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Sueños, quijotes y utopías.

09/01/2013

Los clásicos lo son, precisamente, porque son eternos. Y sus enseñanzas siempre están vivas.

En esta época, confusa, apresurada y combativa, en la que pretenden convencernos de que sólo hay un camino: el de la desaparición de los derechos en favor del dinero, conviene  recuperar la doctrina de Cervantes.

El Quijote es la novela del diálogo y la duda frente al dogma católico reformista imperante en la época. Instaura un mundo de incertidumbres, moderno y cercano al que vivimos hoy.

D. Quijote es un desarraigado de la sociedad en la que vive, un iluso empeñado en lograr lo imposible, un loco que no comulga con el éxito basado en la competencia desleal, el engaño o la mentira y que, vencido por las circunstancias, se deja morir desengañado.

¿No es esto un reflejo de lo que también ocurre en nuestro moderno y tecnológico siglo XXI, inmerso en la mayor tormenta conocida en los últimos años?

Nos dicen que ha llegado el fin de la utopía. Que la realidad obliga a aplastar nuestros derechos. Que el mundo sólo puede caminar en una dirección, la que unos pocos marcan. Nos niegan el derecho a la libertad de elegir nuestro destino, aunque para lograrlo debamos luchar contra gigantes y salir, las más de las veces, maltrechos.

Y no es así. Nunca lo ha sido. No debemos escuchar los cantos de sirena del desaliento.

El profesor Francisco Fernández Buey, recientemente fallecido, es uno de esos seres que creyó en la utopía como modo de vivir y pensar:

…una cosa es defender la tesis de que la utopía se acaba porque lo que ella enuncia empieza a realizarse, y otra cosa, completamente distinta, defender la tesis de que nuestra realidad socioeconómica (la sociedad de la información, postindustrial, posmoderna, del espectáculo, “tardocapitalista”, o como quiera llamarse) ya no admite utopías.

No podemos darnos por vencidos ni creer las profecías agoreras e interesadas que nos venden  el final de los sueños.

Porque, como sigue diciendo el añorado profesor:

Utopía no es ni lo que se llamó socialismo real ni tampoco Babia, o el Limbo, o el Reino-de-Nunca-Jamás, sino un ideal regulador, el señalamiento ideal de un horizonte sin el cual ni siquiera puede haber realidad aceptable.

Nada enriquece más a la persona que perseguir un imposible. Sin los ilusos como D. Quijote, el mundo estaría quieto. Porque, precisamente, lo han hecho avanzar los soñadores.

Admitimos la utopía científica y nos deslumbramos con el necesario y válido progreso tecnológico. En cambio, negamos validez a las utopías eternas del humanismo y al deseo necesario de cambiar el mundo.

No podemos seguir empeñados en disociar lo humano y lo tecnológico. Deseos como la libertad, la solidaridad o el respeto a los derechos humanos son imprescindibles para lograr un mundo en el que la manipulación ideológica no haga batir en retirada a los que aún  persiguen el sueño de un mundo mejor.

No buscan utopías los poderosos. No las necesitan. Ya viven en ellas.

No ocurre lo mismo con los desprotegidos que necesitan pensar que hay otro mundo. Que necesitan crear otra realidad posible. La utopía se transforma así en el “sueño de los perdedores”.

Ese sueño que se empeñan en negar y descalificar los ganadores. Ya lo advirtió el lúcido José Saramago:

Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay.

Un pesimismo activo, fruto de la energía del ser humano que necesita “alimento, sueños y momentos de respiro”, como afirmaba Jonh Berger. Que busca lo posible, a fuerza de ansiar lo imposible.

Cervantes, maltrecho él mismo por los envites de la vida, hizo claudicar a su héroe y le devolvió la razón. Pero nos dejó a un lloroso Sancho que recogía la antorcha de su amo proponiéndole cambiar de sueño: ser pastor en vez de caballero.

Todo menos dejarse morir:

No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años, porque la mayor locura que puede hacer una persona en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía.

Comienza un año nuevo de resistencias viejas. Resistencia al desaliento, a las adversidades, a las injusticias, a la melancolía. Año sin estrenar en el que no debemos ni podemos dejarnos vencer por las voces agoreras. Esas voces que insisten en que no se puede. Voces que intentan callar sueños y protestas. Viejos cantos de sirena.

Resistiremos porque estamos vivos. Y, porque no hay peor muerte que el abandono de las ilusiones.

6 comentarios leave one →
  1. Emilio B. permalink
    10/01/2013 15:15

    ¡Resistiremos, Agustina, resistiremos!
    Claro que hay otros caminos, pero no nos dejemos engañar por quienes defienden tan fervorosa y obscenamente la desigualdad, especialmente en los dos pilares fundamentales de una sociedad justa: educación y sanidad. Frente a ellos, nosotros defendemos una sociedad SOLIDARIA, como ahora mismo está haciendo el sector de la sanidad pública de Madrid.
    Gracias por tus artículos, que tanto ayudan a distinguir los ecos de las voces.
    Abrazos desde Granada.
    Emilio B.

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    • 10/01/2013 16:06

      Claro que sí, Emilio. Resistiremos mal que les pese a algunos. La Sanidad pública en Madrid es un ejemplo que añoramos mucho que no se produjera en Valencia. Aquí empezó todo, en Alzira, hace ya trece largos años. Y a nadie pareció importarle. Así nos va…
      Gracias a ti, a vosotros por estar ahí y leerme.
      Un abrazo fuerte y resistente desde Gandia.

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  2. ana r permalink
    10/01/2013 20:47

    “Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento”
    Miguel Hernández
    Aunque mis sueños e ilusiones sean pequeños no voy a dejar que me los arrebaten. Yo también me apunto y espero “resistir”.
    Un saludo.

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    • 10/01/2013 21:00

      Gracias por compartir esos hermosos versos de un gran poeta y mejor persona. Él sí sabía lo que era el amargo sabor de la derrota. Y nunca se doblegó. Es uno de esos seres que nos ayudan en tiempos oscuros porque han sabido andar en la noche, como decía Sábato.
      Ya somos tres. Y hay muchos más.

      No hay sueños pequeños, Ana, sólo sueños.

      Estoy segura de que resistirás, resistiremos. Se trata de hacerlo juntos, solidarios, como decía Emilio. “En la calle, codo a codo, somos mucho más que dos” (Benedetti)

      Un abrazo.

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  3. 11/01/2013 0:16

    Resistiremos a pie de calle y a fuerza de palabra. Nos quitan todo, que no lo hemos perdido, sufriremos la sed, el hambre y, seguro, la injusticia a la que se abonan y a la que nos condenan los que ahora gobiernan pero, a pesar de ellos, nos queda la palabra.

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    • 11/01/2013 11:23

      Nos queda, Juan Pedro. Y nos tenemos unos a otros. Y tenemos el pensamiento libre que no podrán arrebatarnos. Como tampoco podrán arrebatarnos la esperanza. Ni los versos de Blas de Otero que tan bien adaptas.

      Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Eso significa que vives, decía Kafka.

      Pues eso. Estamos vivos, activos, pensamos, tenemos la palabra, estamos unidos. Hay motivos para seguir adelante y resistiendo. Un abrazo, compañero, y buen año resistente.

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