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Canción de cuna para una utopía

16/10/2013

Todos los padres y madres del mundo hemos sentido alguna vez el deseo de que nuestros hijos estén a salvo siempre del sufrimiento.

Todos hemos mirado dormir a nuestros niños inocentes y hemos rogado a los dioses y al destino que los mantega a salvo de las garras del dolor, de la vida y de la muerte.

Todos hemos querido tener unas alas con brisa de ángel para envolverlos en ellas y mantenerlos al abrigo de las tormentas diarias.

Hemos rogado que la inocencia sea eterna y que el “árbol del bien y del mal” no extienda temprano sus ramas.

Pero sólo Agustín García Calvo ha logrado ponerle palabras tan bellas y precisas a ese sentimiento imposible y, precisamente por ello, tan hondo y tan fuerte.

Si , además, se añade la voz cristalina de Amancio Prada y las voces blancas de niños, el resultado es una hermosa canción de vida, de luz y de paz que conjura la muerte, la oscuridad y el sufrimiento.

Palabras, música y sentimiento en estado puro.

Palabras para un miércoles de octubre en el que la miseria, las mentiras, la corrupción, el dolor y la pobreza nos asedian desde todas partes y amenazan con ahogarnos.

Música para un día cualquiera en el que las alas de ángel poco pueden hacer por proteger a nuestros niños de la tormenta de la injusticia.

Una tormenta que arrasa derechos y les deja un mundo desolado. Un mundo lleno de desigualdades e injusticias.

Una tormenta que amenaza con despertar a la muerte.

Que no se despierte

Que no se despierte.
La niña que duerme a la sombra
que no se despierte;
que duerme a la sombra del árbol;
que no se despierte;
a la sombra del árbol granado
que no se despierte;
granado de ciencia del bien,
que no se despierte;
de la ciencia del bien y del mal
que no se despierte.
Que no se despierte, que siga
dormida la muerte;
que siga a la brisa del ala
la muerte dormida;
a la brisa del ala del ángel
dormida la muerte;
del ala del ángel besada
la muerte dormida;
del ángel besada en la frente
dormida la muerte;
besada en la frente del lirio
la muerte dormida;
en la frente del lirio a la sombra
dormida la muerte
que no se despierte, que siga
dormida la niña,
que no se despierte, no.

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