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Abismos

08/04/2013

El camino a casa tenía, ese día, una luz distinta. Al abrir la puerta, los olores familiares la llenaron. Hoy sabían diferente. Le hicieron daño.

Al fondo, en medio del silencio, percibió apenas el balbuceo incoherente de su hijo.

Caminó resuelta por el pasillo. Entró en la habitación del joven armada con su mejor sonrisa. Lo miró largamente. Mientras lo abrazaba, pensó que su cerebro enfermo nunca alcanzaría a comprender del todo la injusticia. Su cálido contacto, su mueca de alegría  apenas pudieron ese día apaciguar la desazón que la ahogaba.

Se repuso pronto. Necesitaba fuerzas para seguir adelante.

En el bolsillo, aún le quemaba la carta de despido.

Imagen: Tommy Ingberg,  Stone Part 1

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