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Y desmantelan la educación pública

23/05/2012

Ayer, una marea de padres, profesores y alumnos de todos los niveles salió a la calle para gritar su desacuerdo con los recortes educativos. Tras una huelga masiva. Aunque quieran negarlo los de siempre, como siempre.

La educación no es un negocio, es un derecho y una tarea social prioritaria de los poderes públicos, consagrada en la Constitución. Su fin no es la rentabilidad económica, sino la inversión en futuro. La inversión con mayor retorno. La más rentable.

Pero no quieren que todos puedan acceder a ella. La excelencia, piensan, es para unos pocos. No precisamente los mejores, sino los que pueden costearla.

Quieren una educación selectiva y clasista que forme a sus élites ideológicas llamadas a dirigir a una masa que desprecian. Una masa que piensan será más dócil cuanto menos pueda acceder al conocimiento.

Por eso atacan la educación pública a la que ya se han encargado durante años de desprestigiar. Y ahora la asfixian para reducirla a mera beneficencia.

Aulas masificadas, profesores sobrecargados, ausencia de apoyo y atención al débil, más tasas, menos becas… Una auténtica ola de violencia estructural e institucional contra un sector clave en el desarrollo de cualquier país.

Se recortan más de 10.000 millones cuando nuestro gasto en educación no alcanzaba siquiera la media europea. Irán al paro miles de profesores el curso que viene. Y sólo será el principio.

Porque la Comunidad Valenciana está de hecho intervenida por el Gobierno central que le impone sus recortes. El presidente Fabra acepta y calla y los ciudadanos sufrimos la poda de las raíces del futuro y vemos desmantelar la escuela pública. Tras 17 años de saqueo continuado de nuestro dinero, nos convierten en paganos de sus excesos. Mientras, algunos imputados se sientan aún en el Consell.

Pero más grave que los recortes económicos es el ataque a la estima de los profesionales ante la sociedad. Degradan a los profesores, los insultan llamándolos irresponsables, los dividen, los desaniman. Hasta el punto de que parecen ser ellos los culpables de una situación de la que son sólo víctimas.

Nuestros gobernantes no entienden que la mejor política social es la educativa y que la mejor ayuda a la productividad es una buena red de escuelas infantiles.

Este mundo envilecido por el poder perverso del dinero se ha llevado por delante la igualdad, la dignidad y la decencia, como bien sabemos en este País Valenciano.

Y el modelo educativo público, corrector de diferencias e integrador de los más desfavorecidos ha caído en las garras de la lógica de mercado.

Los neoliberales manejan lo público como su cortijo y consideran lícito desviar recursos públicos al negocio privado. Y lo hacen con la misma alegría y velocidad con la que recortan nuestros derechos. Hasta alardean de ello.

Dice Josefina R. Aldecoa en el hermoso libro, Historia de una maestra, dedicado a la memoria de su madre:

Cuando todo español no sólo sepa leer sino que tenga ansia de aprender, habrá una nueva España.

Hemos avanzado en erradicar el analfabetismo, pero estamos muy lejos de su segundo deseo.

KAI FÖRSTERLING (EFE)

El ansia de aprender es lo que da significado a la vida, pero aquí se ha sustituido por la codicia, la indecencia y la corrupción.

Nunca seremos competitivos con una educación mediocre y nunca seremos justos si segregamos a los débiles.

Negar recursos humanos y económicos a la educación pública es suicida y condena a la exclusión a miles de jóvenes sin futuro ni esperanza.

Harían mal nuestros gobernantes si no escuchan el clamor. Hay un momento en el que las injusticias son tan graves que pueden romper hasta la prudencia de los más conformistas.

Harían mal los que se esconden tras su mayoría si menosprecian el malestar. Porque es tan grande su pérdida de mayoría moral y ética que ni el miedo, ni el desánimo, ni la parálisis colectiva pueden detener la rabia de un sector que pelea por su dignidad y por el futuro de todos.

Harían mal en guardar silencio, también, los que no se creen amenazados. Nadie está a salvo. Estamos en alarma educativa. Y educar es tarea de toda la sociedad, no sólo de los profesores.

MÒNICA TORRES

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