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Libros, escuela y maestros

25/04/2012

Llenar calles de libros y flores cada 23 de abril, cuando la primavera triunfa sobre el invierno, es una hermosa metáfora del valor de la lectura, aunque sea cada vez más consumista. Porque leer es, en palabras de Alberto Manguel, una de las formas más alegres, generosas y eficaces de estar vivo.

Leemos para comprender el mundo en un acto de libertad total. Nadie puede leer por nosotros como nadie puede enseñarnos a vivir. Uno es lo que ha leído, decía Borges. Y los seres que forman esa unión de lectores caminan orgullosos con un libro bajo el brazo en el que se encuentran y reconocen.

Resulta extraño que los libros sobrevivan a tanto recorte educativo y cultural, a tanta injusticia y a tanto economicismo. Pero lo hacen. Llenan calles y plazas, aunque en esta ciudad no lo hagan.

Leer es una actividad de interés vital, no un mero entretenimiento. Y más, en este año bisiesto y aciago en el que las noticias nos aplastan cada mañana con la saña inmisericorde de los destinos trágicos. El enemigo del libro no son las nuevas tecnologías, sino el ser humano que tiene poco de humanidad.

Los libros se queman cuando estorban, como hicieron jóvenes falangistas en la madrugada del 19 de agosto del 36 en La Coruña, a la misma hora en que se fusilaba a Lorca. O como hicieron los nazis en la “noche de los cristales rotos”. O la Iglesia, vía Inquisición. Quemar libros u ocultarlos es intentar destruir la Historia porque no gusta lo que cuenta. Quemar la Historia es desarmar a los pueblos.

Pero los libros arden mal y dejan rastro siempre en sus cenizas, como dice maravillosamente Manuel Rivas.

Los libros germinan en la mente de los lectores y llegan al futuro, como en la ficción de Fahrenheit, para demostrar a los tiranos que la resistencia existe.

Para formar ciudadanos libres es esencial inocular el virus de la lectura en la familia y afirmarlo después en la escuela. El maestro, según Vicente Verdú, se ha convertido en un valor ecológico para defender la especie en extinción del libro.

La Educación es hoy más necesaria que nunca. Los profesores deben defender con ahínco una sociedad de lectores libres. Deben tener el coraje heroico de educar. No limitarse a ser meros animadores culturales. La  escuela debe fomentar la instrucción y el pensamiento.

Algunos de nuestros jóvenes viven atrapados en el cepo de la ideología capitalista, según el cual el paraíso  que ansían es el mismo consumo que los condena al paro y a la esclavitud. El contacto con ellos obliga al profesor a una actitud crítica y liberadora para abrirles horizontes y enseñarles el difícil oficio de pensar para resistir.

Su única esperanza es la escuela. Los libros pueden marcarles el camino. Aprenderán con el poeta Rilke a amar las preguntas. Nadie puede darnos respuestas. Hay que vivirlas.

La lectura será la puerta abierta al mundo que nadie podrá cerrarles. Las vidas que vivan a través de los libros tendrán un poco de cada uno de ellos y les ayudarán a entender el mundo. Amparados en otras dudas, tendrán el coraje de sostener las suyas. Sin escapes fáciles y destructivos.

Porque la misión del ser humano es hacer de su vida una historia propia tejida de sueños, deseos y recuerdos, no sólo de razones.

Hoy, la literatura debe tener una función social preferente. Asumir cultura es el mejor modo de ser inconformista. La cultura levanta a la persona del suelo y la libera.

Por eso la mutilan, la recortan y la eliminan en el mayor ataque a la enseñanza pública y a la formación jamás perpetrado en nuestro país desde el franquismo. Cortan las raíces de vidas jóvenes y las condenan a la ignorancia.

Como escribe Carlos Fuentes :

Un escritor, un libro, una biblioteca nombran el mundo y dan voz al ser humano. Si ellos no lo nombran, nadie nos dará nombre. Si no hablan, el silencio impondrá su oscura soberanía.

 

4 comentarios leave one →
  1. 26/04/2012 14:30

    Muy buena ebntrada, Agustina! Me ha encantado. Como me encantó el libro de Ray Bradbury a la que haces referencia. Estoy de acuerdo en que la escuela es clave. Pero también los padres. Yo hago lo que puedo. Cada vez que acuesto a mi hijo le leo algunos cuentos. intento transmitirle el placer de la lectura, aunque él todavía no sabe leer pues tiene menos de cuatro años.

    El problema es que la sociedad cada vez aprecia menos la cultura. Al menos la cultura poco conocida o comercial. De las presentaciones que estoy haciendo ha habido tres a las que no ha acudido nadie. Un día llovió y los otros dos había fútbol. Cualquier excusa es buena para despreciar a la cultura no comercial. hay muchas maneras de quemar libros sin encender ningún fuego.

    Por suerte, siempre habrá alguien que nos ayude a explicar a los jóvenes que leer es muy importante, sobre todo en tiempos como el presente. Gracias!

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    • 27/04/2012 18:57

      Tu hijo amará los libros porque no hay mejor camino que el ejemplo. Lo sé por experiencia.Recuerdo esos momentos con mi padre y luego con mis hijos.
      Es la mejor herencia que puedes dejarle, además de tus ejemplares firmados. Seguro que estará muy orgulloso de ti.
      Un saludo y gracias por tus palabras. Ánimo con esa maratoniana ronda de presentaciones.

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  2. 26/04/2012 23:10

    Has escrito una entrada que invita a iniciar una tesis doctoral. Era Paulo Freire quien, desde la pedagogía, también reivindicaba una enseñanza basada en la pregunta y no solo empeñada en llenar la cabeza de los alumnos de respuestas a cuestiones que no se plantean. Se necesitan más libros, y no solo “de texto”.
    Es imprescindible también que las escuelas se transformen en ese lugar para la esperanza del que hablas. Hoy por hoy, aun a riesgo de parecer pesimista en exceso, creo que no es éste el modelo que predomina.
    Respecto a los maestros, no corren buenos tiempos. No importa la cultura, se desprecia la enseñanza, todo está subordinado al poder del mercado-dinero, a la falsa necesidad de ajustar-recortar, a la idea equivocada de despedir profesores y hacer imposible que el alumnado estudie.
    ¿En qué libros vivieron todos estos fulanos que ahora nos gobiernan?

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    • 27/04/2012 19:10

      Una frase acertadísima tu pregunta final.
      No han vivido en ningún libro. Ese es el problema. O lo han olvidado, si queremos ser indulgentes. Por eso sus prioridades son otras. La religión del déficit cero será la tumba de muchas ilusiones.
      Pero los maestros pueden, a pesar de la dificultades, hacer de la escuela una ventana a la esperanza de los que se están quedando sin nada. Cuando algún antiguo alumno, como el novelista al que he contestado anteriormente, me demuestra que algo hemos hecho bien, me animo a seguir adelante. Sólo por un alumno merece la pena. Y seguro que hay otros muchos.
      No sé si es tozudez o inconsciencia, pero no quiero que me quiten la esperanza de que hay alguna salida. Y hay que luchar por ella.
      Ah, sería genial esa tesis.¡Ánimo!

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