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Violencia estructural contra las mujeres

28/11/2012

Desde la llegada del Partido Popular al poder se está llevando a cabo un duro ajuste ideológico de los derechos femeninos. Disfrazada de economía de crisis y de recorte, se impone una calculada vuelta de las mujeres al hogar. De donde nunca debieran haber salido, según los ultraconservadores.

Parece que ciertos poderes, religiosos y políticos, siguen creyendo en el derecho a imponer sus normas. Temen a las mujeres. Sobre todo si piensan y quieren ser libres. Las corrientes patriarcales y dictatoriales renacen con fuerza. En el fondo, ambas son estructuras de poder, y el machismo se mueve como pez en el agua en las dictaduras. Recordemos el franquismo.

Agazapadas algunos años, siguen ahí. Son una corriente pegajosa, persistente, peligrosa que impregna el tejido social. Y destruye, humilla y mata, incluso, si no consigue su objetivo.

En la última década han muerto más de 600 mujeres en España, víctimas de la violencia machista. Todas las alarmas habrían saltado si ocurriera en algún otro colectivo.

Esta indiferencia, este conformismo ante el horror es violencia social. El tema se considera “muy visto”. Como si las muertes fueran de ciudadanos de segunda. Una sociedad que considera “normales” hechos terribles que acaban con la vida de seres humanos está enferma.

La violencia se ejerce ahora desde el poder, y las leyes se adaptan a la nueva situación de patriarcado. Se recortan derechos adquiridos en la mayor ofensiva reciente contra la igualdad. En un año hemos retrocedido casi un siglo.

La ministra Mato habla de violencia familiar, diluyendo su origen machista. El ministro Gallardón reduce a las mujeres a la maternidad. No le importa privar a mujeres sin hijos de su identidad. Lo que interesa es reducirnos a seres dominados con una única misión.

Se eliminan 300 millones de la Ley de Dependencia. Se acaba con la teleasistencia, se cierran centros de enfermos mentales, no se paga a las residencias de ancianos, se considera que la educación infantil no es cosa del Estado.

Ese violento ataque tendrá una consecuencia clara. Las mujeres (un 98% de ellas son cuidadoras) soportarán otra vez sobre sus hombros la atención de niños, enfermos y ancianos.

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Deberán volver al trabajo durísimo y no remunerado, que siempre ha sostenido este sistema. Volverán a ser esclavas de la familia. La institución menos democrática que existe. Volverán al silencio y dejarán, de paso, sitio libre a los guerreros. Si acaso, ocuparán puestos de segunda.

Dos problemas solucionados de un plumazo: paro y servicios sociales que son muy caros. Ya lo avisó Rajoy.

Si violencia son las muertes, una violencia sutil y cruel es esta muerte lenta de derechos.

Violencia que se une a los recortes en la ayuda a maltratadas. Casas de acogida cerradas, centros de encuentro clausurados. Desaparición de cursos de reeducación, campañas descafeinadas que llaman a la confianza en una Administración que abandona a las mujeres tras la denuncia y las deja en manos de su maltratador, Abogados sin interés, jueces que rechazan pruebas,  falacias sobre denuncias falsas. Subida injusta de tasas judiciales.

Violencia que se manifiesta, también, en indiferencia ante las humillaciones, los insultos. En tolerancia a una publicidad machista, programas denigrantes que presentan a la mujer como objeto, modas que la esclavizan. Miradas que la ensucian, actos que avergüenzan, acoso en el trabajo que queda impune.

Dejarse llevar y no actuar, puede tener graves consecuencias. Cerrar los ojos al sometimiento de la mitad de la humanidad es suicida. Porque la inercia de algunos y algunas conseguirá que retrocedamos en igualdad. Lo que supone hacerlo en democracia y en cohesión social. No podemos estar de vuelta sin haber llegado.

La mujer-madre y la mujer-mujer no pueden ser los modelos del futuro. Se lo debemos a tantas pioneras que dejaron su vida por conquistar derechos que ahora se pisotean. La violencia machista es un gravísimo problema social y no privado, que padecen las mujeres y que nos afecta a todos.

Pero quizá esta corriente ultraconservadora quiere volver a siglos pasados. ¿Qué queda del siglo XXI, al que algunos llamaron el siglo de las mujeres?

Imagen1: “Retrato familiar”. Dorothea Tanning,1945

6 comentarios leave one →
  1. 30/11/2012 1:42

    Genial no sólo que vuelvan las columnas de Nos queda la palabra, sino además que vengan en plena forma. Gracias y enhorabuena!

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  2. 30/11/2012 11:40

    También son perversas las combinaciones de mujer-mujer y de mujer-madre: tantos modelos de profesional que, aún destacando por su trabajo, sólo se realizan al ser madres. Madres híper felices, claro.
    Las horas de espera de aeropuerto me hicieron cruzarme con esta revelación de la “mujer española que más lejos ha llegado en el mundo del cine” Penélope Cruz (desde la página 184, la entrevista no tiene desperdicio http://bit.ly/X7pKuR ): “en el instante preciso de dar a luz sientes que cambia todo: muchas piezas se colocan en su sitio y las prioridades dan un vuelco total. Es, sin duda, lo más maravilloso del mundo. Es una revolución interior (!) a unos niveles desconocidos. Afecta a tu subconsciente.”

    Pero leer cosas así, cada agresión del día a día, renueva la fuerza y compromiso en esta lucha que es de todxs. Contra la violencia de un Estado proxeneta que primero nos reduce a vaginas, y luego se apropia de ellas. Contra un sistema que contamina nuestras relaciones afectivas para convertirlas en intercambios económicos: te pago las copas>te acuestas conmigo; me caso contigo>me das un hijo. Contra ser cazadores y madres, contra ser guerreros y Sherezades en la cuerda floja. La lucha por no ser ni mercancía ni proveedoras de hijos se libra ahora con fuerza… una lucha que parte de nosotras mismas pero que abarca todo el espacio público y también los cuerpos de nuestros compañeros.

    Tú lo escribías hace poco: no todo está perdido. Fuertes e imperfetxs, seguiremos luchando.

    Gracias Maguspe!

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    • 30/11/2012 12:08

      Gracias a ti, Lucía, por tu fuerza, tu lucidez, tu compromiso…Sentí lo mismo que tú al leer esas declaraciones y pensé cuánto daño hacían a siglos de reivindicaciones y de lucha. En un solo titular, toda una declaración de ideología patriarcal en boca de una mujer, además, que se considera modelo (¿?).Violencia sutil y muy peligrosa.Trampa emocional.

      Pero no podrán con personas como tú, y tantas más. Porque las contrariedades nos hacen más fuertes. Porque nadie nos podrá quitar la capacidad de pensar por nosotras mismas. Porque los seres humanos, por ser humanos, son imperfectos.Porque el economicismo no puede ser la medida de todas las cosas.

      Como a Dworkin, no me gustan los ni las “perfectas”:”Lustrosos por fuera, meneando el trasero, a decir verdad, no me gustan. En absoluto”.

      Un abrazo fuerte.

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    • 30/11/2012 16:41

      Lucía, tienes que abrirte ese blog, es urgente.

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  3. 09/12/2012 0:30

    De lo que se trata en esencia en el neoliberalismo es de obtener por activa y por pasiva, el beneficio económico del trabajo de la mujer sin tener que pagarlo.

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    • 09/12/2012 11:39

      Por algo el feminismo ha sido históricamente uno de los referentes fundamentales de la lucha contra las estructuras de poder. ¿Capitalismo patriarcal?, ¿patriarcado capitalista?…¿Esa cosa escandalosa, como lo llama Donna Haraway?.
      Por eso las fuerzas neoconservadoras nos quieren en casa. Calladas, esclavas y sin autonomía económica. Sin dinero y sin una habitación propia…Dedicadas al Cuidado gratuito.

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