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Nos roban hasta las palabras

22/01/2013

Hay momentos en la vida en los que necesitamos reposo. Sentarnos  y analizar lo que pasa, en un ejercicio que el maestro Machado llamó recorrer las “galerías del alma”.

En un mundo apresurado y convulso de este siglo de crisis profundas. En un planeta, en el que parece haberse empequeñecido todo hasta reducirse a una “aldea global”.

En una época en la que se niegan las ideologías, quizá porque no existe el coraje de tener ideología, es sano, además de necesario, hacer un alto y  meditar sobre el tiempo que vivimos. Porque entender el mundo es entenderse.

Admiro a los poetas caminantes. Aquellos que conciben la vida como un fluir hacia la muerte, empujados por el tiempo y arropados por las palabras que les dan apoyo y fuerzas no sólo para afrontar las dificultades, sino también para aceptar la propia muerte. En ellas, encuentran sosiego y motivos para seguir adelante. Porque las palabras ordenan el pensamiento. Y nombrar las cosas por su nombre nos hace reconocerlas y valorarlas.

Hoy siento que nos  han robado las palabras

Nos han despojado de la reflexión serena y del diálogo. Nos han acostumbrado a tergiversar significados y a ser falsificadores de verdades, en un ejercicio tan lento como implacable.

No se lee, no se habla, no se escucha al otro. Se evitan los diálogos y se degradan las conversaciones. Se demoniza el acuerdo, se desprecia al que cede porque se identifica con debilidad, no con consenso.

Las palabras pueden llegar a ser peligrosas en manos de seres sin escrúpulos, que hacen de ellas dardos arrojadizos contra la inteligencia.

Pero, a la vez, son ellas, las palabras, nuestra única relación con el mundo. Sin ellas, nos quedamos huérfanos y los que las manipulan y manejan construyen un mundo a su medida.

George Steiner lo señala con su agudeza acostumbrada:

Las palabras, aun siendo imprecisas y de duración limitada, construyen el recuerdo y articulan el futuro.

No permitamos que ensucien el pasado y escriban nuestro futuro con sus falsas palabras.

Pongámonos en guardia ante esta agresiva manipulación. Hagamos de ellas nuestra única arma, restituyéndoles su auténtico valor y devolviéndoles su alma.

Frente a la canalla perversión del único instrumento humano de convivencia, levantemos la bandera de nuestra rebeldía y hagamos cada día profesión de fe en la verdad de las palabras verdaderas.

No temamos llamar a las cosas por su nombre. Es el único camino para entender este mundo sin rumbo y, a la vez, lo que no es poco, entendernos a nosotros mismos.

Porque ante tanta mentira, intransigencia, manipulación interesada y agresión enmascarada, como decía  Blas de Otero, sólo nos queda la palabra.

 

 

2 comentarios leave one →
  1. ana r permalink
    23/01/2013 20:11

    “Sólo nos queda la palabra” cuando las escribes o pronuncias tú tienen doble valor por lo bien que las utilizas.
    Un saludo

    Me gusta

    • 23/01/2013 20:48

      Nos quedan también los sueños, y lucharemos lo que haga falta para que no nos arrebaten la palabra.
      Nos tenemos los unos a los otros. Unidos, saldremos de esta. Pero tendremos que empezar a actuar.
      Los que nos gobiernan están sordos y ciegos y no parecen escuchar el clamor de la protesta.
      Pero recuperaremos las palabras limpias y pelearemos por lo que es nuestro.
      “A veces las palabras se posan sobre las cosas como una mariposa sobre una flor, y las recubren de colores nuevos”. Ángel González

      Muchísimas gracias, Ana. Un abrazo.

      Me gusta

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