Skip to content

Regeneración radical o ruina democrática

28/06/2012

El lunes, el ministro Luis de Guindos solicitó a Europa el rescate en una carta. La encabezaba considerando un “honor” el pedirlo. Ayer compareció por fin en el Parlamento.

Siguió negando que el rescate vaya a tener consecuencias para los ciudadanos y hasta contradijo al presidente Rajoy que había hablado horas antes de inminentes y “difíciles” medidas. Pero ya es inútil esperar claridad de nuestros gobernantes.

Entre empeños de no llamar a las cosas por su nombre, se permitió el Ministro hablar de humildad y de huir de la prepotencia, sin considerar si él y sus compañeros lo hacen.

En el libro La torre de la arrogancia, sus autores, X.C. Arias y A. Costas, hablan de tres almenas que defienden una torre de insolidaridad y prepotencia. La de la arrogancia del mundo financiero, la de los economistas que lo fían todo a modelos rígidos sin pensar en el mundo real y la de los políticos que aplican sin parpadear medidas tecnocráticas equivocadas.

Contra esa torre infame se estrella la impotencia ciudadana, los derechos y la justicia igualitaria. Sólo un ejemplo: se irán al paro miles de profesores interinos esta semana.

Porque esta crisis actúa como un huracán y sus consecuencias sociales son dramáticas para la convivencia y  la democracia.

Más allá de recortes, precariedad laboral, rebaja de sueldos y subida del IVA, la ciudadanía se siente desamparada y angustiada. Un 80% considera que los políticos no están a la altura de las circunstancias y desconfía de todas las instituciones. La desconfianza es un sentimiento peligroso que gangrena la democracia.

Nadie parece merecer respeto, ni ser capaz de dar seguridad y sosiego. Los políticos, acuartelados en su torre y rodeados de banqueros, que obedecen sin explicarnos nada no son precisamente el mejor ejemplo.

Tampoco lo es la justicia que está aún más desprestigiada tras el oscuro asunto de Carlos Dívar y sus viajes pagados por todos.

Ni la Corona, inmersa en escándalos como el de Urdangarín o las cacerías del rey.

Hasta la Iglesia católica está a la cola del aprecio ciudadano en una lista de más de 60 instituciones. Nada extraño tras los casos de pederastia, las tramas vaticanas propias de novela negra, y el silencio de la jerarquía ante tanta injusticia social.

Es necesaria una regeneración radical y no parece que los implicados estén por la labor. Dívar se va sin pedir perdón y “con la conciencia tranquila”. El rey pide disculpas, pero no da ejemplo de austeridad ni aclara sus cuentas. Y la jerarquía eclesiástica amenaza, cuando se le pide pagar el IBI, con bajar el mísero 1% que aporta a Cáritas. Parece que los fieles son más generosos que sus pastores.

Pero hay esperanza. Y está en el renacer de la acción ciudadana. Siguiendo la estela del ejemplar 15-M se han dado pasos puntuales como parar desahucios, denunciar el horror de Eurovegas o acorralar a Bankia y a sus perversos dirigentes.

Desde los Iaioflautas a los universitarios, pasando por profesores, médicos y demás empleados públicos, hasta los mineros, los ciudadanos dan ejemplo cada día a políticos autistas que disfrazan la tremenda realidad a la que nos condenan y que se blindan en sus privilegios.

Sentimos rabia y nos sentimos huérfanos al comprobar cómo aquellos elegidos para administrar el bien común no son servidores públicos, sino verdugos que no sólo no solucionan, sino que empeoran nuestros problemas.

Se ha perdido el miedo a reclamar lo nuestro. Porque sabemos que tendremos que ser nosotros quienes reconstruyamos las ruinas.

Políticos e instituciones deben convencerse de que hay que escuchar. Si no lo hacen, perecerán todos juntos y con ellos la Política garante de la Democracia. Será una catástrofe para todos.

Basta ya de cerrar los ojos y los oídos al clamor de la calle. No se pide un imposible, sino algo tan sencillo como la regeneración de la política para convertirla en “pasión de reformistas radicales”, en palabrasde Jean Daniel, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación. Ni más, ni menos que eso.

No soportamos más esta mezcla de arrogancia, incompetencia y autismo de nuestros actuales dirigentes. Necesitamos una nueva voz y una mirada honesta que corrija el pasado con ojos de futuro, no con ojos de revancha.

Falta responsabilidad. Y sólo vemos mentiras, huidas y silencios.

No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: