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León Felipe. Poeta profético de tiempos rotos

11/04/2013

Fue a nacer en un pueblo de la estepa castellana del que no recordaba ni el nombre. Tábara, provincia de Zamora, sí lo recuerda y le ha dedicado un monumento.

 Era un poeta atípico, independiente, comprometido y desgarrado. Hoy sería su cumpleaños. Y se sorprendería de cómo los versos de su perseguida Antología Rota siguen, dolorosamente, actuales y vivos.

Se llamaba León Felipe y partió al exilio, empujado por la intransigencia del franquismo, en busca de lo que llamaba “el pájaro luminoso de la justicia”.

Solo y callado por el mundo, me fui a plantar la piedra de mi patria perdida (…)

 Y me voy sin haber recibido mi legado,

sin haber habitado mi casa,

sin haber cultivado mi huerto (…)

Me voy sin que me hayáis entregado mi hacienda… (…)

con los labios amargos (…)

y los puños cerrados

pidiendo Justicia (…)

Como él, miles de jóvenes españoles sin futuro, exiliados a la fuerza, gritaron este fin de semana en 30 ciudades del mundo. Nos vamos, decían:

Porque sin derechos y sin dignidad, el futuro es tan triste como estar fuera de casa, cuando lo único que quieres es estar en tu casa.

Sin legado, sin tierra, sin amigos, sin familia. Se van no por afán de aventura, como dicen cínicamente los políticos causantes del desastre, sino en busca de trabajo, libertad y justicia. Porque, como al poeta, les han arrebatado la tierra y la patria.

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Una tierra que se reparten unos pocos. Donde el dinero manda y una oligarquía corrupta se enriquece a costa de los débiles.

Como “la vieja raposa avarienta que encadena a Don Quijote”. Así llamaba el poeta a Inglaterra.

La City londinense, uno de los grandes centros financieros donde se deciden muchos de nuestros males, es definida por León Felipe como “el gran mercader” y su imperio, como “una torre artificiosa de ambiciones encadenadas”.

Una torre donde reina el egoísmo amoral que elimina derechos del Estado de Bienestar.

Estremece leer las palabras proféticas del poeta, escritas muchos años antes de esta estafa,  producida por una economía criminal y especulativa de crueles mercaderes.

Economía que inició una mujer recientemente fallecida, Margaret Thatcher, a la que lo común estorbaba. Sólo le importaban el individuo y la riqueza. Con ella, se perdió el interés por la justicia social y el bien común. Merkel sólo es una alumna aplicada.

Ahora todo parece haberse roto en el mundo. La injusticia sobrevuela sobre nosotros y hace que hasta los más despreocupados empiecen a notar su sombra.

El futuro que  dejamos a nuestros hijos y nietos son escombros, en forma de facturas pendientes, que ellos habrán de eliminar y pagar durante años.

Y, si alguien se levanta contra la injusticia, le gritan que es un loco o un violento

, decía el poeta prometeico.

Y sus palabras coinciden con las declaraciones de nuestras autoridades ante la protesta justa y desesperada de la PAH.

Porque parece que no se percibe la violencia que se ejerce desde arriba, y nos adormecen con cuentos y mentiras.

¿No es violencia la pobreza? ¿No lo son los desahucios, incluso condenados por Europa?

¿No es violencia la injusticia de saber que los poderosos no pagan sus delitos? ¿No lo son las desigualdades?

¿No es violencia la manipulación y la mentira? ¿No lo es la impunidad de los corruptos?

Pero es más fácil criminalizar a las víctimas o engañar a los ciudadanos, neutralizando iniciativas populares en mesas parlamentarias. O sentirse herido, al ser interpelado por no representar a la ciudadanía.

Ya podría el Fiscal General ser tan diligente contra los corruptos, altos cargos venales y escándalos regios como lo es con los manifestantes.

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Porque él está para defender lo justo, no los privilegios. Para defender a los ciudadanos, no para blindar a sus representantes ante las reivindicaciones.

Ha sido tanta la injusticia que se ha perdido el miedo. Tanta la desfachatez,  que se ha perdido la serenidad. Tanto el cinismo, que se ha perdido la paciencia. Tanto el desastre,  que sólo quedan los sueños.

Por eso, como el poeta del Viento, como quería llamarse León Felipe, decimos que nos hemos despertado:

Me durmieron con un cuento…

y me han despertado con un sueño.

Voy a contar mi sueño, narradores de cuentos.

Voy a contar mi sueño.

Es un sueño sin lazos,

sin espejos,

sin anillos,

sin redes,

sin trampas…y sin miedo.

2 comentarios leave one →
  1. ana r permalink
    12/04/2013 0:09

    Qué pena siento cuando veo tanto joven parado,marchándose a otros países a emprender una aventura que a muchos, por desgracia, no les va a ser favorable. Gente súper preparada trabajando por doscientos euros al mes o de becarios perpertuos a los que no se les paga ni un café. Nunca pensé que llegaríamos a vernos es esta situación, no sé si hemos fracasado nosotros o nos han llevado los políticos a este desastre, pero cada día lo veo más negro.
    Espero que los tiempos rotos se recompongan pronto y que vuelvan las carcajadas que poco a poco nos han ido quitando.
    Un placer leerte, saludos.

    Me gusta

    • 12/04/2013 8:54

      Una sociedad que no cuida a sus jóvenes está condenada al fracaso. Su futuro peligra, y el país se desangra. Coincido contigo en la tristeza por los jóvenes expulsados. Y no siempre para lograr una vida mejor. Aunque la logren, lo harán rotos, lejos de los que quieren y obligados a un cambio no buscado. El exilio es siempre un desgarro.

      Pero no creo que debamos sentirnos culpables de esta estafa. Eso es lo que quieren hacernos creer para eludir su responsabilidad. Han sido la codicia de una economía especulativa y la incompetencia de los políticos de todo el mundo las que nos han llevado a esto.

      Los ciudadanos sólo hemos sido marionetas en sus manos. Engañados, hemos contribuido a su riqueza y ahora los mercaderes nos despojan hasta de nuestras casas.

      Yo también espero, pero hay que pelear duro por ello, que los tiempos se recompongan. Será duro, porque los poderosos son fuertes, pero nosotros somos más si estamos unidos.

      Un saludo y fuerza para seguir luchando. Y sin perder la sonrisa. Que no nos arrebaten eso también.

      Me gusta

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