Skip to content

Palabras contra un mar de intolerancia

03/04/2014

Un fascismo de nuevo cuño recorre otra vez Europa como un siniestro fantasma. Ocupado y asediado por el dinero, este viejo continente vuelve a tropezar en la piedra de la intolerancia.

Francia, Alemania, España y hasta Suecia se unen al coro de la infamia del racismo y la xenofobia.

Vivimos una época en la que la política ha sido desprestigiada por los mismos que nos quieren sumisos y alejados de sus decisiones.

Los partidos de la derecha se acercan peligrosamente a posiciones ultra para arañar un puñado de votos, aun a costa de pisotear la justicia y la ética.

En España se niega la tarjeta sanitaria a migrantes, se les demoniza, se agitan las más bajas pasiones, enfrentando entre ellos a los más débiles. Y políticos siniestros se frotan las manos mientras alardean de un falso e hipócrita humanismo cristiano.

La vergonzosa actuación en Ceuta y Melilla, las agresivas cuchillas que arrancan pedazos de carne ya no parecen tocar el alma de nadie. Ministros ultracatólicos hacen declaraciones que traicionan la verdad para justificarse.

Y una ciudadanía desesperada asiste impasible a la destrucción de derechos, porque piensa que son los de otros y que no les afectará a ellos.

En Valencia, la ultraderechista España 2000, imitando al siniestro Amanecer Dorado neonazi, reparte una escasa cantidad, apenas 100 kilos de alimentos a los necesitados en Orriols, a condición de que sean españoles.

En ese barrio, nunca ha habido discriminación. Sólo solidaridad. Y acoge un gran número de migrantes.

El Centro Cultural Islámico ha repartido estos años 19 toneladas de víveres entre necesitados sin mirar su nacionalidad. 20 veces más que en el triste sainete racista de los neonazis. Actualmente este Centro atiende a muchos españoles. La ropa cedida por los musulmanes viste a medio centenar de vecinos.

En Gandia, se agitan las aguas de la xenofobia y se publicitan perversas operaciones fantasma que relacionan delincuencia y migración. Como si no hubiese delitos nacionales. Se incumple la ley de empadronamiento frente a recomendaciones del Defensor del Pueblo y del Síndic de Greuges.

“Estamos desesperados” es el grito de los débiles. Y la desesperación impide pensar. Es muy peligrosa.

La historia nos enseña que el totalitarismo nazi alcanzó el poder en Alemania consolidándose en el ámbito local. Hitler fue nombrado canciller, sin mayoría absoluta, con el apoyo del centrista católico von Papen que esperaba ingenuamente usarlo y controlarlo.

Parece que los líderes europeos piensan lo mismo respecto al nuevo fascismo en auge.

No entienden, o quizá sí lo hacen pero no actúan, que la crisis unida a su indiferencia ante problemas reales y el desprestigio de la política alientan el populismo.

Crecen las desigualdades y España está a la cabeza de la UE. Un 30% de menores está en riesgo de pobreza severa, muchas familias no pueden permitirse comer todos los días, ni calentarse. Y los ancianos se empobrecen cada día mientras crece el número de millonarios. Los recortes se han  ensañado con el más débil.

Son datos de Cáritas, el INE, y la OCDE, organismos nada sospechosos que son negados por el ministro Montoro, en un ejercicio cínico de desprecio a la realidad de los ciudadanos que sufren.

Se siegan derechos constitucionales, basándose en la mayoría absoluta concebida como poder absoluto. Para estos gobernantes, gobernar es hacerlo sin oposición, sin el pueblo e incluso sin sus votantes críticos.

No entienden que dialogo no es sumisión, consenso no es claudicar y que razonar es muy diferente de creer.

Vuelve un populismo peligroso y xenófobo. Vuelve a sonar en mis oídos la canción del inquietante muchachito de la magnífica película Cabaret, y siento el horror en estado puro de unos campos de la vergüenza nazis que exterminaron a judíos, gitanos y homosexuales.Y recuerdo el silencio de la gente que lo permitió.

Hay que gritar un no rotundo ante esta situación crítica. Actuar, porque también se peca por omisión.

Quiero pensar que tendremos la valentía de no unirnos al coro de la infamia. Quiero pensar que más de una persona de bien reaccionará contra ello.

Quiero hacerlo con la esperanza de que despertemos. La amenaza crece, y sólo nosotros podemos pararla. No lo harán nuestros lejanos gobernantes.

Quisiera, con el poeta, poner el hombro y pongo palabras.

Palabras que nos unan contra el mar de la intolerancia.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: