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La esperanza cabe en un correo

16/07/2012

El mundo está lleno de dictadores que no dan ni un céntimo, porque prefieren morir matando; de amigos del alma que confiesan que fuiste tú; de altruistas bienintencionados capaces de levantarse y matar por su religión, su patria o su lengua; de inversores que se tapan la nariz al vender el bono justo antes de que el mercado reviente arrastrando a los demás a la ruina; y de progresistas divinos que giran la vista mientras leen su cuenta de facebook en el iPhone 4 y no leen la muerte de ese mendigo que tiene delante en la acera.

Esa es precisamente la gracia de la historia. Para qué necesitaríamos la poesía, y la ciencia, si el mundo fuera una alfombra de cuerpos perfectos y mentes clarividentes y puras, todos juntos caminando desnudos de la mano por las nuevas avenidas, al ritmo de una canción de Yann Tiersen.

No hay otro camino, ni más hermoso, que el que nos mantiene de pie, contra toda esperanza, en un mundo real lleno de derrotas, canallas, sociópatas y revolucionarios de opereta, pero también repleto de frágil debilidad, de preguntas sin responder, de inmerecido amor y de tanta belleza.

Las palabras llegaron de lejos, envueltas en el frágil envoltorio virtual de un correo.

Me quedé quieta, leyendo despacio tanta verdad y tanta poesía juntas.

Volví sobre las palabras intentando comprender cómo se puede ser tan certero y, a la vez, tan humano. Tan realista y tan idealista. Tan soñador y tan práctico.

No comprendí con la mente, sentí con el alma las razones hondas de una tarea imprescindible en este mundo áspero: devolver al ser humano la belleza y la esperanza que le arrebatan las derrotas de cada día.

Guardé en la carpeta de las cosas importantes esas palabras mágicas. Las dejé dormir, no fuera a ser que desaparecieran como ocurre al despertar con  los hermosos sueños.

Y hoy he vuelto a ellas. Y me he encontrado con un huracán de esperanza. Con un viento fuerte que aparta la derrota. Con un camino real lleno de sueños. Con un antídoto contra la resignación.

Y he pensado que debo dejarlas libres. Que debo compartirlas porque sería egoísta guardarlas.

Porque siempre, contra las injusticias, los desalientos y la desolación, siempre, siempre, siempre nos quedará la palabra.

La palabra que vuela libre y es capaz de devolvernos la ilusión y la poesía  que nos arrebatan. Que nos mantiene en pie en la derrota y nos sirve de bandera en la batalla.

 A quien las escribió, simplemente, gracias. Muchas gracias.

One Comment leave one →
  1. 17/07/2012 5:00

    Veo que ha habido una alineación planetaria de dos astros de la literatura y de la vida. Muy grande.

    Me gusta

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