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Junios

21/06/2012

Junio era un mes agridulce. Así lo recordamos los que hemos vivido la angustia de los exámenes en época de estudiantes.

Y nadie como el poeta Gil de Biedma lo ha expresado mejor en un poema dedicado a Cernuda:

…Las altas horas de estudiante solo

y el libro intempestivo

junto al balcón abierto de par en par…

 La vida estallaba fuera con la luz, el calor y las fiestas, y el estudio nos esclavizaba entre los muros de casas y bibliotecas.

 Tras un paréntesis de nervios y tensiones, la libertad nos esperaba a la vuelta de la esquina. Era tan frágil que daba miedo pensar en ella, no fuera a desaparecer sin dejarnos tocarla.

Muchos volvimos a las aulas sin apenas darnos cuenta de que esos junios se acababan desde el pupitre del alumno para colocarnos en la tarima del profesor.

Fuimos profesores novatos de alumnos casi de nuestra edad, y con ellos aprendimos que enseñar duele, que educar cuesta y que los conocimientos son muy útiles, pero no bastan. Que la enseñanza es un camino vital que se recorre con seres humanos más allá de las disciplinas académicas.

El profesor es el factor humano del aprendizaje. No es una máquina, porque no sólo imparte conocimientos sino que, en su humanidad, en la que caben aciertos y errores, puede guiar a los adolescentes en valores en extinción como la tolerancia, el respeto y la igualdad en la diversidad.

La cultura da forma a la mirada que los jóvenes van teniendo del mundo.

La vida y las reformas educativas nos hicieron navegar por mares procelosos en los que  fuimos dejando jirones de ilusiones, sueños y utopías.

De repente, nos vemos ante la sociedad como extraños, sin comprender muy bien qué puede haber pasado para sentir este hondo malestar.

Nos preguntamos si tendremos que pedir perdón por cumplir nuestro deber educando, por aguantar el desprecio y hasta la agresión, por no aceptar el desprestigio y las humillaciones, que vienen de la Administración y de sus comisarios disfrazados de inspectores. Y también, de la sociedad en general a la que se incita contra el funcionario como causa de todos los males.

Pretenden que llenemos lagunas que a ellos corresponden. La familia traslada, agobiada, sus obligaciones educativas a la escuela. La percepción social del profesor es negativa y se cuestionan su competencia y su trabajo acusándolo de absentista.

Nuestra labor se desarrolla en centros inadecuados, cuando no en barracones, en los que los 6º del invierno rivalizan con goteras y los casi 40º en verano.

Ahora, hasta pretenden aumentar el número de alumnos por aula “para socializarlos mejor”, dice el Ministro.

Debemos ser psicólogos, consejeros, animadores culturales y mediadores en la inmigración. Todo es poco. Los profesores deben asumir, también a veces, los papeles de padres.

El profesor sólo es un sembrador de ideas, un animador de conciencias y, en el mejor de los casos, un cómplice intelectual. Un ser que da testimonio de lo que sabe y cree.

El alumno valora en el buen profesor sobre todo el entusiasmo. ¿Alguien cree que puede mantenerse por mucho tiempo el que aún nos queda en estas condiciones?

 Las bajas por depresión se han multiplicado por ocho en los últimos años. Y ahora ni siquiera nos podremos poner enfermos.

Pero no teman. Amparados por un inexplicable sentido del deber, aislados del desprecio por una incombustible vocación, sobreviviremos a la impotencia ante el desinterés. Y encontraremos siempre alumnos que nos escuchen y que nos necesiten.

Por ellos seguiremos inmunes a todo. Para contestar esa pregunta esencial en sus vidas, bucearemos en nuestros recuerdos buscando las agridulces noches de junio de nuestra juventud.

 Como afirma Maite Larrauri:

Amar la vida es amar el cambio (…) la vida es algo mucho más fuerte que uno mismo.

Y la vida está en los jóvenes. Debemos agradecer que nos lo recuerden cada año. Como esa joven comprometida del Lluís Vives, acusada por nuestra Administración a raíz de las manifestaciones de la “primavera valenciana”, a la que el juez  ha felicitado y ha puesto como ejemplo.

Más allá de recortes, desprecios, mentiras y ataques de quienes nos ofenden, es lo único que puede cambiar  la decepción por el entusiasmo.

One Comment leave one →
  1. 26/06/2012 19:04

    Esta columna me parece impresionante. Muchas gracias.

    Me gusta

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