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Desobediencia civil en tiempo de destrucción

16/01/2014

 

Afirmaba Javier Marías, en un reciente artículo, que el pacto social de ciudadanía lo ha hecho trizas, en apenas dos años, el Partido Popular.

Y creo que no exageraba, a la vista del tiempo de destrucción que nos ha tocado vivir. Esta crisis estafa, en la que el capitalismo feroz se ha hecho fuerte, ha volatilizado el Estado de Bienestar y nos ha hecho hincar la rodilla ante los poderosos. Ha profundizado en las desigualdades y nos ha condenado a ser más pobres, menos libres y más temerosos del futuro.

Vivimos en una democracia de muy baja calidad en la que agentes no elegidos en las urnas manejan nuestro destino. Y los que nos gobiernan no saben ni quieren defender nuestros derechos. Sólo son sus lacayos.

La ciudadanía puede estallar en cualquier momento y, si no lo ha hecho ya, ha sido porque movimientos ejemplares como la PAH o las “mareas”, han canalizado la rabia y la indignación de manera pacífica, dando ejemplo de lucha sostenida por la justicia común a unos gobernantes autistas que viven en su burbuja de espaldas a la realidad.

Un gobierno que no protege el derecho al trabajo digno y no esclavo, la salud universal, la educación de todos y la cultura ha roto el pacto social.

Gobernantes que abandonan a los dependientes, obligan a pensionistas a malvivir y repagar sus medicinas y permiten que los niños pasen hambre no merecen nuestro respeto.

Un Estado que no redistribuye impuestos, perdona el fraude fiscal, cierra los ojos a la evasión de capitales, ahonda en las desigualdades, predica caridad y olvida la justicia no cumple el pacto social.

Un presidente que no comparece, se esconde tras sus ministros, no actúa, miente, está acosado por la corrupción, noqueado por sus errores y a la defensiva siempre no merece respeto.

Ministros empecinados en devolvernos al pasado, como Gallardón; soberbios y autistas, como Wert; incapaces, como Mato o Báñez; despóticos, como Fernández Díaz no merecen el respeto ciudadano.

Un Estado que abandona a sus jóvenes, los obliga al exilio, les arrebata la tarjeta sanitaria y les cierra el futuro incumple el pacto social.

No pueden pretender seguir vendiéndonos, un año más, sus mentiras. No pueden pedirnos esperanza, cuando han traicionado la fe en la democracia. Los gobernantes están para solucionar problemas, y ellos sólo los crean.

Este año es año electoral. Las elecciones europeas harán que nos vendan ilusiones sin base real. Pero debemos exigir pruebas, y desobedecer sus llamadas al conformismo, la espera y la resignación.

Porque sólo quieren ganar tiempo, lanzar una cortina de humo más que oculte la destrucción que dejan tras de sí y que será muy difícil revertir.

Se han quemado demasiadas esperanzas, se han dicho demasiadas mentiras y la ciudadanía  ya está harta.

Si hemos aguantado sus desmanes, también podemos plantarles cara. El orgullo, la dignidad y la conciencia cívica son nuestras mejores armas.

Gandhi consideraba la desobediencia civil un derecho del ciudadano.

Seamos desobedientes ante la injusticia. Ejerzamos una crítica tendente a la restauración del bien común. Porque es injusta toda ley que viole el bien público. Y la resistencia es lícita.

 Exijamos respeto a las reglas del juego democrático. Esas que rompen todos los días los que nos gobiernan.

Exijamos un periodismo libre, honesto, crítico con el poder y no su servidor. Tenemos derecho a  saber. Porque nuestra ignorancia es su fuerza.

 Y también, a denunciar que el Gobierno ha incumplido el pacto social. Los culpables no somos los ciudadanos sino los que nos acusan de antisistema, cuando ellos rompen las reglas del sistema democrático y hacen más difícil nuestra vida. No interioricemos la culpa, porque entonces aceptaremos su penitencia.

Rajoy alardea en EE UU de que el pueblo español sabe estar a la altura de las circunstancias, pero olvida decir que no lo ha estado él ni su gobierno.

No olvidemos nunca las mentiras, ni el desprecio, ni la arrogancia, ni las insidias de unos servidores públicos a los que pagamos con nuestros impuestos y se permiten darnos la espalda.

Porque somos ciudadanos y no súbditos. Porque ellos están a nuestro servicio.

Porque sí se puede. Como demuestran los hechos de Gamonal en Burgos.

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