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Pereza

27/10/2012

 

 

La Muerte enfocó, con sus ojos garzos y penetrantes, la única ventana iluminada del edificio.

Era su última tarea del día. Pero sintió pereza.

Aquel día había trabajado demasiado. Apartó la mirada y siguió su camino.

Dentro de la casa, la mujer respiró aliviada y apagó la luz.

Todo había sido una falsa alarma.

En la cuna, su bebé respiraba ahora tranquilo.

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