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Democracia mediática

28/02/2013

Decía Walter Benjamin que el lenguaje no sólo refleja la realidad, sino que, de alguna manera, también la modifica. Vivimos rodeados de palabras. Periódicos, radios, televisiones y ahora también las redes sociales nos sumergen en un mar de información tan vasto que nos ahoga y nos aplasta.

Aumenta cada día la distancia entre lo que necesitamos entender y la cantidad de información a nuestro alcance.

Internet reina en esta selva informativa y canaliza la indignación colectiva. Es una gran terapia que parece transformar la energía y la rabia en consuelo social.

Una república abierta e igualitaria en la que todos, sin diferencia, parecen poder actuar.

Pero una cosa es su fuerza crítica, como afirma el profesor Innerarity y otra muy distinta su capacidad de construir democracia.

Puede modificar la política, nunca sustituirla. Puede sostener movimientos sin liderazgo definido, como el 15-M o el partido de Grillo, que parece haber ganado por fin a la potente televisión berlusconiana y al aparato tradicional de los partidos.

Sin embargo, también puede convertirse en arma de doble filo, como afirma el filósofo Paul Mathias:

Al pluralizarse nuestra mirada sobre las cosas y las comunidades se diluye. Al diluirse, se debilita y pierde la agudeza y el juicio crítico. Al enturbiarse, nuestra mirada se convierte en una actitud: consumo no creación. Proximidad confusa y fusional, no democracia.

Sus palabras definen la sensación que se siente al comprobar cómo puebla las redes un gentío vociferante y agresivo que, como decía Machado, embiste cuando se digna usar de la cabeza.

Cada vez es más difícil separar el grano de la paja, la verdad de la mentira, los hechos de la manipulación. La realidad no es opinable pero sí, manipulable.

La verdadera comunicación se basa en la verdad. Une a las personas porque genera confianza. Construye nuestro mundo con palabras verdaderas. Y permite canalizar la violencia  que produce el no-lenguaje y la falta de diálogo.

La confianza en las palabras parece haberse roto. Y esa ruptura afecta también a la ética y a las personas. No deberíamos perder la capacidad de razonar. Aunque discursos titubeantes y mentirosos de los dirigentes alejan la esperanza.

El diálogo sereno es otra cosa. Consiste en defender con razones una idea, no imponerla a fuerza de repetir mil veces una consigna.

También el lenguaje se ha manchado de modo alarmante y la palabra ha perdido su valor de argumentación frente al sistema. Se prohíben términos, como hace Cospedal con la palabra desahucio. Se retuercen significados, como ha ocurrido aquí con el verbo censurar. Y esa perversión produce seres carentes de referencias, desconfiados, sin unión con la realidad y fácilmente manipulables. Porque se rompe la unión con la realidad de las palabras.

Prima un dogmatismo agresivo sustentado por sofismas y mentiras. Para argumentar es necesario pensar y ser honrado. Atacar ideas sin tocar siquiera la piel del contrario.

Hoy parece que el deporte favorito es la caza despiadada de la persona. La embestida dogmática que algunos practican y que se extiende cada día sólo nos llevará a destrozarnos unos a otros. Y lo que es más triste, sin tratar ni una sola idea.

La democracia se basa en la verdad de las palabras y la mentira puede matarla. No pueden seguir pidiendo fe a  aquellos a quienes  han quebrado la confianza.

Todo lo que se ve en TV es falso. Internet es nuestra única defensa

, clamaba Beppe Grillo, líder del Movimiento 5 Estrellas.

El no-partido de “la gente”, creado en la web, ha triunfado en Italia como respuesta a un sistema corrupto y a una tecnocracia ineficaz. La democracia mediática puede, quizá, ser un peligro. El no gobierno una posibilidad nefasta. Pero algo ha cambiado. No hay duda. Muchos millones piden algo nuevo, hartos de la falsedad de lo que tienen.

Un actor vence a políticos “teatrales” que el pueblo percibe como falsos. Puestos a hacer teatro, han votado al original.

Pero, como se preguntaba Innerarity, ¿podrán el cómico y el grupo elegido por Internet construir democracia?

¿Podrán devolver la confianza en la palabra? ¿Podrán llevar regeneración ética a un país desencajado? ¿Podrán devolverle al lenguaje democrático su poder de unión, de comunicación?

Conviene que lo pensemos y seamos conscientes de los riesgos para conjurarlos.

Porque me temo que seremos los siguientes. Y el reto es apasionante.

Antonio Saura, La gran multitud, 1963)

María Jesús Seguí Hidalgo, Sin título

Fotografía:ETTORE FERRARI (EFE)

4 comentarios leave one →
  1. 01/03/2013 11:30

    (…)
    Pero callad.
    Quiero deciros algo.
    Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
    A veces, al hablar, alguno olvida
    su brazo sobre el mío,
    y yo aunque esté callado doy las gracias,
    porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
    Quiero deciros cómo trajimos
    nuestras vidas aquí, para contarlas.
    Largamente, los unos con los otros
    en el rincón hablamos, tantos meses!
    (…)

    Me gusta

    • 01/03/2013 11:53

      Palabras hermosas, comunicación que une, conversación que sana, humanidad que arropa. Gracias por esos versos que limpian tantas cosas, que nos devuelven la esperanza en las palabras.

      Me gusta

  2. angel permalink
    05/03/2013 19:46

    si nos quea solo la palabra, porque el resto se va perdiendo, como puede ser la educación, la humanidad y la razón se pierde aceleradamente con el paso de los segundos y los minutos, aquién tenemos que creer? por qué hemos de luchar? si todos los dias vemos más y mas corrupción con miles de euros por delante y por tan solo dejar de pagar algo fundamental como la basura te embargan las cuentas? no sé si los hechos también dudan de la palabra.

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    • 06/03/2013 0:26

      Los hechos son eso, hechos. Las palabras pueden nombrarlos o manipularlos. Conocer la palabra, usar la palabra, pensar las palabras, ejercer el libre pensamiento,nos permite luchar por lo que es nuestro y no dejar que piensen por nosotros. Desmontar las mentiras y la injusticia y clamar por la verdad y la justicia. Nunca hay que desfallecer aunque estemos desanimados. Hay que luchar por aquello en lo que creemos.
      Benedetti lo dice mucho mejor que yo:
      No te rindas por favor no cedas,
      aunque el frío queme,
      aunque el miedo muerda,
      aunque el sol se ponga y se calle el viento
      aún hay fuego en tu alma,
      aún hay vida en tus sueños,
      porque cada día es un comienzo,
      porque esta es la hora y el mejor momento,

      Me gusta

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