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La difícil primavera de la enseñanza

13/02/2013

Decía Montaigne que el niño no es una botella que hay que llenar sino un fuego que hay que encender. La educación es el combustible necesario para que llegue a ser un verdadero ser humano.

Lo entendieron bien los republicanos progresistas que convirtieron a los maestros en agentes de regeneración social. Aquel sueño lo truncó una guerra, y esta débil democracia no ha logrado restaurarlo.

Nunca como ahora se ha hablado tanto de la escuela. Pero la paradoja es que se le pide que lo arregle todo, cuando no se le da nada y se desconfía de ella como nunca. Aquellos venerables maestros de entonces eran respetados por todos. A los de ahora, nadie los respeta. Incluso los denigran los gobernantes acusándolos de vagos y absentistas.

Hay un desequilibrio tan grande entre lo que se le pide a la escuela y los medios de que dispone, que enseñar es tarea de titanes que ha multiplicado las depresiones entre el profesorado.

Educar es un acto de coraje, y el educador debe ser entusiasta y optimista. Creer en el cambio y confiar en el futuro. Hoy es cada vez más difícil.

¿Cómo puede la escuela sola acometer la tarea de civilizar y marcar pautas en el entorno áspero y maleducado que nos rodea?

Un año de clase de valores humanos, respeto y decencia la echa por tierra un sólo programa degradante, que me niego a nombrar, en el que seres indignos se convierten en ídolos, haciendo alarde de su ignorancia.

Se oye al portavoz del Ayuntamiento demonizar el consenso y calificarlo de marketing, y se siente que ya poco se puede hacer en clase por el diálogo.

Como dice el proverbio, para educar a un niño es necesaria la tribu entera. Y la sociedad parece que nos ha dejado solos. Quizá estaba ocupada en una burbuja castradora de valores humanos que sólo prestigiaba lujo y apariencia. Ahora sabemos que esos lujos eran ilícitos, corruptos y saqueadores de nuestros impuestos.

La estafa financiera la paga la escuela pública. Los recortes la condenan a clases abarrotadas, profesores escasos, aulas decrépitas, barracones indignos, escasez de becas…

Se impone una nueva ley educativa sin consultar a nadie. Excepto a los obispos que marcan su dictadura ideológica: religión, más concertada pagada con dinero público, eliminación de formación ciudadana…

Se ha vuelto a desviar el debate. Lo esencial hubiera sido consensuar qué se debe enseñar para formar ciudadanos del siglo XXI: libres, críticos, democráticos, solidarios y justos. Que sean capaces de encarar la sociedad mestiza y compleja que nos aguarda.

En cambio, se han centrado en la financiación de colegios religiosos. Los obispos ya tienen más dinero a cuenta de nuestros impuestos y más poder contra la necesaria laicidad.

La ley Wert es una ley retrógrada y controladora que basa la tarea educativa en la transmisión ideologizada de contenidos. Su meta es formar obreros dóciles al servicio del dinero. Catequizar, no enseñar a pensar. Excluir, no integrar.

El profesor es un ser machacado por una Administración distante, obligado a mil tareas burocráticas que lo alejan del aula, solo ante las dificultades, desanimado y que ya hace bastante con sobrevivir y mantener la ilusión. Con muchos problemas y sin medios.

La semana pasada, la comunidad educativa de la escuela pública se encerró en los centros y salió a la calle para demostrar que vive, a pesar de los hachazos del poder.

Hace un año que la ‘primavera valenciana’ plantó cara a la injusticia. Han intentado pararla por la fuerza. Con expedientes y procesos judiciales. Creen neutralizada aquella ilusión. No entienden que aquello y esto son sólo un síntoma del gran enfado colectivo. Da igual el número de manifestantes. El fantasma que recorre calles y escuelas se llama indignación. Tiene miles de caras y argumentos muy sólidos. No podrán callarlo.

Ministros ineptos como Wert olvidan que la educación de un pueblo es la garantía de la paz social y el progreso. Protegen su futuro, no el nuestro. Juegan con fuego.

Una generación de jóvenes estafada, que no perdida. Una generación de padres en el paro, abriendo los ojos a una pesadilla. Una generación de abuelos sosteniendo a la familia. Una generación de políticos corruptos e inoperantes que no dimiten. Una generación de empresarios inmorales o en la cárcel es una mezcla demasiado explosiva.

Decía la entrañable protagonista de Historia de una maestra, hermoso homenaje a los maestros de la República:

Cuando todo español no sólo sepa leer, sino que tenga ansia de aprender, habrá una nueva España.

Somos muchos los que buscamos esa España y no nos resignamos a la ignorancia.

Imagen: Germán Wendel, Nenito fifí

4 comentarios leave one →
  1. ARI permalink
    14/02/2013 13:26

    Probablemente es que la pregunta no debiera plantearse como se plantea “¿cómo puede la escuela SOLA…?”, es que la escuela no debe acometer en soledad la tarea de civilizar (que si esa es la tarea, ya estamos más que mal), sino que tanto educadores escolares como educadores progenitores debiéramos realizar el esfuerzo y unir fuerzas. Quizá nos hemos acostumbrado los progenitores a delegar demasiado y a exigir, y los educadores escolares a hacer y deshacer sin permitir que los progenitores se involucren, participen e incluso cuestiones como es su obligación para con sus hijos. Probablemente deberíamos centrarnos y olvidar la necesidad social y competitiva de crear “Einsteins” y en lugar de civilizar empezar por humanizar, por crear PERSONAS. Quizá si empezásemos con ese objetivo no serían tan necesarias las herramientas y materiales que la administración injusta y muy oportunamente a sus intereses niega continuamente a los centros y profesores. Quizá deberíamos echar la mirada atrás, leer y examinar el pasado y darles con la piedra en la cara retomando la educación en la que las pizarras digitales no eran tan importantes y se utilizaban los recursos humanos que tanto escolares como profesores como progenitores podían (y querían) compartir. Creo que deberíamos volver a asumir que la educación empieza en casa y continúa en la escuela, hemos invertido los valores y los hemos invertido entre todos, no sólo los políticos deshumanizados y la administración, los educadores (todos) nos hemos centrado también en tener “mayor cantidad” y menos calidad. Hoy me planteo que quizá lograría mayores personas en mis hijos si yo cesase en mi evolución profesional, pero no puedo, no podemos tampoco los progenitores ser los educadores que debiéramos porque no Wert, pero sí otros recortes nos afectan y también la desesperanza y la depresión nos invade. Lo siento Agustina, pero sabes que comparto lo que dices, pero creo que los educadores escolares también deben pensar que el resto del mundo está sufriendo igualmente esos recortes, esas carencias y por tanto, también se nos acaba el coraje, el entusiasmo y el optimismo, y no me parece correcto achacar toda la responsabilidad de según qué conductas, falta de motivación, de incentivación, de encender fuegos tan solo a la situación actual. Creo que la comodidad a lo largo de los años nos ha invadido a todos, padres y educadores escolares. Quizá fuera el momento de cambiar, de volver a escucharnos unos a otros, pasándonos la pelota, exigiéndonos y responsabilizando al tejado del otro lo que no funciona sólo le da más fuerza a Wert y a toda la inmundicia que nos rodea.

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    • 14/02/2013 19:58

      En ningún momento pretendía hacer de la escuela la única víctima, Ari. Siento que lo interpretes así. Claro que los profesores deben aceptar su parte de culpa. Nadie es perfecto y todos hemos fallado. Nosotros formamos parte de esa sociedad que toleró el lujo vano del que hablo y somos sus víctimas también.

      De acuerdo en que debemos colaborar. Es imprescindible. Pero no se puede, como bien dices, pedir respeto por el profesor al niño cuando no se lo tienen los progenitores. Y yo lo he sufrido en mis carnes muchas veces. Y los padres pueden intervenir si quieren en la tarea educativa.

      Dices: “en lugar de civilizar empezar por humanizar, por crear PERSONAS”. Es lo mismo. Imposible civilizar si no se humaniza, si no se busca el ser humano y se le enseña a convivir con los otros ciudadanos. Eso es la base de la civilización y de la sociedad. Lo otro, son puros conocimientos que llenan la botella del niño como decía Montaigne. El fuego metafórico del que habla es la llama de la civilización, de la humanidad.La luz de la razón.Eso haría posible una sociedad culta que fuera capaz de dialogar y no atacar al otro.

      Pero, yo me pregunto si es posible hacerlo en clases abarrotadas, en condiciones infrahumanas, sin profesorado de apoyo, con alumnos con necesidades especiales y sin ayuda, con varios niveles de conocimiento…Recursos humanos como pides.Yo nunca he pedido una pizarra digital. La calefacción era prioritaria y no había dinero para instalarla. Dábamos clase a 6º en invierno y más de 40º en verano.

      Y también me pregunto si el ejemplo de la calle ayuda o entorpece nuestro trabajo. Los modelos dejan mucho que desear.

      Entiendo tu agobio y no creo que ningún educador de verdad no sienta los dramas que ve todos los días en clase. Dramas de alumnos agobiados por una crisis que les impide hasta comprar los libros.

      Puedo asegurarte que muchos docentes se dejan la piel en el aula e intentan, en lo que pueden, paliar las deficiencias que los aplastan. Para educar es necesario reinventarse cada día. Ser Quijote y Sancho a la vez.

      Y, en cuanto a los padres, no se trata de cantidad, sino de calidad.
      Encantada de debatir contigo. Como siempre.

      Un abrazo

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  2. arantxa permalink
    15/02/2013 12:43

    Se puede, pero no se debe, porque el derecho al trabajo digno, a la dignidad de los alumnos también, a trabajar y estudiar en unas condiciones dignas ha de seguir manteniéndose. Por eso apoyo las reinvidicaciones y acompaño en las manifestaciones de educación. Y sí, sé que hay docentes que se dejan la piel, que creen verdaderamente en lo que hacen y que en infinidad de ocasiones somos los padres los que reflejamos en el niño esa falta de respeto por vosotros. Siento la intensidad, probablemente mis circunstancias actuales con Pau y estar continuamente escuchando y recibiendo circulares del centro escolar respecto a los impagos haya hecho que mi predisposición a la lectura respecto de este tema no sea la más positiva. Un abrazo

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Trackbacks

  1. Enseñar tarea de titanes. « Contra los recortes en Educación.

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