camas, se da de alta antes de tiempo a los enfermos, se escatiman pruebas, las personas sufren y mueren a causa de recortes brutales de medios y personal. Pero Rajoy está satisfecho. Los hospitales privados facturan millones de euros con el desvío de enfermos desde la sanidad pública, con pruebas externalizadas, más caras y menos eficientes. Puede estar contento, porque familiares de altos cargos de su partido salen ganando. Aunque perdamos todos.

Los bancos disparan sus beneficios, mientras hurtan créditos a familias y autónomos. Los hemos reflotado con nuestro dinero, nos cobran hasta por respirar, pero perdonan créditos a los grandes y apoyan al presidente en lo que sea. Puede estar satisfecho.

Los dependientes mueren sin atención y hartos de esperar ayudas. Sus familiares sufren repagos injustos, deben elegir entre comer o medicarlos. Es normal que el presidente esté contento. Él no sufre.

Su ultracatólico Ministro del Interior condecora a una Virgen con la Medalla de Oro al Mérito Policial. Y mientras, funcionarios de los cuerpos de seguridad sufren descoordinaciones, abandono y desprecio. Buenas noticias para una jerarquía católica que recibe generosas subvenciones y marca leyes en un país aconfesional sólo en teoría. Ya puede estar contento el presidente.

A veces, escribir es un medio de purificar el aire que se respira de la suciedad y de las manipulaciones de timadores que ensucian con sus voces el lenguaje.

Aristóteles decía que la voz es sólo ruido, capaz de transmitir un sentimiento básico. Pasividad e incapacidad.

La palabra, en cambio, es un juicio ponderado sobre lo común, la virtud del ciudadano de pleno derecho. Es sinónimo de discernimiento y conciencia.

Ejerzamos nuestro derecho ciudadano a decir no a sus argumentarios mentirosos, a su prepotencia y a su distancia.

Usemos cada día nuestro derecho a hacer política de todos, a manifestar nuestra discrepancia.

Nuestra palabra es nuestro voto en las elecciones que vienen. La manera de devolver al lenguaje su función liberadora.

Y quieren quitárnosla también en esta ciudad, que ha reducido un 60% los espacios electorales.

Pretenden acabar con la débil democracia que usan en su provecho.

Pero no lo lograrán.

Porque, mal que les pese a estos voceros, nos queda la palabra y el voto.

 

Imagen1: Book nichtting, Shona Young

Imagen3: Previous next, Shona Young

 

 

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