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Agustín García Calvo y el hilo del recuerdo

11/11/2012

¡Qué pena

que el agua corra turbia!

Que el viento quiebre la lluvia

¡Qué pena!

Agustín García Calvo

Siempre me ha intrigado el modo en que funciona el recuerdo. Abre y cierra puertas, de manera aparentemente arbitraria, y guarda bajo llave imágenes, olores, colores, sensaciones…  Y un día, reviven, toman forma, a pesar de que nunca creímos que seguían ahí.

Agustín García Calvo (AGC, como le gustaba llamarse para rebelarse una vez más) forma parte de mis recuerdos. Nunca lo conocí en persona, pero su nombre va ligado a mi ciudad y la suya. Escuché de mi padre palabras elogiosas sobre el sabio conocedor de lenguas clásicas y me llegó la admiración que por él sentía, a pesar de las diferencias ideológicas. Mi padre siempre supo valorar el estudio, la seriedad y la sabiduría.

Aún veo su figura quijotesca, aureolada por su blanca melena y sus cerradas patillas, pasear por el parque cerca de mi casa. Eso era antes de que se mudara a la señorial y antigua Rúa de los Notarios.

Sus  pañuelos floreados, su indumentaria informal, rompedora, eran un soplo de aire fresco en la ciudad castellana, levítica, cerrada y triste.

Nunca lo supo, pero sus palabras llegaron conmigo desde la ciudad de mi infancia a mi ciudad de acogida. Nunca supo que aquella joven que empezaba nueva vida en una ciudad lejana traía bajo el brazo su Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana (C.A.Z.).

Juan Villoro, en su magnífico De Cartago a Chiapas:crónica intempestiva puso palabras hermosas al sentimiento que aquellos años lejanos me atenazaba el alma. Las personas en el exilio se atan a la lengua como feroz acto de resistencia. El lugar de llegada, por prometedor que sea, supone siempre una dolorosa ruptura.

Mi lengua era Zamora. Era una variante híbrida entre el gallego, el portugués y el viejo dialecto del latín, el leonés, que se habla en aquel rincón fronterizo entre la Castilla vieja y la Galicia  próxima. Y que mantiene palabras propias que nos identificaban, siendo estudiantes, en la Salamanca vecina.

Y García Calvo, el lúcido lingüista, las recogió con mimo para que los desterrados tuviéramos siempre nuestra memoria escrita. “Porque integrarse en un entorno ajeno siempre tiene algo de naufragio”, afirma Villoro.

Y yo me agarré como tabla de salvación a mi nombre del mundo, a mi idiolecto, a mi lengua. Y quise creer que eso me salvaría siempre del olvido. Porque, sin raíces, el árbol se seca.

Y seguí llamando “cuzo” al entrometido, hasta que mis hijos se quejaron de que no los entendían. Y trajiné con “achiperres”, busqué frescas “buchinas” para sumergirme en verano. Identifiqué “candongas”, que las hay en todas partes. Hice las “jeras” que siempre me enseñó mi abuela. Enseñé a comer “fréjoles” a mis hijos. Aunque sabían que eran igual que las judías verdes, eran un plato diferente que hacía su abuela. Vi “arroñarse” edificios e ilusiones. Siempre recordé que mi abuelo consideraba pecado tirar los “rebojos” de pan. Era sagrado.

Me crucé con gente “fata”, “modorra”, y las “morceñas” revoloteaban desde el fuego, cada noche de quema en las Fallas.

Aún hoy, al escribir estas palabras, vuelo a mi pequeña ciudad, al pueblo de mis abuelos, a los juegos de niña. Saboreo la merienda de cada tarde cuando, tras tirar de modo literal la cartera de los libros, salíamos corriendo libres a una calle sin peligros para jugar hasta la puesta del sol. Recupero los olores del Bosque de Valorio, que da nombre a los poemas de AGC, y era el mundo de los paseos con mi padre y de las fiestas campestres.

Porque, según afirma AGC, el lingüista:

La Lengua en general no existe en el mundo de la Realidad, sino que solo se manifiesta por medio de las lenguas de Babel (es decir, por medio de toda la innumerable cantidad de dialectos y de lenguas entre los que cada uno ha caído o se ha enredado), es muy importante (aún tomado en el sentido de lengua particular, de idioma)

Palabras que nombraban realidades que creí perdidas y que han vuelto con la muerte de García Calvo.

He esperado una larga semana para comprobar cómo en este país se desprecia a los grandes. Ningún periódico, revista de gran tirada o medio de comunicación le ha dedicado, tras su muerte, el mismo espacio que a sus otros compañeros represaliados en los años sesenta: Tierno Galván y Aranguren.

García Calvo fue consecuente y huyó de los cauces oficiales en los que no creía. Por eso se apartó y fue apartado. Es el sistema. Y él era antisistema.

Dio pocas entrevistas, tampoco creía en ellas. Pero hace apenas dos meses concedió una a Filosofía Hoy que vale la pena leer entera.

Para atreverse a decir No a lo que nos imponen:

Así que cualquier sueño de revolución tiene que partir igualmente de que el primer hacer es el decir no. El decir no a lo que está dicho y se nos manda; decir lo que nos viene de más abajo (de no sé dónde), y ese decir es un hacer.

Para atreverse a hacer ahora, sin esperar más, el presente. El Futuro no existe para la protesta:

El Futuro es de ellos; el Futuro es del Dinero. El Dinero, que no sabe ser más cosas que Futuro y que es al mismo tiempo la administración de muerte. Por tanto, una rebelión no puede tener Futuro: una rebelión de boca o de mano se está haciendo ahora o no se está haciendo.

Para identificar la religión del pensamiento único. Mentira que busca nuestra inacción:

Lo que yo llamo la Fe consiste en hacer creer a la gente que la Realidad es todo lo que hay, en contra del descubrimiento que el sentido común ha hecho ya: que la Realidad no es todo lo que hay. Consiste en hacerle creer al niño, cuando se va haciendo muchacho o muchacha, que “las cosas son como son, hijo mío”; en hacer creer que cuando la Ciencia se vulgariza en los Medios, está diciendo la verdad acerca del mundo; en hacer creer que, efectivamente, nuestras vidas dependen de cualesquiera medidas económicas o políticas que se toman en España o en Europa, y que, por tanto, se están discutiendo todos los días ahí, en los palacios del Poder, cosas decisivas y trascendentales que van a afectar a nuestras vidas: todo eso es el reino de la Mentira. Y es contra ello contra lo que cualquier forma de hacer no o de decir no es tan importante.

O para encontrarse con los amigos muertos en la lectura:

Aquellos que nos pueden llegar desde la muerte a través de la escritura. De mis oficios más veteranos soy un filólogo, y por eso a mí me encanta tratar de leer cada vez mejor lo que nos queda de los libros de Heráclito de Éfeso, leer mejor también a Sócrates, otras cosas también en castellano viejo o en latín. De manera que esos son algunos de mis amigos, los que están enterrados en las letras, porque de vez en cuando hay que contar con amigos. Cuando yo empecé a sentir esto, en la adolescencia, me volcaba en la biblioteca de mi padre, que era un hombre muy leído, y que me dejó meterme en ellos, contaba con los libros como los de Don Miguel de Unamuno y Antonio Machado. Los leía y me gustaban mucho. Y desde entonces para mí han quedado como amigos.

Orador insuperable, Rosa Montero ha escrito de él que es “la más perfecta máquina de hablar que he conocido” , lingüista excepcional, filósofo contra la Filosofía, político contra los políticos, poeta en la línea de las canciones de amor y la más pura poesía popular, dramaturgo y traductor -su versión rítmica de  El sueño de una noche  de verano de Shakespeare es deliciosa- , escritor de cuentos, activista del 15-M…

Ha sido, afirman, el último Sócrates. Filósofo que, como le gustaba decir a García Calvo, era el último de los presocráticos. Siempre supe que, entre mis libros, debía estar junto a Platón. Ahí ha estado siempre.

Se han dicho pocas, pero densas palabras sobre él y quiero quedarme con las que escribe Juan Luis Pavón en El Diario de Sevilla, de las que destaco:

García Calvo se ha muerto cuando Wert, como ministro de Educación, quiere expulsar el latín y el griego de la enseñanza obligatoria. Llega la hora del obituario cuando el mundo universitario sevillano padece una funcionarial cobardía intelectual de estómagos agradecidos que se parece en demasía a la que se encontró en 1953 cuando llegó para ocupar la cátedra de lenguas clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras. Durante diez años enseñó a sus alumnos la vida que no explicaban otros profesores y les inculcó la semilla del librepensamiento. García Calvo pone fin a su biografía de consumado ateo dando la nota el Día de Todos los Santos para hacer pensar en la deriva de una España refractaria a cualquier ideología con dos dedos de frente; en la ridiculez de una Sevilla de casino aldeano a cuenta de un pregón, y en la adoración a Halloween al borde de la estupidez.

Me cuentan que en el cementerio de San Atilano, en nuestra Zamora, hubo una sentida despedida en la que Amancio Prada cantó otra vez sus versos: El mundo que yo no viva lo pensé como cosa extraña, como arca de maravilla.

También me cuentan que la Zamora levítica, fundamentalista y cerrada dio, una vez más, la espalda a su hijo sabio y rebelde.

Que parte de la ciudad “envuelta en sus harapos, desprecia cuanto ignora”, como dijo su amigo Machado. ¡Qué pena que el agua corra turbia!

Su figura colorista dejará de iluminar un ambiente gris que amenaza ocultar la belleza de una ciudad preciosa. Pero nos quedan sus palabras amigas:

¿Queda algo de lo que pasa,

amor? Algo queda.

Al aire, apenas decirla,

se voló la palabra:

eco y eco de ella ruedan

sin fin, perdiéndose tras las

nubes y estrellas.

Fotografía:García Cordero

8 comentarios leave one →
  1. 12/11/2012 0:45

    Gracias, Agustina, por este ejercicio en Pedagogía. Ha logrado lo que siempre he valorado por encima de las demás cualidades del docente: la provocación en el oyente de la añoranza de algo desconocido. He disfrutado y aprendido del blog de hoy. Añado el nombre de Don Agustín García Calvo a mi lista de lectura requerida.
    Y, dicho sea de paso, comparto plenamente lo que dice del idiolecto que el que se desplaza a otro lugar trae a su nueva vida y al que se agarra como si se tratara de una tabla de salvación. Está muy bien observado.

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    • 12/11/2012 9:57

      Muchas gracias.
      Le debo a mi padre la pasión por la enseñanza. Él siempre sabía hacer fácil lo difícil. Me lo enseñó todo.
      Respecto a la tabla de salvación, Villoro dedica su escrito a su padre. Y dice: “Para el hijo de un profesor, entender es una forma de amar”. Esa frase tiene para mí un significado muy especial.

      Con el tiempo,¡se entienden tantas cosas!

      Un saludo cordial, Jim.

      Me gusta

  2. 13/11/2012 2:04

    Buenísima la entrada, y no sólo por las alusiones que me incumben sino sobre todo por el recuerdo de ese grande que era García Calvo. Anduve leyendo el otro día otra entrevista muy recomendable para seguir recordando su pensamiento (como dices irreductible para las necrológicas babosas de las glorias intelectuales de la Cultura de la Transición). Me quedo con este párrafo, sobre la lengua y el poder:

    “Por mucho que el poder intente intervenir en la literatura y en la cultura, en la lengua, que tiene sus propios elementos secretos y sus reglas, no puede mandar nadie. El poder puede usar la lengua para sus propios fines pero no puede alterar ni su aparato ni la diferencia entre los fonemas, ni las reglas sintácticas ni ninguna otra cosa. La función de una gramática honrada y fiel sería descubrir lo que todo el mundo sabe sin darse cuenta de que lo sabe y contraponerlo a todo lo sabido, a todas las opiniones y las ideas establecidas acerca de la lengua. Naturalmente, a partir de este descubrimiento, pueden surgir cuestiones que podemos llamar políticas, en el sentido de la política del pueblo que no existe y que no es la política que hacen los políticos que hacen la política. Descubrir la lengua, que no es de nadie, es peligroso para el poder porque entonces aparece una contradicción entre lo que podemos llamar la política de la gente y la política del poder”

    Aquí el resto: http://www.revistaminerva.com/articulo.php?id=443

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    • 13/11/2012 10:35

      “Descubrir la lengua, que no es de nadie, es peligroso para el poder porque entonces aparece una contradicción entre lo que podemos llamar la política de la gente y la política del poder”

      Esa frase pone nombre a las intenciones, no sé si logros, de mis escritos.Luchar con las palabras es darles libertad para expresar la realidad real no la Realidad que fabrica el Poder, como afirma García Calvo. Él era un filólogo excepcional y sólo se puede criticar lo que se conoce bien. Sólo se puede ser rompedor tras haber estudiado y comprendido lo que se pretende romper. Lo demás son sólo poses superficiales.

      La gramática que se debe enseñar en la escuela es la que permita desentrañar los mecanismos de la manipulación. Sólo así podremos defendernos de ella. Y sólo se logra con trabajo diario y conocimiento.

      Pero eso es lo que no quieren Wert y compañía. Porque la “política del pueblo” los destruiría de un plumazo. Prefieren la dócil ignorancia de los sumisos acríticos.

      Gracias por tus palabras y el enlace de la entrevista. Y más gracias por la recuperación de las entradas del blog.

      Lo personal se queda en la intimidad…

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  3. ana r permalink
    19/11/2012 0:11

    Una entrada maravillosa, cuando he acabado de leerla me ha parecido que conocía a D. A gustín por la admiración y el reconocimiento que se desprende de tus palabras.
    Gracias por descubrirnos a personas tan interesantes.

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  4. 11/06/2013 14:39

    Gracias por esta entrada sobre Agustín, os dejamos el enlace a su web por si queréis “descubrirlo” aún mas,

    un saludo

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  1. Canción de cuna para una utopía | Nos queda la palabra | El blog de Agustina Pérez

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