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Si es preciso, hablarán jueces honestos

06/02/2014

La ciudadanía siente la corrupción como principal problema en España, tras el paro. Y Europa nos avisa de que los niveles de podredumbre son tan altos que peligra la misma democracia.

Nuestros gobernantes han cavado una fosa tan honda entre la sociedad y la política que se ha convertido en abismo.

Los de abajo están desesperados, los medios de comunicación crean acontecimientos ficticios y evitan la realidad al dictado del poder. El bien común y la ética colectiva están desaparecidos, y la sociedad desconfía de las instituciones, que los de arriba se han encargado de manchar para que las olvidemos y así manejarlas a su capricho.

Hay que señalar que no hay clase política uniforme, ni todos los políticos son iguales como se nos repite malévolamente. Hay individuos corruptos, partidos opacos y manipuladores que, según definición certera de Francisco Fernández Buey, no hacen política sino partidismo, que sólo busca el bien de los suyos.

Su asociación es un bien en sí mismo como en la mafia. La política es otra cosa. Es el noble arte de la ética de lo colectivo, la búsqueda del bien común y la convivencia.

Los datos nuevos sobre el caso Gürtel, demuestran que el Partido Popular no sólo no aceptó la investigación judicial, sino que puso todas las trabas posibles para que no avanzara. Son ya cinco largos años en los que Rajoy mandó a Trillo forzar la legalidad para salvar a su “Partido” como fuera. Para el bien de su asociación, no el de toda la sociedad.

Y los valencianos hemos sido especialmente perjudicados. Porque se han regalado millones de euros a la trama corrupta que ahora pagamos en forma de recortes brutales en Sanidad, Dependencia y Educación.

Esta Comunidad es la segunda en la que aumenta más el paro este mes. Y el Partido Popular que la gobierna mira a otro lado. Como si no fuera con ellos.

Tenemos en las Cortes un volumen de imputados que podría ser grupo parlamentario, las acusaciones cada vez apuntan más alto y llegan a las mismas puertas de la Generalitat.

Y reducen las sesiones parlamentarias, porque no quieren responder al legítimo derecho a saber de la oposición.

Y se burlan de nosotros cada día en sus declaraciones. Hasta dicen que preferimos que estén de fiesta en vez de trabajando. Repiten mentiras pueriles y no solucionan ni uno de nuestros problemas. Se han convertido en el peor de ellos.

Cuando falla la política y se convierte en partidismo interesado, sólo hay dos salidas: la justicia y la acción ciudadana. Juntas pueden lograr otro mañana.

La justicia, a pesar de todo, funciona. Lo legal, a veces no. Las leyes permiten suspender a un juez que encarcela a un banquero imputado, retrasar juicios, proteger a la infanta, eliminar a Garzón. Y esas leyes deben cambiarse. Porque una justicia lenta no es justicia y entorpecerla como hace el PP un agravio intolerable. Una irresponsabilidad peligrosa.

Pero hay jueces honestos que trabajan sin apenas medios. Que son sensibles al dolor social, que nos devuelven lo que nos arrebatan los de arriba. Esos jueces están devolviendo las preferentes a los estafados por bancos y cajas, paralizan desahucios que los gobernantes ignoran, denuncian la precariedad de los inmigrantes y rechazan privilegios de los poderosos.

Ayer, la Audiencia de Madrid sacó los colores a una Fiscalía títere del Partido Popular que más parece abogada del gobierno que defensora de los ciudadanos. Rechazó que hubiera delito en el escrache a la vicepresidenta y señaló que

Estas manifestaciones son un mecanismo ordinario de participación democrática de la sociedad civil y expresión del pluralismo de los ciudadanos.

Y eso cuando una Ley mordaza del  Gobierno de Rajoy pretende amedrentar a la ciudadanía para callar su disgusto.

Supongo que pedirán perdón quienes los llamaron nazis, filoetarras o violentos peligrosos.

Supongo que tomarán nota los que demonizan la discrepancia en esta ciudad y señalan y difaman a quienes argumentan contra sus decisiones.

Supongo que entenderán que hay jueces dispuestos a superar la injusticia con una justicia valiente que salte por encima de sus manejos.

Supongo que sabrán que la ciudadanía ya sabe leer y no necesita interpretaciones torticeras e interesadas de autos judiciales.

Cuando no responden los políticos, y los medios de comunicación aceptan, mudos, imposiciones intolerables.

Cuando el abismo amenaza con devorar la débil democracia que tanto costó, los ciudadanos son los protagonistas.

Porque, como decía hace siglos el artículo 15 de la Declaración de Derechos del Ciudadano de la Revolución Francesa:

La sociedad tiene derecho a pedir cuentas a todo agente público sobre su administración.

Y ninguna amenaza puede callar la voz de la dignidad herida, de la razón pisoteada. Porque la justicia es sólo la superación de la injusticia.

Y hay que buscarla.

Si es preciso, serán jueces honestos los que hablen.

Imagen 1: Fotografía de Tommy Ingberg, Stone Part 1

Imagen 2: Pintura de Eric Zener, Stepping Off, 2010

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