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Homofobia y acoso escolar

24/01/2014

Parece que nos preocupamos de temas esenciales sólo a golpe de noticias impactantes. Luego olvidamos.

Estos días han coincidido dos hechos relacionados con la violencia homófoba en la escuela.

Gandia ha estado en todos los medios nacionales, a propósito de la brutal agresión recibida por un alumno de 15 años en un centro escolar.

A la vez, el informe del Sindic de Greuges del año 2013 señala que la seguridad de los que no responden “a las expectativas de género al uso” no está garantizada en los centros escolares de la Comunidad Valenciana.

Esto, por desgracia, no es nuevo. Hace meses que una encuesta estremecedora señaló que un 45% de escolares sufre acoso homófobo y que muchos de ellos han planeado suicidarse. No precisamente por su opción sexual, sino por la presión ambiental y la violencia social que perciben y sufren.

Hace 23 largos años que la OMS acabó con la cruel idea de que la homosexualidad era una enfermedad mental, pero un 15% de jóvenes lo sigue creyendo y hasta un 20% se siente incómodo hablando del tema.

 Y no es casual. Hay un déficit de educación en igualdad que hace perdurar los patrones machistas que afectan por igual a la violencia contra las mujeres y al rechazo al que no sigue lo que dicta el patriarcado.

La discriminación y el abuso de la mayoría sobre el diferente se aprenden en casa, en el lenguaje discriminatorio, en los chistes homófobos y machistas que se ríen sin recato. También hay violencia si te apartas del tópico. Eres chico y no te gusta el fútbol o chica y no eres esclava de la moda. Sexismo en estado puro.

La mayoría de las víctimas no cuenta nada en casa y sólo reciben alguna ayuda por parte de la madre. Curiosa perpetuación de los papeles machistas.

La escuela debería ser el lugar en el que se rompiera esa tendencia. Pero no es así. Parece que los centros escolares miran a otro lado y no atienden adecuadamente las señales que preceden a la violencia física. Las humillaciones, el aislamiento, las agresiones verbales, el acoso diario que se prolonga durante años en una batalla silenciosa en la que las víctimas se encuentran solas e indefensas.

La mitad de los agredidos señala que no recibe ayuda del profesorado. Y que los profesores se unen al acoso en un 30%.

Quisiera que imaginaran la soledad, el dolor, el calvario de unos jóvenes que despiertan a la vida y se encuentran en esta situación. Es difícil ser valiente, ser tú mismo, afrontar las dificultades, apartarte de la masa. Y mucho más a esa edad en la que el grupo es la vida.

Sirva como ejemplo el testimonio de una joven de 20 años que recuerda el colegio y aún no se atreve a dar su nombre:

 Estuve cerca de cuatro años aguantando insultos de personas que ni conocía ni me conocían, solo sabían que era lesbiana y se dedicaban a recordármelo todo el rato de forma muy despectiva. En ocasiones me amenazaban con pegarme, me empujaban y me ponían zancadillas.

Las encuestas del último año hablan de más de un centenar de casos registrados en la Comunidad Valenciana. Son muchos más los que sufren en la sombra.

Y lo más grave es la doble moral de nuestros gobernantes. La consellera Catalá habla de presuntos “planes” contra la homofobia, que se quedan en pura palabrería.

Porque la LOMCE del Partido Popular ha eliminado la enseñanza en igualdad de los programas educativos.

Desaparece la asignatura de Ciudadanía que los trataba y se potencia la religión católica que alienta actitudes homófobas, machistas y de acoso al diferente, como han demostrado las declaraciones del troglodita cardenal Sebastián. Y el Vaticano calla.

Haría bien la Consellera en cambiar, primero, los usos discriminatorios del lenguaje en sus compañeros de partido, porque incumplen el artículo 14 de la Constitución que impide la discriminación. La violencia homófoba institucional prolifera en ministros como Fernández Díaz o Gallardón.

 Necesitan muchas clases de Ciudadanía.

Haría bien la Consellera en exigir a los centros religiosos concertados que no predicaran la homofobia, porque es en ellos donde se detectan más tentativas de suicidio en jóvenes acosados por su opción sexual.

Y harían bien todos los centros educativos en reflexionar sobre su atención a estos temas. No se puede usar la táctica del avestruz y negar a la ligera el sufrimiento y la homofobia contenida. Porque están ahí y hay que combatirlos y denunciarlos.

La escuela no puede mirar a otro lado.

En palabras de Frantz Fanon:

Hay que comprometer a todos. No hay manos puras, no hay inocentes no hay espectadores. Todo espectador es un cobarde o un traidor.

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