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Líneas paralelas

05/09/2012

Nunca se interesaba por ella. Ni su salud, ni su ánimo, ni siquiera su presencia le importaban.

Un día, ella decidió pagarle con la misma moneda y abandonó su solícita servidumbre.

No apreció cambios en él. Sin embargo se sentía culpable. Una ola de remordimiento la ahogaba.

Sus vidas seguían rumbos paralelos, sin tocarse siquiera.

Una mañana, cuando ya no esperaba nada y había decidido volver a la rutina antigua, la pregunta de él la sorprendió.

Escuchó, incrédula, cómo se interesaba por su rotura de tobillo.

Hacía meses que cojeaba. Ni escayola, ni operación habían conseguido que su pie funcionara.

El remordimiento desapareció. Aquel mismo día decidió dejarlo.

Era libre.

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