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Valor de los clásicos

07/04/2013

 

Algo falla gravemente en la educación, si no logramos enseñar a canalizar positivamente la agresividad  inherente al ser humano.

Lo que podría ser sana competencia y estímulo de superación se ha vuelto violencia pura y dura que nos deshumaniza y acerca a los irracionales.

Afirma Claude Bardon que

Cuantas menos palabras tiene un ser humano, más violento es.

Tras conocer los estudios de Bardon, el novelista francés Alexandre Jardin, muy preocupado por el fracaso escolar, la delincuencia juvenil, la violencia en las escuelas fundó la asociación Relais Civique. Sus colaboradores se dedican a explicar a los líderes de las bandas juveniles de barrio que la auténtica fuerza se basa en las palabras. Y dice que ha sido un éxito hacerles leer Los tres mosqueteros. Dumas tiene una sugestión narrativa que les impresiona. Por algo es un clásico eterno.

Jardin reconoce fracasos, pero está satisfecho de los resultados en la cárcel: un adolescente ha aprendido 300 palabras.

No se ha convertido en un corderito, pero ha cambiado su universo mental.

Nuestros jóvenes no leen, su vocabulario es escaso y su pensamiento, por tanto, es incapaz de transformar en ideas los instintos primarios. Por eso, tienden a atacar, no a razonar.

La escuela tiene la obligación ineludible de canalizar a través de la palabra: la lectura, la escritura y el diálogo, las tensiones que pueden derivar en conflicto y convertirlas en una virtud: la dialéctica respetuosa. Combatir ideas, sin tocar siquiera la piel del contrario.

 Un niño que lee, como demuestra un estudio de la Complutense (UCM), es menos agresivo. Para algunos jóvenes, acercarse a la lectura es la única oportunidad de convertirse en ciudadanos.  Quizá no tendrán otra.

Pero no se aprende a leer leyendo cualquier libro, sino buena literatura. Como se aprende a comer, no con comida basura, sino con  alimentos sanos.

Por eso sorprenden teorías, entre lo posmoderno y lo políticamente correcto, que consideran inadecuado  leer a  los clásicos en la escuela. Y más, cuando son las mismas voces que lamentan la falta de referencias éticas en nuestros jóvenes. Los clásicos recogen lo mejor del ser humano. Las virtudes que nos unen y que no cambian con el tiempo.

Los famosos valores, identificados sesgada y perversamente con lo religioso, son valores éticos comunes a todos, aceptados por la  Declaración de  Derechos Humanos que, por cierto, aún no ha firmado el Vaticano. Como tampoco ha firmado la supresión de la discriminación basada en la enseñanza. Ni otras muchas

Los valores comunes están por encima de las ideologías. Y ellos nos permitirán luego ordenar los valores estéticos, intelectuales o religiosos. No, al revés, como pretenden algunos.

La amistad y el valor de los héroes de La Iliada se hermanan con los de D. Quijote y Sancho. La astucia y humanidad de Ulises con las de Lázaro de Tormes que devuelve ternura y compasión, aprendidas en el dolor y la injusticia.

De la duda de Hamlet al desencanto cínico de Max Estrella, pasando por la magia de Las mil y una noches, hay una saga de personajes que marcan el alma. Dan modelos y escalas de valores, no desde la imposición, sino desde la vida.Vida llena de dudas, pero vida siempre. Enseñan que el mundo está mal hecho, pero hay que intentar cambiarlo aunque perdamos en la empresa todas las batallas.

No importa no entenderlos del todo, hay que sentirlos. Y ahí está la tarea del profesor.

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 Tampoco entiende el niño los cuentos infantiles y vibra emocionado cuando se le abre la puerta del misterio.

Así lo comprendieron los miembros de las Misiones Pedagógicas de la II República española que comprobaron cómo la gente sencilla seguía emocionada a los clásicos. Ellos crearon una escuela ambulante sin libros ni matrícula.

Una escuela en la que los maestros lograban que analfabetos ávidos de cultura siguieran la poesía con una mezcla de respeto y devoción.

Dice un verso de Sylvia Lynd:

Una sola palabra me ha cambiado la vida…

No es necesario que sea una palabra demasiado importante. Ni hay que enseñar sólo con textos pedagógicos, es más fácil que descubran la fuerza de las palabras, el placer de las nuevas ideas, los valores comunes y eternos en los clásicos.

La buena literatura no es un lujo prescindible. Hoy, más que nunca, es una necesidad.

Imágenes: Pablo Gallo: En la cama con Chejov, Lector en el parque

Gustav Adolph Hennig:“Girl Reading” (Muchacha leyendo) 1828

2 comentarios leave one →
  1. Bici Cleta permalink
    09/04/2013 17:38

    Y ¿qué hacemos todavía dedicando tanto tiempo a los análisis sintácticos, así, sin más fin que ellos mismos? ¿No sería mejor leer más en clase, iniciar lecturas entre todos que luego pudiesen seguir ellos de manera individual, por ejemplo? :-)

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    • 09/04/2013 20:17

      Pues eso mismo digo yo, querida Bici Cleta. Creo que tenemos que reflexionar mucho, cambiar muchos prejuicios y darle importancia a lo importante.
      No se trata de elegir entre gramática y lectura, sino compaginarlas y explorar caminos que tú bien conoces. Por algo te llamas así.

      Por cierto, te gustará el elogio de la bicicleta visto en Harvard con 30 cm de nieve. Te lo mando por correo electrónico.

      Besos mediterráneos.

      Me gusta

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